Anna Neistat: “La retórica del odio y la xenofobia no funciona en España”

28.03.2017 – 05:00 H. Cuando tu ‘newsfeed’ te informa de una masacre es porque personas como Anna Neistat se lo han jugado todo para ...
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28.03.201705:00 H.

Cuando tu ‘newsfeed’ te informa de una masacre es porque personas como Anna Neistat se lo han jugado todo para investigarla. Como aquella ocasión, en Siria, donde había entrado ilegalmente, en que se cubrió con un ‘niqab’ para perderse entre la multitud y ocultar su embarazo, la única manera de hacer su trabajo. Directora de Investigación de Amnistía Internacional especializada en áreas de conflicto, Neistat podría contar con los dedos de una mano las guerras de las que no ha sido testigo: una vida dedicada a la investigación de matanzas en los países más peligrosos del mundo. Y, sin embargo, sus palabras transmiten optimismo. Criada en Moscú por unos padres que en la década de 1980 eran “disidentes silenciosos”, su educación la convenció de que el cambio es posible, en todas las circunstancias, y de que todos pueden contribuir. El Confidencial entrevista a esta heroína de los derechos humanos.

Pregunta: Asistimos a un retroceso de los derechos humanos a nivel global, ¿sucede lo mismo en las guerras?, ¿son cada vez más salvajes?

Respuesta: No. Sin duda tenemos todo tipo de preocupaciones sobre los conflictos que estamos investigando, como Siria, Yemen o Sudán del Sur, pero si analizas la evolución de las guerras en los últimos cien años verás que la situación no es peor. Las guerras son mucho más visibles, sabemos mucho más sobre lo que sucede y, si comparas el número de civiles que muere en los conflictos, incluso en lugares como Siria donde las cifras son horrorosas, siguen sin ser equiparables a las guerras del siglo XX.

Lo importante es que hablamos constantemente de gobiernos que violan del derecho internacional humanitario o la Convención de Ginebra. El hecho de que dichas convenciones existan es un avance muy positivo. Los gobiernos son cada vez más conscientes de sus responsabilidades, yo misma lo he visto en varios conflictos. Eso establece ciertas limitaciones en cómo operan, en sus actos.

P. ¿Incluso en Siria?

R. Sí, incluso en Siria. Sé que lo que digo es controvertido. El reciente aumento de ataques contra hospitales supone un retroceso, hace diez años no veíamos este tipo de acciones. Pero hace 50 años ni siquiera lo habríamos sabido, ni siquiera podríamos procesar a alguien por ello. Es muy importante tener perspectiva. Al mismo tiempo, si analizas un periodo de tiempo más corto sí hay un retroceso en los mecanismo de responsabilidad vinculados a conflictos, como la Corte Penal Internacional. La amenaza de terminar en La Haya se toma menos en serio. Y el compromiso de organizaciones como la ONU y el Consejo de Seguridad o la Unión Europea para emprender acciones que detengan los actos que llevan a asesinatos en masa de población civil simplemente ha desaparecido.

“En Siria o Irak vemos que el ISIS está siendo rechazado por las mismas poblaciones a la que intenta ‘ganarse'”Creo que la situación era mejor hace 15 o 10 años, aún recuerdo al Consejo de Europa adoptando resoluciones sobre Chechenia, algo que ahora sería casi inconcebible. Por tanto, sí, la situación ha empeorado si la comparas con épocas recientes, pero es importante hacer balance y observar el ‘cuadro completo’.

P. Pero las guerras actuales se caracterizan por su carácter asimétrico, por la participación de grupos armados en vez de ejércitos regulares, ¿pueden exigirse responsabilidades por crímenes de guerra a milicias?

R. Sí, tienes razón. Pero eso no sucede solo en los conflictos. En general, la diversificación de los actores es un desafío, porque establecer conversaciones con grupos como el Estado Islámico o Al Qaeda (para tratar sus crímenes contra la población civil) es virtualmente imposible. Hacen propaganda de sus crímenes. En el pasado, con grupos como los talibán, organizaciones como Amnistía Internacional podían mantener cierto tipo de diálogo, porque esos grupos reclamaban una especie de legitimidad de estado. Mientras tratemos con grupos que no reclaman dicha legitimidad, no puedes trabajar como en cualquier otro contexto. Es un reto que hasta ahora nadie ha abordado.

Por otra parte, si me hubieras entrevistado hace año y medio, cuando parecía que el ISIS ganaba cada vez más territorio e influencia, habría mostrado más preocupación. Pero el hecho de que su aceptación entre la población civil es ínfima me hace ser más optimista. En Siria, en Irak y en muchos otros lugares vemos que estos grupos radicales están siendo rechazados por la misma población a la que intentan ‘ganarse’. Ese es el aspecto más positivo. Occidente debería hacer todo lo posible para cultivar las relaciones con esas comunidades, que están en el ‘frente de combate’ contra los radicales, en vez de imponer prohibiciones de viaje y entrada a los países.

Anna Neistat durante la presentación sobre centros de detención de refugiados en Australia. (Reuters) Anna Neistat durante la presentación sobre centros de detención de refugiados en Australia. (Reuters)

P. ¿Cuál es la peor guerra en la actualidad?, ¿quiénes son los mayores violadores de derechos humanos?

R. En cuanto a violaciones de derechos humanos, Siria continúa encabezando nuestra lista. La ofensiva sobre Alepo supuso claramente el pico, pero los ataques se siguen produciendo a diario, los civiles siguen muriendo a diario y no hay un final a la vista. Eso es lo peor de todo, no se ve un final.

Tampoco podemos olvidar Yemen, donde lo peor a lo que que se enfrentan es la hambruna. Es inconcebible que en el siglo XXI la comunidad internacional no pueda elaborar un plan efectivo para combatir la inanición. Otra cosa es enfrentarse a gobiernos, a grupos armados, al ISIS… pero que la población civil padezca hambruna es algo que no debería pasar en este siglo. Debe haber suficiente presión sobre todos los actores implicados para, si no se puede parar la guerra, al menos posibilitar la asistencia humanitaria a los civiles.

P. ¿Y en cuanto a los conflictos ‘olvidados’?

R. Darfur, que generaba titulares hace una década y ahora ha sido olvidado, aunque lo que ocurre desde principios de 2016 es absolutamente horrible. Hemos documentado la destrucción de cientos de aldeas hasta los cimientos y el probable uso de armas químicas… no solo en Siria, también en Darfur. La falta de voluntad de la comunidad internacional para comprometerse con esa guerra es absoluta.

“Una parte muy significativa de la población de Europa y EEUU ha crecido pensando que los derechos humanos están garantizados” También está Sudán del Sur, que probablemente será el conflicto de 2017, porque la situación allí se deteriora muy rápidamente. De nuevo, no hay la más mínima voluntad por parte de la comunidad internacional para interferir. Pueden hablar de prevención, de alertas tempranas, pueden utilizar este tipo de retórica el tiempo que quieran, pero todas las señales de advertencia están ahí. Y, desafortunadamente, no vemos que se haga nada para evitar que la guerra se intensifique.

P. Después de todos los crímenes que se han cometido en Siria, después de las ejecuciones y torturas en las prisiones, ¿hay alguna posibilidad de reconciliación?

R. Tal vez, las negociaciones de paz se están desarrollando. Durante varios años hubo un claro balance de poderes, Alepo estaba dividido exactamente en dos mitades, más o menos como el país. Pero este balance quedó completamente destruido cuando Rusia intervino en la guerra. En el actual contexto no creo que haya una reconciliación, es más probable que (Bashar) al-Assad consolide su poder, al menos en el corto plazo, lo que será desastroso para cualquier tipo de grupo opositor.

Creo que reconciliación no es el término adecuado, no veo que sea posible a largo plazo. El Gobierno sirio ha cometido abusos espantosos. Y dicho Gobierno está, en cierto modo, en minoría, por eso ha luchado por su supervivencia. Tiene el apoyo de un grupo de la población, siempre lo ha tenido, pero creo que será muy difícil lograr una reconciliación sin que se depuren responsabilidades. Necesitan llevar ante la justicia a los responsables de algunas de las más horrorosas violaciones de derechos humanos que jamás hemos visto. Si no lo hacen, Siria será simplemente una bomba de relojería. Una cuestión de cuándo volverá a suceder.

La Directora de Investigación de Amnistía Internacional, durante una rueda de prensa en Sídney. (Reuters) La Directora de Investigación de Amnistía Internacional, durante una rueda de prensa en Sídney. (Reuters)

La retórica del odio en Europa

Neistat tenía 25 años cuando comenzó su labor de investigación, con la guerra de Chechenia como terreno de aprendizaje. Después, como directora de Human Rights Watch en Moscú, documentó violaciones de derechos humanos en la antigua Unión Soviética. Desde entonces ha realizado más de 60 investigaciones en Siria, Afganistán, Israel, Pakistán, Filipinas, Sri Lanka, China, Yemen, Kenia o Zimbabue… En su opinión, el peor escenario en la actualidad es el que puede crear la retórica xenófoba con objetivos electorales.

P. El ‘fenómeno Trump’ refleja una tendencia global, el auge de un populismo con una retórica que calificas de “peligrosa”. ¿Por qué?, ¿cuáles pueden ser las consecuencias?

R. Honestamente, creo que el peor escenario es que el mundo sea absorbido por esta retórica de miedo y odio. En parte porque ya hemos visto antes este escenario, en el siglo XX. Las condiciones económicas y políticas fueron determinantes, pero la retórica jugó un papel clave en cómo acabó el mundo unos años después. Esta retórica es particularmente peligrosa por el terreno sobre el que se vierte: hay desigualdad, crisis, muchos países afectados por el paro… y todos estos factores económicos y sociales que casi nos obligan a encontrar un culpable de todos nuestros problemas. Se trata de generaciones que deberían recordar dónde acaba este tipo de retórica. La ausencia de memoria histórica es muy preocupante.

“Es una retórica que lleva a acciones específicas, como los ataques a mezquitas y centros judíos en EEUU”Es una retórica que lleva a acciones específicas que ya estamos viendo, en Estados Unidos por ejemplo, donde se producen tanto ataques a mezquitas como a centros judíos, personas que son atacadas en la calle, y no solo musulmanes sino cualquiera que es diferente. Cuando usas este tipo de retórica el número de personas que pueden ser catalogadas como ‘los otros’ crece de forma exponencial. Cualquiera tiene una excusa para cargar contra aquellos que percibe como una amenaza. Es imparable.

Por otra lado, como movimiento de lucha por los derechos humanos, no hemos tenido una oportunidad como esta en mucho tiempo. Estamos ante una llamada de alerta para una parte muy significativa de la población de Europa y EEUU, personas que crecieron pensando que los derechos humanos están garantizados. Fue muy difícil lograr que se comprometieran en el pasado, nunca se lo tomaron como algo personal. Ahora, por primera vez podemos involucrar a grandes segmentos de población. No estoy segura de que vayamos a conseguirlo, pero deberíamos aprovechar este ‘momentum’, porque la protección de los derechos humanos se ha convertido en algo mucho más real para mucha gente.

P. Pero el rechazo a los refugiados y el mensaje antimusulmán cala entre el electorado europeo; Le Pen, Wilders y el ascenso de Alternativa para Alemania son la prueba…

¿Por qué la gente cree en estos mensajes? Honestamente, pienso que, de algún modo, es humano retorcer el mensaje hasta el extremo. Y también creo que depende de qué países analices. España es un ejemplo: esta retórica no funciona aquí. Y no es que en España no haya comunidades inmigrantes o no lleguen refugiados, probablemente en cifras mucho menores que otros países europeos, pero están ahí. No es que España no haya sufrido el terrorismo. Aquí esta ideología de extrema derecha podría haber tenido éxito, pero no ha sido así. Hay algo que lo impide y creo que, en parte, es el hecho de que hay muy buenos ejemplos de integración, de ciudades que son completamente multiculturales.

La lucha contra el populismo no es una batalla perdida, pero tampoco tenemos mucho tiempo”La población de Europa está dividida, pero no podemos decir que una mayoría de europeos apoye estas ideologías de extrema derecha. Estos votantes nunca son una mayoría, su porcentaje nunca supera la mitad de la población. Pero el gran reto es que todos nosotros -periodistas, activistas de derechos humanos, profesionales liberales, abogados, medios de comunicación…- hemos estado viviendo en nuestra burbuja, asumiendo que Europa es una comunidad para la que que algunos valores son algo innato. Ahora nos enfrentamos a la realidad, debemos hablar con las personas que no piensan como nosotros, conocer sus motivos. Si no lo hacemos, vamos a perder.

Es alarmante, vivimos un momento aterrador. No es una batalla perdida, pero tampoco tenemos mucho tiempo para ganarla. Es el momento de poner todos nuestros esfuerzos en intentar responder esta pregunta: ¿por qué apoyan algunos a este tipo de políticos? Y, lo que es más importante, ¿cómo podemos revertir esta tendencia?

Fuente: ElConfidencial.com