Fillon, el 'outsider' que puede frenar a Le Pen, arrasa en Francia

27.11.2016 – 20:44 H. – Actualizado: 1 M. François Fillon se hace con el liderazgo del centroderecha francés tras una batalla contra todos. No solo ...
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27.11.201620:44 H. – Actualizado: 1 M.

François Fillon se hace con el liderazgo del centroderecha francés tras una batalla contra todos. No solo arrasó en la primera vuelta de las primarias jubilando a Nicolas Sarkozy, el jefe que le humilló durante años, también ha resistido a la insólita y efímera coalición creada para hundirle, encabezada por el otro finalista, Alain Juppé, los centristas de François Bayrou, los socialistas y el Frente Nacional de Marine Le Pen. Fillon ha obtenido una clara ventaja con respecto a Juppé en los primeros resultados difundidos: se hace con un 67,5% de los votos, mientras que su rival logra el 32,5%.

“Es una victoria construida sobre mis convicciones. Desde hace tres años recorro Francia con mis convicciones, y mi iniciativa ha sido comprendida por los franceses”, dijo Fillon al comparecer ante sus seguidores para celebrar una “victoria de fondo, que ha roto con todos los escenarios escritos de antemano“.

A partir de ahora, Fillon trabajará no contra sus propias filas, sino frente a sus verdaderos rivales, la izquierda desperdigada y el sólido Frente Nacional. A la vista de los ataques recibidos por ambos lados, debe ser un rival terribleCada uno, desde su azotea, había apuntado sus misiles para intentar frenar la victoria del ‘outsider’. En el caso de los socialistas, hundidos tras cinco años de gobierno, los ataques pueden ser justificados como una excusa para relanzarse a siete meses de las presidenciales. François Hollande y sus adláteres habían perdido con Sarkozy a su rival favorito. A Marine Le Pen le ocurre lo mismo, pero su caso es más grave. Fillon será un rival mucho más complicado para ella.

Pero lo que más ha llamado la atención en la finalísima del centroderecha es la inusitada campaña de su rival de partido, Juppé, que no ha dudado en dirigir hacia Fillon una serie de ataques basados más en el ideario de la izquierda que en su propio programa. Juppé, representante de la derecha centrista, y su equipo, ya han señalado al PSF y al resto de la izquierda los argumentos que deberán utilizar contra el representante de Los Republicanos en la campaña electoral para las elecciones presidenciales de mayo.

Como si el Brexit y el “trumpazo” no hubieran sido suficientes, el aparato mediático de la izquierda francesa, representado por los diarios ‘Le Monde’, ‘Liberation’ y ‘L’Obs’, entre otros, había apostado – con el inigualable apoyo de politólogos y especialistas en sondeos- por una victoria del más ‘progre’ de la derecha, el alcalde de Burdeos, Alain Juppé. La sorpresa de Fillon les provocó tal indigestión que, de ignorarle durante años pasaron a retratarle como un monstruo mucho más peligroso que el propio Sarkozy. De golpe, Fillon era un reaccionario ultracatólico, antiabortista, islamófobo, putiniano y, aún peor, no solo para el centroizquierda sino para buena parte de la derecha, un peligrosísimo ultraliberal.

Fillon, que no ha pasado por el ENA ni otra institución de las que se nutre la élite polítca francesa, es un político de profesión. Diputado ya a los 27 años, no conoce lo que es una nómina de la empresa privada, pero ha pasado por varios ministerios desde que cumplió 40 años. Primer Ministro de Nicolas Sarkozy durante el periodo 2007-2012, el discreto hijo de notario de provincia puede ser el artífice de lo que algunos llaman una “revolución conservadora“.

Alain Juppé sale de un centro de votación en Burdeos (Reuters).Alain Juppé sale de un centro de votación en Burdeos (Reuters).

El ejemplo de Thatcher y Schröeder

Que cierta prensa le coloque una peluca ‘thatcheriana’ en un fotomontaje de primera página es gracioso, e incluso vende, pero se debe matizar en qué consiste su supuesto liberalismo y sus concomitancias con la política de la “Dama de hierro”.

Reducir el gasto público de Francia del 57% actual al 50% del PIB no sería ultraliberalismo, según los criterios de ciertos economistas alarmados por la deuda y el déficit francés. Fillon, casado con una británica, no esconde su admiración por la líder de los ‘tories’ que ganó tres elecciones seguidas y recuerda a los críticos de la ‘premier’ que el Reino Unido estaba bajo tutela del FMI en los años 70, con cortes de electricidad continuos y el ejército recogiendo la basura por las calles. Para él, Thatcher o el socialdemócrata alemán, Gerhard Schröeder, son ejemplos de reformistas.

Fillon quiere que las clases medias, machacadas según él por la política impositiva de Hollande, puedan recuperar poder adquisitivo. La subida del IVA en un 2% compensaría sus medidasUna de sus medidas más denunciadas es la reducción de medio millón de funcionarios. A los que creen que la iniciativa no es realista, responde que cada año se jubilan miles trabajadores públicos y que reemplazando solo a uno de cada dos se llegaría a esa cifra en poco tiempo. Francia encabeza el ránking por número de funcionarios de la UE, 5.200.000, y aunque en proporción a la población está por debajo de los países nórdicos, supera la media,en ese aspecto de la UE.

Fillon quiere flexibilizar el mercado de trabajo y acabar con el bloqueo sistemático de una mayoría de los sindicatos a cualquier iniciativa que rompa el sistema vigente desde hace décadas. Evidentemente, la izquierda se alarma, aunque en el fondo muchos socialistas estén de acuerdo. Fillon cree que el sistema protege solo a los que tienen un contrato fijo. Considera que la principal causa del creciente paro (más de seis millones de personas) es la rigidez del mercado laboral. Para ello, además de facilitar los despidos a las empresas en dificultades, propone un contrato único. En Francia, el 80% de los nuevos contratos son por una duración determinada, cuya media es de 10 días, según los últimos datos del Insee.


Paula Rosas. París

El estado de emergencia no ha acabado con el terror, pero pocos quieren volver la vista atrás. ¿Es la Francia de hoy la misma que la de hace un año? ¿Qué ha cambiado?

El nuevo líder de la derecha francesa siempre ha estado contra la semana laboral de 35 horas, pero su oposición a este totem de la izquierda no se traduciría en una abolición total de la norma. Fillon propone el abandono voluntario de ese límite en las empresas que lo negocien. 

Otras iniciativas para relanzar las contrataciones son la ayuda a las empresas, en forma de reducción de costes laborales (50.000 millones de euros). Una medida ya puesta en marcha a su manera por los socialistas (40.000). La abolición del impuesto sobre la fortuna forma también parte del programa fillonista que persigue, según sus redactores, reducir el desempleo. El nuevo jefe de Los Republicanos cree que son las empresas las que deben crear los puestos de trabajo y, no el Estado. En ello coincide con socialdemócratas como Manuel Valls o el nuevo aspirante al Elíseo, Emmanuel Macron.

Cuando su rival dentro del partido, Juppé, tachaba a coro con la izquierda y el FN que estas propuestas son “brutales”. Fillon respondía que lo brutal es el paro, la exclusión, la pobreza, los finales de mes difíciles, el déficit público y la deuda que los nietos de sus rivales deberán pagar en el futuro. Cuando se le acusa de querer trasnformar el sistema social vigente, subraya que ese sistema data de 1945 y no se ha tocado. Fillon quiere que las clases medias, machacadas según él por la política impositiva de Hollande, puedan recuperar poder adquisitivo. La subida del IVA en un dos por ciento compensaría las medidas.

“Ultra”, “reaccionario”

Considerado liberal en lo económico, a Fillon se le ha reprochado su conservadurismo en asuntos de sociedad. Acusado de oponerse al derecho a abortar, ha tenido que dejar claro que jamás se le ha pasado por la cabeza poner en entredicho la Ley Veil de 1975. Como católico, señala, es filosóficamente contrario a la interrupción voluntaria del embarazo, pero nunca, declara ofuscado, tomaría medidas contra normas que hagan retroceder la situación de la mujer en la sociedad francesa.

Fillon ya ha roto esquemas. En Francia se dice desde hace tiempo que hay dos izquierdas y una de ellas se llama derecha. También se repite que la francesa es la ‘derecha más tonta del mundo’Se la ha acusado también de oponerse a la adopción por parejas homosexuales, aunque solo exige que la filiación de los adoptados no se pierda y ha manifestado claramente que prefiere la adopción por homosexuales o solteros que ver un bebé abandonado.

Fillon defiende sin complejos las raices cristianas de Francia, el retorno de la autoridad, el mérito y el respeto en las escuelas, un cierto soberanismo dentro de Europa y no le asusta hablar claro sobre inmigración o la influencia creciente del islamismo. En sus entrevistas, establece una clara distinción entre el el “totalitarismo islamista”, el avance del Islam político, y la práctica normal de los musulmanes franceses. Fillon propone privar de la nacionalidad francesa a los terroristas que ataquen a su país, entre otras medidas que hasta ahora eran discutidas pero no aplicadas. En el aspecto político, denuncia el papel de los Hermanos Musulmanes como abonadores del terrenoal islamismo más radical. Recordemos que esa organización fue tolerada y adobada por el mismísimo Nicolás Sarkozy. Los votantes de la derecha francesa parecen coincidir más con Fillon sobre este punto que con la “identidad feliz” y los “acomodos razonables”, los eslóganes de Jupée, considerado un partidario del multiculturalismo, lo que él niega.

François Fillon ya ha roto esquemas. En Francia se dice desde hace tiempo que hay dos izquierdas y una de ellas se llama derecha. También se repite que la francesa es la “derecha más tonta del mundo”. La derecha siempre ha actuado tímidamente, asumiendo sin rechistar lo que se llama “hegemonía cultural” de la izquierda. En ese sentido, puden tener razón los que anuncian una revolución dentro de la derecha. François Fillon quiere poner fin a esos complejos, y los votantes del centroderecha francés le han elegido como representante.

El peor rival para Le Pen

A partir de ahora, Fillon trabajará no contra sus propias filas, sino frente a sus verdaderos rivales políticos, la izquierda desperdigada y el sólido Frente Nacional. A la vista de los improperios y ataques recibidos por ambos lados, Fillon debe ser un rival terrible. La izquierda celebrará sus primarias en enero. Hollande todavía no aclara si será candidato. Pocos entre sus camaradas apuestan por él. Valls está listo en caso de retirada. Más a la izquierda del PSF, Jean-Luc Melenchon es el único candidato a la presidencia creíble.

Marine Le Pen, líder del Frente Nacional, durante un mitin en Frejus, Francia (Reuters).Marine Le Pen, líder del Frente Nacional, durante un mitin en Frejus, Francia (Reuters).

Tanto para alos socialistas como para la extrema izquierda, Fillon representa un rival de peso, pero el debate de ideas será más claro contra un representante de la derecha traicional o dura que contra una derecha demasiado centrista, como representaba antaño Jacques Chirac y hoy su pupilo, Alain Jupée.

Marine Le Pen es, sin embargo, quien debería estar más preocupada. Con Fillon como enemigo ya no puede decir que las ideas de conservadores y socialistas representen lo mismo. Ya no podrá denunciar al “partido UMPS” ( Por las siglas de la antigua Unión por un Movimiento Popular y las del PSF). Si el FN ataca a Fillon por sus ideas conservadoras en el aspecto social, pude perder el voto de los católicos que ven en Fillon una opción menos radical y más presentable. Si le critica por su política económica, perderá la adhesión de los votantes de su partido hartos de subvenciones estatales, de “asistidos” y de los privilegios sociales que, según muchos franceses, disfrutan en Francia los trabajadores de empresas estatales, entre otros. Si critica la política de flexibilidad laboral y pro-empresa, habrá cacofonía con la extrema izquerda. Si recurre a sus antiguas posiciones extremas antiinmigración y contra los extranjeros, perderá los réditos obtenidos con su política de desdemonización.

Por si fuera poco, Le Pen ya no será la única política francesa ‘prorrusa’. Fillon conoce muhco mejor a Putin, con quien se ha reunido en más de quince ocasiones y mantiene buenas relaciones. El representante de Los Republicanos siempre ha sido partidario de levantar las sanciones de la Unión Europea contra Moscú y considera indispensable que Rusia juegue un papel primordial en Siria para acabar con el autodenominado Estado Islámico. De ahí a caricaturizar a Fillon como un putinófilo hay un gran trecho. Como una buena parte de la derecha francesa, denuncia la política de acoso de Estados Unidos y algunos de sus aliados europeos hacia Rusia, tras la caida del Muro de Berlín. Una actitud que no desdeñaría Charles De Gaulle.

A Sarkozy se le acusaba de intentar cazar en el coto privado de Le Pen. Con Fillon la derecha ha encontrado el mejor antídoto anti-LePen, rechazando claramente sus postulados. François Fillon nunca ha querido acercarse al caladero de Marine Le Pen y siempre ha rechazado con firmeza su ideario. Para él, nuca sería un problema apoyar a la izquierda para evitar la llegada al poder del FN.

Los electores del centro-derecha francés y François Fillon han conseguido también poner fin al avance, que se creía inevitable, del populismo. A Fillon se le podrá tachar de conservador, pero no se le puede acusar de hacer promesas irrealizables para ganarse el voto desesperado o indignado. Más bien al contrario. Él y los ciudadanos que le apoyan optan pour un programa que obligará a trabajar más, a esforzarse y exigirse más esperando una mejoría de la situación económica y laboral en un lustro, como él promete. Se convierte así en un muro contra el populismo.

Fuente: ElConfidencial.com