Incertidumbre total en las calles de Bogotá: el plebiscito divide a los colombianos

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Bogotá. Día uno tras el referéndum. Los capitalinos se levantan confundidos, pero tranquilos, a pesar de la tremenda sorpresa de la jornada anterior. El ‘No’ al acuerdo entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC se sobrepuso a los presagios arrojados por las encuestas imponiéndose al Sí con el 50,2% de los votos.

Si el nerviosismo no ha cundido en las calles, en buena medida se debe al granito de arena puesto por las tres personas a las que todo el mundo mira ahora en Colombia: el presidente Santos, el líder de las FARC, ‘Timochenko’ y el ex presidente Álvaro Uribe, catalizador de los sectores que abogaron por el No. Todos ellos han puesto énfasis en negociar.

Santos se ha reunido este lunes con los representantes de los seis partidos que secundaron al suyo en apoyo al Sí en el referéndum, admitiendo su derrota. A la reunión estaba invitado el Centro Democrático de Uribe, pero sus representantes decidieron no acudir a la cita.

El máximo líder de las FARC, Timoleón Jiménez, 'Timochenko', fuma un tabaco cubano. (EFE)El máximo líder de las FARC, Timoleón Jiménez, ‘Timochenko’, fuma un tabaco cubano. (EFE)

Si Santos lo tomó como un desplante, lo disimuló muy bien. Reaccionó nombrando a tres de sus personas de máxima confianza como miembros de una comisión de alto nivel para abrir el diálogo con los uribistas. Una de esas personas es el jefe del equipo negociador con las FARC, Humberto de la Calle. Santos ha rechazado su dimisión, interpuesta tras el resultado del plebiscito.

Uribe, por su parte, evitó hacer leña del árbol caído el primer día. Lejos de exigir, ha vuelto a pedir una protección efectiva para los miembros de las FARC.  Poco después anunció la interposición de una medida en el Senado para otorgar “alivio judicial sin impunidad” a los soldados y policías de Colombia. Dijo estar de acuerdo con la amnistía a los guerrilleros cuyo delito sea amnistiable, unos 5.700, según datos de Defensa. No parece dispuesto a ser tan indulgente con los demás. Dejará probablemente sus exigencias más duras para los próximos días.

Alias ‘Timochenko’, el líder de las Farc, ha admitido la necesidad de alcanzar un “pacto político”, abriéndose a la negociación. Si se dan esos diálogos, no serán sencillos. Son muchas las diferencias que separan a las partes. En especial, la participación de la guerrilla en política, los procesos judiciales a los que serán sometidos, considerados laxos para el uribismo, y también la remuneración de los guerrilleros.

Incertidumbre

La tranquilidad expresada por los líderes del país calma a los bogoteños, pero la incertidumbre es máxima. Nadie sabe a ciencia cierta qué va a ocurrir en las próximas semanas. El futuro inmediato es una incógnita absoluta. Algo tiene claro la mayoría: hayan votado lo que hayan votado, los colombianos están por el fin del conflicto.

Un señor vota en Colombia. (Reuters)Un señor vota en Colombia. (Reuters)

Yo quiero la paz, pero no como está ahora planteada. El acuerdo cubre a aquellos que han matado, han secuestrado y han violado. Quizá debería uno cerrar los ojos, y dejar que los guerrilleros entren en la política, pero creo que no nos lo podemos permitir. Y va por todos. También por los políticos corruptos”, comenta Jesús Albeinas, propietario de una humilde tienda de segunda mano en Bogotá.

Su opción es clara: el No al acuerdo entre el Gobierno colombiano y las Farc. No pudo, sin embargo, ir a votar. Forma parte del 67% de la población que no acudió a las urnas el pasado domingo. Es oriundo de Armenia, en el Eje Cafetero. Acudir a las urnas suponía un largo viaje y dejar la tienda cerrada durante más de un día.

Perdón de las FARC

Algunas de sus razones para apoyar el No son compartidas con otras personas que tomaron la misma opción en el plebiscito. Una de ellas es no creerse el perdón que las Farc han pedido a muchas de sus víctimas.

Un grupo de personas que apoya el 'no'. (Reuters)Un grupo de personas que apoya el ‘no’. (Reuters)

Durante los últimos meses se han ido sucediendo encuentros entre los líderes guerrilleros y las familias de asesinados o secuestrados. Albeinas dice que a él no se la dan: “Están pidiendo perdón de dientes para afuera. Si uno, pidiendo perdón, puede optar a que le rebajen años de cárcel, entonces todo el mundo va a querer hacer lo mismo. Es un mal ejemplo para los delincuentes callejeros. Además, quien tuvo, retuvo”, comenta el tendero.


A.Vasco

Desde políticos internacionales hasta cantantes de fama mundial: todos han querido expresar su opinión sobre el rechazo al pacto firmado por el Gobierno colombiano y la guerrilla

Su local lleva poco tiempo abierto. Volvió hace unos meses del País Vasco, donde residió durante casi una década trabajando en la construcción, hasta que no volvió a encontrar trabajo. Otro de sus temores era que el acuerdo fuese a suponer una subida de impuestos para sufragar las medidas previstas en el proceso de paz: “Vamos a pagar más para que esta gente que ha asesinado quede impune”, subraya.

Tribuna Transnacional

Muchos de los partidarios del no, como Albeinas, temen que los guerrilleros con delitos graves acaben no pagando sus crímenes. Los acuerdos preveían que un Tribunal de Justicia Transnacional conduzca los juicios contra los combatientes de las FARC. La mayoría sería amnistiada. Quienes hubiesen cometido masacres, secuestros, asesinatos o violaciones tendrían condenas. Serían variables, dependiendo de si confiesan sus crímenes con prontitud y resarcen a sus víctimas. De esa forma podrían hasta evitar la cárcel realizando trabajos sociales. En caso de no confesión las penas son de un mínimo de cinco años y un máximo de 20.

El presidente Uribe. (Reuters)El presidente Uribe. (Reuters)

Ese apartado de Justicia es muy criticado en la calle: “No creo que a las FARC, que sembraron tanta maldad e hicieron tanto daño, se les deba perdonar todo y tengan tantas prebendas. Hay que renegociar el acuerdo. No se podrá conseguir todo lo que queremos. Habrá que perdonarles muchas cosas, pero no todo”, comenta la comerciante Luz Amparo.

Hoy da su opinión abiertamente, pero confiesa haberla escondido durante semanas: “Ha habido miedo a decir que íbamos a votar No. Yo misma no lo he dicho en una reunión con mis compañeros de trabajo. Los del sí le suelen llamar ignorante a uno. Nosotros no hacemos sólo lo que dice el ex presidente Uribe. Pensamos por nosotros mismos. Estamos por la paz, pero no así”, expone Amparo.

División

Si algo ha arrojado el resultado del referéndum, es una gran división de opinión en las calles de Colombia. A la comerciante le da miedo que comience a afectar a las relaciones personales: “Va a haber confrontación entre quienes defendemos el No y quienes defienden el Sí. Para muchos es como hablar casi de religión”, lamenta.

A pocos metros de donde Amparo toma su café está la tienda de antigüedades de la familia Moreno. La madre, Connie, y sus dos hijos, Paula y Juan, han optado también por el no, aunque sólo Juan acudió a las urnas. Connie y Paula no creen en los políticos y no tenían su célula de identidad registrada para votar: “Aquí creemos que el presidente Santos va a vender el país a Timochenko, el líder de las Farc, cuando debería ir a la cárcel”, abunda Connie. “Ahora no sabemos qué va a pasar”, reflexiona.

De repente, suena un teléfono móvil. Paula ha recibido un WhatsApp. Anuncia una bomba en una estación de metro de Medellín debido al proceso de paz. “Aquí va a haber guerra”, alerta. El mensaje, sin embargo, no es real. Nadie ha colocado un explosivo en la capital antioqueña. Bulos similares aparecen de tanto en cuanto en las redes sociales colombianas. Juan tiene claro por qué ha votado no. Se niega a que el Estado pague un salario a los miembros de las FARC, como recoge el acuerdo: “Van a pagarles más a ellos de lo que gano yo”, critica.

‘El mejor acuerdo posible’

No muy lejos de la tienda, pocas horas después, se gestaría una manifestación espontánea a favor de la opción contraria de la escogida por la familia Moreno. Unas 500 personas, en su mayoría estudiantes, salieron a la calle para defender la opción del Sí, después de su derrota. La travesía terminó en la Plaza Bolívar, frente al Capitolio Nacional.

“Este era el mejor acuerdo posible. Eran mucho mejores las ventajas que otorgaba que sus carencias. Nunca hay un acuerdo perfecto. En ningún lugar del mundo donde se ha dado un proceso de paz ha habido un acuerdo perfecto”, comentaba frente al lugar donde debaten los congresistas el estudiante de políticas Óscar Moreno.   “Lo que uno espera es que la gente que ha estado en contra de este proceso ofrezca ahora argumentos y proposiciones serias para mejorar los temas con los que están en desacuerdo”, señala.

Muchos partidarios del Sí ven el resultado arrojado por las urnas como un retroceso: “No se puede perder lo avanzado. Son cuatro años

De forma similar se expresa el estudiante de lenguas modernas Óscar Moreno: “Espero que podamos seguir construyendo una paz. Que ya que tanta gente votó por el No, que toda esa gente hoy y mañana salgan a las calles para decir que votaron por el No porque quieren otra paz y otra propuesta, que no sea una propuesta bélica en la que digan no a los acuerdos, no a la paz y no a todo”, reclama.

Critica a los sectores cercanos al ex presidente Uribe por haber “desinformado” a la población: “Dijeron que no iba a haber reparación a las víctimas y que no iban a entregar las armas”. Admite, por el contrario, fallos en la campaña del Sí. “Nos faltó un poco más de unidad, independientemente de las ideologías políticas”.

Perder lo avanzado

Muchos partidarios del Sí ven el resultado arrojado por las urnas como un retroceso: “No se puede perder lo avanzado. Son cuatro años en los que se luchó por un proceso que nos beneficiara a todos. No retribuye al crimen, sino que restaura víctimas. Hay una parte de Colombia que aún no ha entendido que la guerra no puede seguir matándonos a todos”, critica Gina Correa, estudiante de educación.

Una mujer pasa junto a una pancarta que invita a una jornada pedagógica por la paz. (EFE)Una mujer pasa junto a una pancarta que invita a una jornada pedagógica por la paz. (EFE)

Ella también se pregunta si estuvo bien planteado el referéndum: “Si tenemos que ir de nuevo a un plebiscito, debe hacerse con participación obligatoria. Donde todos los colombianos hagan parte realmente de él y voten, y sean conscientes del proceso y se empapen del acuerdo. Porque si usted no lo conoce, seguramente vaya a estar en contra de él”, reflexiona.

Detrás de ella, apostado frente al Capitolio, se encuentra Gonzalo Rigaldo, ataviado con una bandera colombiana. Su mensaje es claro: “tenemos que seguir luchando. El pueblo colombiano lo que quiere es la paz. No la hemos vivido. Queremos conocerla”. El objetivo ahora es que las dos colombias surgidas del plebiscito se pongan de acuerdo.

Fuente: ElConfidencial.com