Olas de Esperanza: Escuela de surf integra a personas con síndrome de Down y autismo

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SANTIAGO DE CHILE, 04 Feb. 17 (ACI).- Es domingo en la ciudad de Antofagasta, norte de Chile, y Felipe Pereira (21) se levanta entusiasta porque irá a la playa Paraíso a disfrutar del mar junto a sus amigos y a aprender de los instructores de la escuela de surf. Para los niños y jóvenes con síndrome de Down, esto más que un deporte… es sumergirse en “Olas de Esperanza”.

Olas de Esperanza” es el nombre de la escuela de surf  gratuita que dirige Claudio Morales, Catalina Daniels y Pablo Marín, chilenos aficionados al deporte marino que comenzaron hace cinco años con esta aventura de amor.

Luego de golpear muchas puertas, realizar pilotos, asesorarse con especialistas y lograr el financiamiento, porque era una empresa absolutamente nueva en el país, comenzaron su primera clase con seis tablas y seis trajes.

Hoy Claudio, Catalina y Pablo junto a otros voluntarios reciben cada domingo, de diciembre a febrero, hasta 15 niños con síndrome de Down, asperger y autismo y les dan clases completamente personalizadas y adaptadas a la condición de cada niño.

Felipe es un joven muy sociable que baila folklore, va a natación y trabaja en el taller de panadería de su escuela. Él comentó a ACI Prensa que lo que más le gusta de las clases de surf es “pararme arriba de la tabla y tomar las olas. Me gusta el mar.  Me agrada mucho ir”. Respecto a los instructores agregó: “me encanta su cariño, me encantan las cosas que hacen”.

En conversación con ACI Prensa, Catalina explicó que estas personas “te desafían a cambiar. No puedes seguir siendo el mismo”.

“Ellos son un tremendo ejemplo de cómo el amor es el motor de las mejores cosas, de los mejores momentos, del mejor esfuerzo. La mejor inversión es el afecto y con ellos es increíble”.

Catalina, que tuvo un encuentro con Jesús hace algunos años, dijo que “e que conoce a Cristo, a Jesús que por misericordia entró en tu vida, no puede ser el mismo. Tienes que ser mejor, más cariñoso, más comprensivo, más tolerante, porque ellos lo son”.

El surf requiere fuerza, equilibrio, agilidad y mucha técnica. Pero lo más difícil, reconocen los iniciadores de “Olas de Esperanza”, está en la relación entre el instructor y la persona con síndrome de Down; está en romper las barreras de la discriminación para dar paso a la integración.

“La gran mayoría de los chilenos nunca ha conversado son un síndrome de Down, nunca le han dado la mano. Entonces, llegan voluntarios muy motivados pero el primer día se quedan sin habla, no saben cómo actuar, tratan de ayudar, pero incluso se quedan paralizados”, explicó Claudio a ACI Prensa.

Por eso, en “las clases se ríen, cuentan chistes, conversan, ellos tienen esa mística. Lo pasan increíble, flotan, reman, hacemos dinámicas de grupo, toman la tabla. Ellos han demostrado que pueden mucho y han superado muchas dificultades propias de su condición”, precisó.

Catalina explicó que el problema radica en la discriminación y falta de integración propio del “ciudadano común” y más aún, “creo que cuando se perdió el valor de la familia, de la escuela y de la Iglesia pasó esto”.

“Ellos nacieron luchando con la frustración, nacieron con el pie izquierdo. Nos costó mucho encontrar apoyo en las empresas. ¿Por qué no vemos promotoras con síndrome de Down? Porque la belleza de nuestros alumnos es una belleza atípica y nadie la quiere en sus portadas (…) Chile es un país que crea discapacidad”, agregó.

 

La recomendación de Catalina es que las personas se acerquen a Dios porque “para dar amor tienes que estar con el Creador del amor (…) Cuando tú tienes amor, necesitas entregarlo, plasmarlo, hacerlo real”.

Claudio agregó que los “grandes ganadores” de Olas de Esperanza son ellos, “los voluntarios porque los niños con síndrome de Down te llenan el corazón de una forma increíble. Yo creo que a todos los voluntarios les cambia la visión de la vida”.

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— ACI Prensa (@aciprensa) 17 de septiembre de 2016

Fuente: AciPrensa