Dentro del periódico más acosado de Turquía

09.02.2017 – 05:00 H. “Se me ocurre un juego de palabras con una imagen…”, sugiere Aykut Küçükkaya, el encargado de los contenidos, “titulemos: `El fin de ...
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09.02.201705:00 H.

“Se me ocurre un juego de palabras con una imagen…”, sugiere Aykut Küçükkaya, el encargado de los contenidos, “titulemos: `El fin de la Academia´. Debajo, coloquemos la imagen del funeral del profesor `Mutu´, en la que lloran algunas de sus estudiantes. Funcionará”. A las 3 y media de la tarde, el equipo editorial del periódico turco ‘Cumhuriyet’ diseña la portada del día siguiente. El Gobierno ha emitido otro decreto presidencial por el que 4.446 funcionarios han sido suspendidos de empleo y sueldo. Entre ellos, 330 académicos de distinguidas universidades. Así pues, la plantilla del ‘Cumhuriyet’ prepara una portada de luto. Unas niñas envueltas en lágrimas que despiden, en un giro periodístico, al claustro universitario del país.

En la esquina superior de la primera página se repite, como los últimos 102 números, las once caras, los once nombres de los compañeros que están retenidos en prisión: el director, Akin Atalay; Murat Sabuncu, el editor general; Yayin Danisamani, el consultor de difusión; los fundadores y abogados; así como el columnista Kadri Gürsel; el redactor Güray Oz; o el dibujante Musa Kart. Todos han sido acusados de publicar información en el nombre de los separatistas kurdos del PKK (grupo terrorista según Turquía y Europa) y la organización de Fethullah Gülen, a quien Turquía acusa de estar detrás del golpe fallido. El anterior director del diario, Can Dündar, y Erdem Gül, el corresponsal en Ankara, pasaron 3 meses en prisión por publicar una información que comprometía a los servicios secretos (MIT).

“Este es un caso tragicómico”, se queja a El Confidencial Küçükkaya desde su despacho en las oficinas de Estambul, “durante años nosotros estuvimos denunciando las intenciones del Jamaat (la organización de Fethullah Gülen) mientras intentaban infiltrarse en las estructuras del estado (…) Es una desagradable ironía que ahora acusen a este periódico de apoyarles. Es más, ojalá los líderes del AKP (Partido de la Justicia y del Desarrollo, en el poder) hubieran leído más nuestras páginas en el pasado. Quizá ahora no estaríamos en esta situación”.

La mano dura contra el periódico más antiguo de Turquía se debe a la independencia con la que recientemente sus editores han dirigido la publicación. “En otras décadas hemos sufrido cierres, también asesinatos, e incluso amenazas de bomba” -el edifico está acordonado por vallas policiales- “pero ahora estamos en el punto de mira del AKP porque hemos criticado abiertamente la purga represiva tras el golpe fallido y todas las violación de derechos humanos”. Denuncias de la corrupción, crítica política o destape de escándalos del Gobierno han sido algunos de los temas que le han hecho el periódico turco más popular fuera del país, pero el más acosado dentro de Turquía.

En la esquina superior derecha, las fotografías de los periodistas que están en prisión (P. Cebrián).En la esquina superior derecha, las fotografías de los periodistas que están en prisión (P. Cebrián).

Turquía, el país con más periodistas entre rejas

El estado de emergencia, declarado tras el golpe fallido de julio, ha dado al Gobierno turco poderes absolutos para castigar a la oposición. Pero la purga también se ha dirigido contra la prensa, al menos 149 medios de comunicación han sido clausurados, según Reporteros Sin Fronteras. Además, Turquía es el país que retiene a más periodistas en sus prisiones, más de 100 informadores están detenidos a la espera de recibir un juicio o una acusación formal. En el índice de libertad de prensa que establece la ONG, Turquía ocupa el puesto 151 de 179. La censura en Internet y en las redes sociales también ha alcanzado niveles sin precedentes y su contenido es materia de acusación.

Los 250 trabajadores que cada día elaboran este periódico saben que pueden, como sus compañeros, terminar entre rejas. Pero aún así dicen que no van a dejar de hacer su trabajo. “No vamos a moderar el lenguaje”, mantiene Küçükkaya desde la sala de maquetación, porque aunque cree que la libertad de expresión ya está “por los suelos en Turquía” mantiene la esperanza de que el periodismo sea el que pueda cambiar la deriva autoritaria que ha tomado el país. “Cada día que entro en este periódico recuerdo que parte del equipo está en la cárcel y eso me da fuerzas para hacer un mejor trabajo porque sé que ellos, desde la celda, nos leen”.

Además de a la crisis política, el legendario ‘Cumhuriyet’ también debe hacer frente a los problemas financieros. La campaña de desprestigio así como la retirada de subvenciones de la Basın İlan Kurumu (La Agencia Estatal de Publicidad en Prensa) y la caída de la publicidad por la crisis económica ha llevado a la dirección a subir el precio de los ejemplares a 2 liras turcas (0,5€) -antes valía 1,5-. “Somos el periódico más caro de Turquía y eso también va a afectar a la tirada…” -actualmente 40.000 al día según Küçükkaya-. “Pero resistiremos”.

Un periodista del diario Cumhuriyet trabaja en la redacción del diario (Foto: P. Cebrián).Un periodista del diario Cumhuriyet trabaja en la redacción del diario (Foto: P. Cebrián).

“Decir la verdad es un acto revolucionario”

En la sala de redacción, la periodista Canan Coşkun asegura que “aunque Turquía se dirige hacia un periodo de oscuridad total en libertad de prensa, yo no voy a auto censurarme”. Un juez ha obligado a Coşkun a pagar una multa de 12.000 liras turcas (3.000 €) por realizar una investigación que probó la corrupción del partido del gobierno. La publicación demostraba un sorteo inmobiliario de viviendas de lujo que se otorgó en favor de fiscales y jueces próximos al AKP. El antiguo fiscal de Estambul, Hadi Salihoglu, ha reconocido la autenticidad de la información pero no ha bloqueado el proceso de acusación contra la redactora del Cumhuriyet.

“¿Qué es la verdad?”, se pregunta Coşkun en la sala de fumadores de la última planta del edificio, “en este país la verdad es lo que el Gobierno intenta esconder a la gente y que nosotros debemos sacar a la luz. Como hizo Dündar”, recuerda la joven. Can Dündar, el director del periódico hasta agosto de 2016, decidió abandonar el país hacia Alemania después de ser sentenciado a 5 años y 10 meses de prisión. En su columna “Tiempo de Despedida” sugirió que no se pondría en manos de la justicia turca hasta que terminara el estado de emergencia. En los tres meses que pasó en la prisión de Silivri escribió su útlimo libro ‘Tutuklandik’ (Estamos bajo arresto). En él, defiende los motivos que le llevaron a publicar una información que provocaría, incluso, una denuncia personal de Erdogan. “En estos tiempos de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario”, cita entre sus páginas.

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El informe anual 2016 de Reporteros Sin Fronteras sobre la libertad de prensa en el mundo, presentado ayer en Madrid, señala que “Turquía ha sido sin duda la principal protagonista del retroceso de la libertad de información en el mundo, en 2016. Encarcelamientos de periodistas, detenciones, cierres de medios, juicios arbitrarios, condenas abusivas, periodistas exiliados, despidos masivos de profesionales, censuras, leyes represivas… El país del Nobel Orhan Pamuk, que sigue llamando a las puertas de la Unión Europea, se ha alzado con un triste galardón: encabezar los ataques contra la libertad de expresión e información. Un panorama difícil de asumir en una teórica democracia”.

Fuente: ElConfidencial.com