Con los “cachorros” de la lucha contra ISIS que entrena Estados Unidos

11.10.2016 – 05:00 H. Con quince años, recién cumplidos, ha combatido ya en dos batallas para liberar Haj Ali y los pueblos de alrededor de Gayara, al ...
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11.10.201605:00 H.

Con quince años, recién cumplidos, ha combatido ya en dos batallas para liberar Haj Ali y los pueblos de alrededor de Gayara, al sureste de la ciudad iraquí de Mosul, de la tiranía del Estado Islámico. Ali Husein no se amilana ante los hombres de la enseña negra. Parece haber nacido para luchar, con una gran habilidad para armar y desarmar todo tipo de rifles. Nunca erra el tiro. Su uniforme militar de color caqui y las gafas de sol estilo aviador, que le ha regalado su “amigo” norteamericano, le dan un aspecto de tipo duro. Este adolescente que le ha tocado crecer a contrarreloj es el más joven de los veinte reclutas menores de edad de la milicia del jeque Nazhan Sajar, uno de los tantos grupos de combatientes de las tribus suníes, conocidos como las Hashed Al Watani.

Emulando la estrategia del general David Petraus en 2006, con la creación de los “Sahwa” (los Consejos del Despertar), Estados Unidos está formando a cientos de unidades de las tribus suníes, a través de un acuerdo con Bagdad, para luchar contra el Estado Islámico en Mosul, la ‘capital’ del Califato en Irak. Ali ingresó en la milicia hace ocho meses, después de vivir un año y siete meses bajo el yugo del ISIS en Haj Ali.

Durante más de 45 días recibió formación especializada en técnicas de combate en zona urbana, desactivación de explosivos, y manejo de todo tipo de armas de fuego, en la base estadounidense Camp Swift, en la localidad Makhmour, a unos 65 kilómetros al sur de Mosul. En más de una ocasión fue capturado por los yihadistas para ser usada como moneda de cambio cuando los milicianos del jeque Sajar les pisaban los talones. “Como soy pariente del jeque me cogieron como rehén para presionarle cada vez que sus hombres los atacaban”, explica el niño soldado.

Su determinación es tan fuerte que, incluso, el hecho de haber perdido hace unas semanas a su padre, también combatiente, que murió al intentar desactivar un explosivo que estaba oculto en un vehículo, le ha dado más valor. “Estoy luchando por mi padre”, cuenta Ali a El Confidencial. “Ahora soy el cabeza de familia y tengo que proteger a mi madre y a mis seis hermanos”, apunta.

Ibrahim, de 16 años, sube a una pick-up. Pertrechado con un rifle kalashnikov, que no aún no sabe manejar, se dirige con otros combatientes al frente. Hace un mes que ingresó en las filas de la milicia de jeque Sajar pero todavía no ha recibido el curso de formación que imparten las fuerzas especiales de EEUU.

‘Ejecutaron a mi tío y a mi abuelo y después los colgaron de un gancho para carne en la puerta del ultramarinos’, relata Ibrahim, que vio con sus propios ojos aquel grotesco espectáculo. ‘Fueron dos años muy duros. Es como si de repente hubiéramos regresado a la Edad Media’Como la mayoría de los jóvenes reclutas suníes, Ibrahim tiene suficientes motivos para querer luchar contra el ISIS. Su padre era un militar retirado del ejército iraquí y regentaba una tienda de ultramarinos en Haj Ali. Los yihadistas dieron la orden de caza y captura a todos los soldados iraquíes y el padre de Ibrahim consiguió huir después de meses de estar ocultándose en casas de vecinos y familiares. Pero los hombres de Abu Bakr al Baghdadi tomaron represalias contra su familia. “Ejecutaron a mi tío y a mi abuelo y después los colgaron de un gancho para carne en la puerta del ultramarinos”, relata Ibrahim que vio con sus propios ojos aquel grotesco espectáculo.

“Fueron dos años muy duros. Es como si de repente hubiéramos regresado a la Edad Media”, lamenta el recluta adolescente. “En las mezquitas intentaban convencer a los jóvenes para que nos uniéramos a ellos. Hubo gente del pueblo que fue reclutada por Dáesh y ahora estamos luchando contra ellos, contra nuestra propia gente”, confiesa Ibrahim.

Hace apenas dos meses que los hombres del jeque Sajar liberaron la localidad de Haj Ali, pero los yihadistas aún no se han resignado a perder la batalla y cada noche los milicianos suníes permanecen vigilantes a la espera de un nuevo ataque. Los combatientes hacen turnos por la noche en un improvisado cuartel militar, una vivienda abandonada de tres plantas, desde donde se puede divisar la línea enemiga. La reciente liberación de Gayara, por las tropas iraquíes, justo en la otra orilla del rio Tigris que baña ambas localidades, ha reducido los ataques pero aún quedan bolsas de yihadistas que resisten en la zona.

Un combatiente del jeque Nazar revisa una ametralladora en un cuartel militar de Haj Ali al atardecer (Foto: Ethel Bonet).Un combatiente del jeque Nazar revisa una ametralladora en un cuartel militar de Haj Ali al atardecer (Foto: Ethel Bonet).

A regañadientes, el jeque Sajar tuvo que aliarse con el ejército iraquí para que sus 320 combatientes recibieran un salario y armas. “Al principio nos pagaban 750.000 dinares iraquíes (alrededor de 600 dólares) pero después lo redujeron a la mitad y desde hace unos meses no estamos cobrando nada”, se queja Omar, que hace de enlace entre la milicia y las asesores militares de EEUU en Makhmur.

“Nos entregaron 125 kalashnikovs de la primera guerra del Golfo (la guerra de Irán-Irak en la década de los 80). Éste es todo el armamento que nos ha dado Bagdad”, señala con desprecio. Pero, por otro lado, los hombres de Sajar cuentan con un nutrido arsenal de ametralladores de calibre 14´5, y rifles de francotirador Dragunov, que ha adquirido por otros cauces.

Al jeque le gusta que lo vean como un hombre sencillo: dice ser un pastor de cabras. Pero desde hace más de una década, Sajar ha prestado sus servicios a las fuerzas de Estados Unidos. Este líder de la tribu suní Al Lehib, oriunda de Mosul, es un veterano de guerra que luchó en su día en los Sahwa para derrocar a Al Qaeda en Irak (AQI), predecesora del Estado Islámico. El jeque Sajar se encargó de la logística y materiales de construcción de la antigua base aérea de Sadam Husein en Gayara, que fue utilizada como aeropuerto militar de las fuerzas estadounidenses tras la invasión de Irak, en 2003.

El líder suní no oculta su frustración con Bagdad. “No fuimos avisados de la ofensiva de Gayara”, discrepa el jeque Sajar. “Ésta es nuestra tierra, la región de Mosul pertenece a las tribus suníes, pero Bagdad quiere dársela a los chiíes”, critica el líder tribal.

“(Haider) Al Abadi (primer ministro de Irak) quiere que sean solo sus tropas las únicas que liberen Mosul sin contar con las tribus suníes ni con los peshmerga. Y quién es el ejército iraquí; todos los oficiales al mando son chiíes y a la vanguardia de las operaciones contra Dáesh están los milicianos chiíes de Hached Al Shabi”, se queja el jeque suní.

“EEUU buscará la solución para Mosul”

“Esperamos que EEUU le haga cambiar de parecer a Al Abadi. Confío en ellos. EEUU buscará la solución para Mosul. De momento, hemos conseguido la palabra de Bagdad de que una vez que la ciudad sea liberada habrá 15.000 suníes que se integrarán en los Cuerpos de Seguridad de Mosul, y la misma proporción en el Ejército”, indica el jefe tribal.

Sajar reconoce que cuando el Estado Islámico llegó a Mosul hubo muchos que los vieron como la salvación. “Pensamos que marcharían a Bagdad a derrocar el gobierno de (Nur) Al Maliki. Pero luego resultó que eran lo mismo o peor que Al Qaeda”, reconoce el jeque Sajar.

Desde la caída del régimen de Sadam Husein ha habido un gobierno dominado por la mayoría chií, lo que ha llevado al descontento de los suníes, que durante la última década se han sentido discriminados. El Estado Islámico supo sacar partido de la situación de marginalidad de la comunidad suní para hacerse fuerte. Y ese sentimiento de rencor lo han heredado las nuevas generaciones. En los campamentos de refugiados en el Kurdistán iraquí, los más jóvenes están siendo reclutados por las milicias suníes. En el campamento de Debaga a unos 15 kilómetros de Erbil, los chavales quieren entrar como voluntarios para ir a luchar a Mosul.

“Estamos preocupados. Aquí vienen las milicias y se llevan a los chicos que han llegado solos sin su familia. No podemos hacer nada porque ellos piden ir a luchar”, lamenta a este diario Mohamed, trabajador social, que tiene al cargo a 47 menores que han huido solos de Mosul y de otras localidades cercanas como Gayara, recientemente liberada por las fuerzas iraquíes y las milicias progubernamentales.

Milicianos kurdos peshmerga se dirigen en sus vehículos al frente de Mosul, el 14 de agosto de 2016 (Reuters).Milicianos kurdos peshmerga se dirigen en sus vehículos al frente de Mosul, el 14 de agosto de 2016 (Reuters).

Abd Razaq, de 16 años, se recupera de unas heridas de bala en el pie derecho. El joven soldado participó hace un mes en la batalla para liberar su aldea natal, Al Nasar (cerca de Makhmour) con la milicia del Jeque Fares, que cuenta con 500 combatientes suníes. “Estaba a 50 metros de Dáesh y un francotirador me disparó. Afortunadamente, solo me atravesó el pie”, explica Abd Razaq, antes de agregar: “cuando me recupere volveré a luchar”.

Abu Allah, de 15 años, llegó hace unas semanas al campamento de Debaga, tras escapar de Gayara. “Mi deseo es unirme a las Hashed Al Watani para liberar Mosul. Es nuestra tierra. No queremos que otra vez pase lo mismo que con las fuerzas de Al Maliki (en referencia al ex primer ministro Nur Al Maliki, que llevó durante sus dos mandatos una política sectaria a favor de los chiíes)”, desafía el adolescente suní.

Con más de 100.000 voluntarios chiíes que se han unido al movimiento popular armado de Muqtada al-Sadr, conocido como Hashed al shaabi, y por otro lado, decenas miles de suníes, resentidos, que han tomado las armas para unirse a las milicias tribales el panorama que se presente en Irak tras la caída Mosul es oscuro.

Fuente: ElConfidencial.com