Guerra entre narcos en las favelas del Río posolímpico: “Esto parece Palestina”

04.10.2016 – 05:00 H. “Hoy me desperté con el sonido de un helicóptero encima de mi edificio y muchos disparos. Me levanté para cerrar las ventanas y volví ...
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04.10.201605:00 H.

“Hoy me desperté con el sonido de un helicóptero encima de mi edificio y muchos disparos. Me levanté para cerrar las ventanas y volví a la cama. Puse mi cabeza debajo de la manta para intentar dormir de nuevo y fingir que no pasaba nada, pero los tiros seguían incesantes. Perdí el sueño y con ello la esperanza de que esta ciudad llegue a algún lado. El nivel de violencia que vivimos a diario es alucinante”. Tati Araújo es una carioca de pura cepa que vivió 20 años en Italia. Hace tres años volvió a la ‘Cidade Maravilhosa, donde trabaja como guía turística.

“Había varios tipos de tiros: aislados y en modo ráfaga. Tiros de ametralladora y réplicas. Joder, parecía Palestina, pero es Río de Janeiro en el año olímpico”, apunta Tati con indignación. “No consigo pensar en volver a ser carioca y aceptar que esto sea normal. No quiero acostumbrarme de nuevo a los tiroteos”, añade.

‘Los narcos que huyeron cuando empezó el proceso de pacificación están preparados para la reconquista. Va a llover mucha bala en los próximos meses’Intensos disparos en la favela de Turano volvieron a asustar el pasado sábado a los habitantes del barrio de Río Comprido, en la zona norte de Río de Janeiro. En esta localidad, próxima al mundialmente famoso Sambódromo, se vive una situación bastante parecida a una guerra. La Avenida Paulo de Frontin, que separa la colina de Turano del Morro de São Carlos, enemigos declarados, es conocida entre los residentes como la Franja de Gaza. Es un tierra de nadie en la que los miembros de facciones rivales disputan hace semanas una lucha sin cuartel por el control del territorio (y del narcotráfico).

El 11 de septiembre, en el auge de los Juegos Paralímpicos, hubo otro tiroteo en esta misma favela, que en realidad podría ser clasificado como una operación bélica en toda regla. Los vídeos difundidos en las redes sociales muestran a algunos vecinos de este barrio escondidos en el pasillo de su casa por miedo a las balas perdidas, con las ráfagas de ametralladora de fondo. “Es un sin vivir. Nuestra rutina está marcada por los tiroteos y los robos a mano armada”, cuenta a El Confidencial Robson, que reside en este distrito. “Aquel día me quedé muy asustado. No fue un simple tiroteo. Fue una ofensiva bélica con armamento pesado. En estos momentos, cuando oyes las ráfagas muy de cerca, no sabes dónde refugiarte. No te sientes seguro ni en tu propia casa. Mi mujer y yo estamos pensando en irnos de este barrio, pero no es tan fácil. Aquí es mucho más barato. No nos podemos permitir un piso en una zona más segura”, agrega con preocupación.

La guerra que está por llegar

Muchos cariocas se quejan de que la seguridad ha empeorado dramáticamente en los últimos meses. “En cuanto acaben las elecciones locales empezará la guerra por el control de las favelas”, señala un fotógrafo del periódico ‘O Globo’ en una conversación ‘off de record’. Este profesional con más de 25 años de carrera asegura que los fotógrafos de Río son cada vez más reacios a cubrir las operaciones policiales en los ‘morros’ (colinas) de Río de Janeiro. “Antiguamente subíamos a las favelas con las tropas de asalto y nos sentíamos protegidos. Hoy son tantos los agentes de la Policía Federal envueltos con los narcotraficantes, que cuando suben los cuerpos especiales tipo el BOPE llueven balas sobre policías y periodistas. Parece que la Policía está con los bandidos”, explica este fotoperiodista. Informar desde las favelas en guerra se ha vuelto tan peligroso que muchos fotógrafos se niegan a llegar cerca de la línea de fuego. Por eso los periódicos se ven obligados a servirse cada vez más de las instantáneas de residentes activistas, que usan la fotografía como arma de denuncia, como el colectivo Papo Reto.

La vista de Río de Janeiro desde la favela de Pereira da Silva, el 21 de abril de 2016 (Reuters). La vista de Río de Janeiro desde la favela de Pereira da Silva, el 21 de abril de 2016 (Reuters).

Durante las elecciones municipales, cuya primera ronda se disputó el 2 de octubre, el Ejército brasileño patrulló las calles de Río de Janeiro. Cerca de 25.000 agentes, que también se encargaron de velar por la seguridad ciudadana durante el período olímpico, se desplegarán varias ciudades de Brasil durante todo el periodo electoral, que se extiende hasta finales de mes. En Río de Janeiro la situación es especialmente tensa. El pasado 10 de septiembre, tras el enésimo ataque armado contra un grupo de soldados, el Ejército anunció que patrullaría con tanques la Linha Vermelha, una autopista que une el aeropuerto con el centro de la ciudad y que atraviesa el macro-complejo de favelas de La Maré, controlado por tres facciones antagonistas.

“En cuanto se vaya el Ejército, va a comenzar la guerra para la retomada de las favelas pacificadas. La Policía Pacificadora está muy desgastada y no va a conseguir mantener el control. Los narcos que huyeron cuando empezó el proceso de pacificación están preparados para la reconquista. Va a llover mucha bala en los próximos meses”, pronostica el fotógrafo de ‘O Globo’.

Son muchas las favelas que viven una situación de guerra no declarada. En el área próxima al Morro de Santo Amaro, en el centro de la ciudad, el 26 de septiembre fue declarado el toque de queda después de que la Policía matase al narcotraficante ‘Fat Family’. Hacía meses que los agentes buscaban a este peligroso delincuente, después de que en junio un grupo de narcos invadiera un hospital público para rescatar al narco, gravemente herido durante una operación policial. En una operación de tintes cinematográficos, 25 hombres armados de fusiles, pistolas e incluso granadas asaltaron el hospital donde el líder estaba detenido. En el tiroteo murió un paciente y dos hombres (un policía y un enfermero) resultaron heridos.


Valeria Saccone. Río de Janeiro En los últimas semanas, la Policía Militar ha llevado a cabo varias operaciones en distintos puntos de la ciudad para cazar a este despiadado bandido. Tras su asesinato, los narcos de la favela ordenaron a los comerciantes de los barrios colindantes que cerrasen sus tiendas en señal de luto. “Querida, no conseguiré ir hoy a tu cumpleaños. Discúlpame, pero con este toque de queda tengo miedo de salir de casa. Ni siquiera he ido a la facultad hoy. Mucho miedo de lo que pueda pasar. Los narcos han amenazado con quemar varios autobuses y sembrar el pánico en el barrio. Estoy muerta de miedo”, escribía el 26 de septiembre una amiga de esta reportera que vive en Catete, un barrio próximo a la favela de Santo Amaro.

Ese mismo día, el presidente de la principal escuela de samba de Río de Janeiro, la famosa Portela, fue asesinado en el barrio de Madureira, en el norte de la ciudad. Marcos Falcon, de 52 años, recibió al menos 15 tiros de fusil cuando se encontraba en el comité electoral preparando su campaña. Falcon era candidato a concejal en las elecciones municipales, cuyo segundo turno se celebrará el próximo 30 de octubre. Las investigaciones apuntan a un ajuste de cuentas entre miembros de la Milicia, una organización mafiosa que opera en varias favelas de la zona oeste de Río de Janeiro y que controla el comercio o la distribución ilegal de electricidad, señal de Internet y de la televisión digital terrestre. La prensa apunta a la posibilidad de que Falcon también fuese ‘miliciano’.

Lo más macabro es que la foto de su cuerpo reventado por los tiros circuló durante días en varios grupos de Whatsapp, en una especie de pornografía de la violencia que incomodó a más de una persona. “Por favor, dejen me mandarme la foto de Falcon por Whatsapp. Le conocía personalmente y le tenía mucho aprecio. Es desesperante tener que ver una y otra vez la imagen de su cuerpo acribillado”, escribía en el muro de su Facebook Vanessa, profesora de instituto y frecuentadora de esta escuela de samba.

Un niño deposita unas flores en la tumba de una víctima de la violencia en la favela Lagartixa, en Río de Janeiro (Reuters).Un niño deposita unas flores en la tumba de una víctima de la violencia en la favela Lagartixa, en Río de Janeiro (Reuters).

La violencia desaforada que impera en Río de Janeiro también se está cebando con los candidatos las elecciones locales. En los últimos meses, al menos 15 aspirantes a concejales han sido asesinados en nueve municipios del Estado de Río. No se trata de un fenómeno aislado. Las muertes violentas en las campañas electorales son una constante en Brasil. El 28 de septiembre, el candidato a la alcaldía de una ciudad del interior del Estado de Goiás fue asesinado a tiros durante un acto electoral en coche, como si de un Kennedy tropical se tratara. La prensa local ha publicado un vídeo en el que se aprecia el momento exacto del tiroteo.

Las guerra por el control de las favelas y de los escaños no es el único detonante de la violencia en Río. El crimen común también causa numerosas víctimas a diario. No hay ni un día en que alguien, amigo o conocido, no anuncie un asalto a través de las redes sociales. Los periódicos informan constantemente de sucesos truculentos. Los tiroteos y atracos en la en la Linha Vermelha, la principal autopista de la ciudad, son noticia un día sí y otro también.

Ni siquiera el servicio de transporte Uber se salva de los robos a mano armada. Jenner se presenta como el portavoz de una asociación de conductores de Río de Janeiro. “Tengo un grupo de Whatsapp con más de 260 profesionales. Todas las semanas hay varias personas que denuncian atracos violentos. Hay una cuadrilla de ladrones que usan el Uber Pool [la versión Uber del transporte colectivo] para robar a los pasajeros y a los conductores. Desde que los clientes pueden pagar al contado y no necesitan una tarjeta de crédito, los robos están aumentando por momentos. Es un sin vivir”, asegura Jenner.

En el mes de septiembre también se han registrado robos en serie, los llamados ‘arrastões’, en las calles aledañas a la playa de Copacabana. Grupos de hasta 100 chavales, muchos de ellos menores de edad, bajan en tropel y asustan a peatones, residentes y comerciantes. “El otro día vi a unos 30 chicos corriendo hacía mí. Instintivamente intenté cruzar para ponerme a salvo, pero el semáforo estaba en rojo. Me rodearon y se mofaron de mi reacción. Incluso llegué a pensar que soy racista, ya que todos los chicos eran negros. Cuando vi en la tele que estaban haciendo asaltos en el barrio me tranquilicé. Mi miedo no era infundado”, cuanta una vecina de Copacabana.

Lo más curioso es que los cariocas parecen poseer la rara capacidad de convivir con la violencia. A juzgar por los conciertos de samba y los múltiples eventos culturales que se desarrollan en las calles de la ciudad, nadie diría que en agosto, el mes de los JJOO, hubo 386 homicidios en Río de Janeiro, lo que supone un aumento de 50 víctimas con respecto al mismo periodo del año anterior. Los robos en la ‘Ciudad Maravillosa’ también han crecido sensiblemente: entre enero y agosto de 2016 se registraron 80.731 casos, frente a los 56.966 del mismo periodo de 2015, lo que equivale a un incremento del 41,7%.

“Todavía estamos lejos del horror que vivimos en los años 90. Es verdad que la situación está empeorando, pero los de mi generación recuerdan aquellos años de plomo, en los que era realmente complicado moverse libremente por la ciudad”, afirma Armando, un ejecutivo de 54 años. “Yo creo que estamos volviendo a aquel periodo oscuro en el que teníamos que avisar a nuestros familiares de todos nuestros movimientos, cuando no sabías si ibas a volver a casa sana y salva. Sería horrible revivir algo así”, reflexiona Olivia, una economista que vivió casi dos décadas en varios países de Europa y que regresó a Río de Janeiro al principio del proceso de pacificación, en 2010. “Yo realmente creí que mi ciudad estuviese mejorando. Durante varios años se notó cierto optimismo. La gente salía de casa más relajada. Pero estoy cada vez más pesimista. Me temo que los próximos meses van a ser muy duros”, añade.

Fuente: ElConfidencial.com