Dentro de los túneles secretos del Estado Islámico

24.10.2016 – 05:00 H. A unos cientos de metros de la última trinchera de los ‘peshmerga’ del frente de Jazer, atravesando caminos de tierra ...
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24.10.201605:00 H.

A unos cientos de metros de la última trinchera de los ‘peshmerga’ del frente de Jazer, atravesando caminos de tierra polvorientos, se llega a Chaquli, Baz Gurdan y otras pequeñas poblaciones vecinas. En la última semana, las fuerzas kurdas han liberado una serie de pueblos en la rivera del río Jazer como parte de la ofensiva para arrebatar al Estado Islámico su feudo de Mosul. Son pocos los vecinos que han regresado a las poblaciones recientemente liberadas para comprobar el estado de sus viviendas y recuperar algunas pertenencias. La situación todavía es peligrosa.

Los equipos desminadores de los ‘peshmerga’ no han entrado aún a estos pueblos que los yihadistas dejaron plagados de minas activadas y artefactos explosivos caseros, por lo que los vecinos tienen que llevar un cuidado extremo cada vez que dan un paso al frente. Además, varias noches atrás unos ‘peshmerga’ alertaron del movimiento sospechoso de cuatro tipos armados que regresaban a Chaquli. “No estamos seguros de si siguen allí o han escapado haciéndose pasar por civiles”, explica el capitán Khalil Mohamed, desde la azotea de un edificio vacío que los ‘peshmerga’ han ocupado como cuartel militar.

Baz Gurdan parece un pueblo fantasma. Detrás de una verja de metal semiabierta se escucha el eco de unas voces. Hauras Ismail, de 29 años, está regañando a sus dos hijos pequeños para que no toquen nada. Por primera vez en dos años, han visitado su hogar. La vivienda está completamente desvencijada. “Nos lo han robado todo, hasta el anillo de bodas”, dice con desconsuelo la mujer. “¿Quién va a compensarnos por todas las pérdidasnbsp;Ya no tenemos una casa donde vivir, se han llevado el coche de mi marido. Todos nuestros recuerdos”, solloza Hauras, mientras apila en un lado de la vivienda algunos enseres de cocina y barreños de plástico.


Ethel Bonet. Erbil

Tropas iraquíes, combatientes ‘peshmerga’, milicias locales y fuerzas de la Coalición internacional limitan al Estado Islámico que esta próximo a perder su principal bastión en Irak

Caminando entre montañas de escombros y estructuras de hierro que yacen en el suelo, están Hanim, de 43 años, y otros miembros de la familia Khasim Jafar en busca de sus pertenencias. Siete de las 10 viviendas de la familia fueron destruidas por un bombardeo de la coalición internacional. Hanim mira a su alrededor resignado y con su dedo índice apunta hacia las ruinas para indicar que allí estuvo su hogar. “Había construido mi casa un año antes de que llegaran los yihadistas”, lamenta.

Lo más sorprendente es que debajo de toda aquella destrucción se mantiene intacta una impresionante red de túneles que conectan las viviendas entre sí. Prácticamente todas las viviendas del pueblo están conectadas por 700 metros de pasadizos subterráneos.

Hanim, en una habitación desde donde se accede a uno de los túneles subterráneos del ISIS. (Foto: E. Bonet)Hanim, en una habitación desde donde se accede a uno de los túneles subterráneos del ISIS. (Foto: E. Bonet)

Hanim y uno de sus hijos nos acompañan a una de las entradas para bajar a los túneles. En la viviendas donde se accede a uno de los túneles, hay un pequeño ventanuco cubierto con tela de saco en forma de cortina, desde donde los francotiradores de Dáesh disparaban a las posiciones de las fuerzas ‘peshmerga’ en la colina de enfrente. En las paredes hay escritos versículos del Corán. Uno de ellos dice: “¡Combatid contra los infieles que tengáis cerca! ¡Sabed que Alá está con los que Le temen!”.

Desde la superficie, se desciende por unos escalones de piedra hasta unos cinco metros bajo tierra. La sensación es inquietante. La estampa se asemeja a la de una expedición arqueológica a punto de entrar a la cámara funeraria de un faraón del Antiguo Egipto. Los túneles no están simplemente excavados con un taladro mecánico, sino que fueron revestidos con cemento para proteger las paredes de un eventual derrumbe. Por la parte superior pasa una enmarañada red de cables eléctricos para conectar bombillas y ventiladores. Algunos de los pasillos terminan en bóvedas donde hay apilados decenas de colchones, mantas y almohadas para pernoctar. Incluso hay un estrecho habitáculo con paredes recubiertas con plexiglás para un alto comandante de Dáesh. Antes de llegar al ‘dormitorio’ del jefe del grupo yihadista hay una placa metálica con la insignia del Estado Islámico.

En la celda del comandante hay un colchón con sabanas puestas y una pila de libros en árabe, donde destaca el Sagrado Corán, y cantidades de envoltorios de caramelos y cascaras de mandarina esparcidos por el suelo. De regreso a la salida, nos encontramos con otro camino que conduce hacia una especie de almacén con materiales de construcción y sacos de cemento. Parece como si los yihadistas lo tuvieran todo perfectamente planificado para poder aguantar durante semanas o meses bajo tierra. Desde los túneles, podrán sorprender al enemigo en una emboscada o moverse de lado a lado de la ciudad para evitar ser alcanzados por los bombardeos aéreos.

Esta táctica defensiva no es nueva. Las galerías subterráneas del Estado Islámico recuerdan a los túneles que construyó hace 40 años la guerrilla del Vietcong. Se trató de una sofisticada red de túneles de más de 200 kilómetros de longitud en Cu Chi, cerca de Saigón, actual Ho Chi Minh. Los corredores de Cu Chi fueron decisivos para que el Vietcong infligiera la primera derrota militar a Estados Unidos en Vietnam.

Fuente: ElConfidencial.com