El cisma cubano: la muerte de Fidel separa las orillas del Estrecho de Florida

29.11.2016 – 05:00 H. Nada más conocerse la noticia de la muerte de Fidel Castro, ambas costas del Estrecho de Florida parecieron separarse como si ...

29.11.201605:00 H.

Nada más conocerse la noticia de la muerte de Fidel Castro, ambas costas del Estrecho de Florida parecieron separarse como si sufrieran el efecto de un movimiento tectónico. Tras un tímido pero constante proceso de acercamiento que se demoró años y solo ahora comenzaba a dar sus frutos, la muerte de Castro ha devuelto a las dos ramas de la nación cubana hasta las posiciones que mantenían hace ya décadas, cuando la influencia de la Guerra Fría cortaba de raíz los vínculos entre La Habana y sus ciudadanos asentados en los Estados Unidos.

Por lo pronto, llama la atención lo encontrado de las reacciones en ambos puntos geográficos. Mientras en Florida miles celebraban estrepitosamente el fallecimiento del llamado Líder de la Revolución, en la Isla cuesta encontrar personas que se alegren por lo ocurrido… incluso entre quienes se declaran contrarios al proyecto político que fundara el exguerrillero en enero 1959.

Hasta ahora, solo Berta Soler, la portavoz de la agrupación disidente Damas de Blanco, se ha atrevido a manifestar a voz en cuello su alegría por el suceso. “Aquí no cambia nada”, apuntó para referirse a posibles modificaciones en la estructura política del país. “La única buena noticia es que tenemos un dictador menos, pero aún nos queda otro porque Raúl es un dictador igual que Fidel“, declaró al diario argentino ‘La Nación’.


Grettel Reinoso

La Cuba de Fidel han sido muchos países distintos. La que le tocó vivir a la autora fue una Cuba desalentada y hambrienta, a la deriva, en que la generación de sus padres se quedó sin paradigmas

Sin embargo, el peso de sus opiniones resulta nulo en un contexto -como el cubano– que por estos días es dominado por el luto y recogimiento. Así lo han confirmado las principales personalidades del mundo y la cultura en la Isla, que en larga procesión han desfilado por el especial informativo que se mantiene durante buena parte del día en todos los canales de la televisión estatal. En suma, todos han defendido una idea común: “Fidel fue el hombre que puso a Cuba en el mapa de este mundo”. “Sin él, no podríamos escribir nuestra historia, o más bien, no tendríamos historia”, acotó en su turno de palabra Eduardo Torres Cuevas, el director de la Biblioteca Nacional.

Se trata de un criterio con el que coinciden la mayoría de los ciudadanos de a pie, que como Tania Morales, sienten que “termina un capítulo muy importante en la existencia de Cuba”. “Mi mismo padre fue internacionalista (combatiente en las guerras cubanas libradas en África), mi madre se hizo doctora gracias a una beca y yo estudié Economía por la misma vía. Quien más o quien menos tiene algo que agradecerle a este país y a Fidel, aunque la situación económica sea tan difícil y muchos busquen formas para viajar a otro país”. Sentada en un banco de un parque habanero, intenta comunicarse con su esposo, que trabaja en Uruguay. Algún día -muy pronto, espera- también probará suerte allí, llevándose al hijo pequeño de ambos, que ahora la acompaña.

En pocas palabras, su historia resume el sino de la mayoría de los cubanos de la Isla: el conflicto entre el orgullo que les dejan una historia y un líder que los singularizan en el mundo, y las terribles presiones materiales en que viven cada día. “Cuba es un país muy grande, demasiado grande hasta para ella misma”, explica a El Confidencial Alberto, un exoficial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias devenido profesor de preuniversitario devenido vendedor de materiales de construcción devenido corredor de viviendas. Con orgullo, muestra su tobillo izquierdo, deformado por las esquirlas de una mina que hace tiempo mató a varios de sus compañeros en Cabinda.

“¿Sabes por qué no perdí la pierna? Por Fidel. Cuando eso, el estaba de visita en Angola y se enteró de la emboscada que nos habían hecho los Flec, de los cuatro combatientes que nos habían matado. Fue él en persona quien coordinó el traslado hasta Luanda de los que estábamos heridos y el que me mandó para Cuba, a que me atendieran los mejores médicos. Fidel y la Revolución fueron, son, así. Pero igual que acertaban en esas cosas fallaban en otras. Cuando tú ves un país en el que la gente no puede vivir de sus salarios o que los jóvenes solo piensan en irse, te das cuenta de que algo está funcionando mal”.

Cubanos forman una cola para rendir tributo a Fidel Castro, en La Habana (Reuters).Cubanos forman una cola para rendir tributo a Fidel Castro, en La Habana (Reuters).

Sin embargo, ni Tania, ni Albero, ni prácticamente nadie de quienes encuentras caminando por la calle, duda en que esta semana solo queda una alternativa posible: rendirle tributo a Fidel. Es la sensación que se vive a lo largo de las principales ciudades de la Isla y que ha llevado a muchos a colgara banderas y carteles en sus casas, como si, al margen de posiciones políticas, el expresidente fallecido fuera –en definitiva– patrimonio de todos.

En Miami, la historia es diferente. Al menos en su rostro más visible. Mientras a 90 millas las declaraciones de Donald Trump levantaron una oleada de críticas que el gobierno de Raúl Castro ha evitado cuidadosamente secundar, en la llamada “capital cubana del exilio” no son pocos los que todavía festejan la muerte del hombre que equiparaban a una personificación del demonio en la tierra.

‘Solo lamento que haya muerto en su cama y no frente a un paredón de fusilamiento, como merecía, por convertir a mi bella Isla en una ruina’“Solo lamento que haya muerto en su cama y no frente a un paredón de fusilamiento, como merecía, por convertir a mi bella Isla en una ruina”, apuntaba en declaraciones a un medio local una joven identificada como Jaquelin. Ni por su edad ni por su acento parecía formar parte del “exilio histórico” (quienes emigraron tras las caída del dictador Fulgencio Batista, a comienzos de la Revolución); tampoco del grupo de los cubanoamericanos (hijos de los emigrados nacidos en suelo norteamericano).

Lo más posible es que formara parte de los cerca de140.000 cubanos que han llegado a EEUU en los últimos seis años, beneficiados con la interpretación peregrina de la Ley de Ajuste Cubano, una norma jurídica adoptada por el presidente Lyndon B. Johnson en noviembre de 1966, y que en fechas recientes aprovechó la Administración Obama para desangrar las misiones de colaboración médica mantenidas por La Habana en distintas naciones de Sudamérica. Tal vez, incluso, haya visitado su país en fechas recientes, en algunos de los numerosos vuelos que han comenzado a surcar el Estrecho al calor de licencias otorgadas tras el 17-D.

Quién sabe. Por lo pronto, muchos como ella celebraron en Miami la muerte del “demonio” y las declaraciones de Trump. Todo lo contrario de lo ocurrido en el país que dicen conocer y del que ahora mismo, parecen haberse alejado.

Fuente: ElConfidencial.com

Palabras relacionadas: