Las Palmas no creía en la remontada, pero el Atleti le permitió soñar hasta el final

10.01.2017 – 23:37 H. La cuestión de esta Copa del Rey es el reflejo de la duda que corroe a un equipo ante el reto de un partido de vuelta. Lo veremos en ...
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10.01.201723:37 H.

La cuestión de esta Copa del Rey es el reflejo de la duda que corroe a un equipo ante el reto de un partido de vuelta. Lo veremos en varias eliminatorias estos días. Esta duda consiste en preguntarse si merece la pena dejarse la piel en el campo por una remontada poco probable, o asumir la eliminación y pensar más en lo que vendrá después, que en la mayoría de los casos, es infinitamente más importante, ya que para muchos clubes, su posición en la Liga definirá si su temporada ha sido buena o no, no tanto el hecho de caer pronto o tarde en Copa. A Las Palmas le carcomió esa duda durante mucho rato, hasta que Griezmann y Correa le evitaron tener que tomar la decisión… en principio.

Su situación era la siguiente: un 0-2 no es un resultado imposible de remontar. En realidad, numéricamente es más fácil remontar un 0-2 que un 2-0, pues un 1-3 te clasifica y un 3-1 te elimina, respectivamente. Pero es el Atleti, que sí, que no está bien, pero el Calderón impone. Entonces, como diría Lenin, ¿qué hacer? ¿Ir a por la victoria tirando de lo que haga falta o reservarse y verlas venir hasta que el árbitro pite el final? A la Unión Deportiva le cogió el partido inmenso todavía en la contestación de esa pregunta. Y sin la cabeza fría no se puede pensar ni mucho menos actuar con claridad. Quizá lo habrían hecho si hubieran sabido que habrían acabado el partido ganando 2-3, es decir, quedándose a un gol de pasar de ronda.

El Atleti se activó gracias, en parte, a que Las Palmas le regalaba el balón sin ton ni son. Solo una vez la pérdida de la posesión estuvo justificada: Hernán se notó un dolor muy fuerte en la zona del gemelo, soltó el balón sin fuerza y mientras hacía el gesto de ‘¡paren!’, Koke se lanzó a disparar con premura y no encontró puerta por la rápida reacción de un defensa amarillo. Eso sí, aclaremos ese “se activó”. Lo hizo como ha hecho el Atlético toda la vida, es decir, convirtiendo el partido en un pantano en el que ni un pelo de aire altera la planicie de la superficie. No pasó nada durante 30 minutos. Nada es nada.

Y luego pasaron cosas, vaya si pasaron. Y parecía un amistoso y de eso no tenía nada. O sí, quizá sí: esa locura de segunda parte en la que hubo cinco goles sin buscarlos demasiado es muy de pachangas veraniegas en las que se producen abultados marcadores sin uno explicarse bien cómo. Esas cosas que sucedieron molestaron al Cholo. No le gustó que de repente, su equipo se echara para atrás y dejara animarse a la UD hasta tal punto de que las ocasiones de Tana y Livaja no fueron goles por muy poco. Una por falta de acierto (centímetros), otra por la reacción felina de Moyá. Y claro, el Cholo reaccionó a su manera. Capitán dentro, joven fuera. Entró Gabi por Lucas (que se fue con problemas físicos, no se trató de un castigo) y el control que quería se convirtió en verbena.

Juanfran actuó de nuevo de extremo durante la primera parte (JuanJo Martín/EFE).Juanfran actuó de nuevo de extremo durante la primera parte (JuanJo Martín/EFE).

El Atleti se fue del partido con esa sensación incongruente que deja el ‘Bitter Kas’ en la garganta. ¿Está bueno o no? Son unos cuantos los que dicen que sí, muchos afirman lo contrario. Los que dicen que está bueno, que es dulzón, agradable y menos pesado que los refrescos de cola solo verán que se ha pasado de ronda, que al final es lo único que importa. Los que dicen que sabe a jarabe para la tos se marcharán a sus casas más pensando en que han visto a su equipo perder en el Calderón contra un equipo algo inferior y sin explicarse en absoluto que haya sido así, ni encontrar la razón óptima para comprenderlo.

¿Con qué opción quedarse? Complicado. Seguro que debe de destacarse por encima de todo el reencuentro de Griezmann con el gol, su negación hacia la portería contraria parece ya olvidada y esto ocurre en la fase del año más trascendente, cuando se deciden las cosas. También con Gaitán y Correa, que respondieron a la titularidad con asistencia y gol. Lo que olvidar, la relajación final. El 2-1 sentó fatal al Atleti, porque acabó perdiendo sin que Las Palmas buscase ganar. Los canariones habían entregado la cuchara mucho antes, inconscientes ellos mismos (no podían saberlo, ni siquiera intuirlo) de las posibilidades que después tuvieron.

Dijo una vez Guardiola que a Mario Mandzukic se lo llevaría a la guerra con él, pero luego no lo aguantó más que un año en el Bayern, y en cierta manera el Cholo le entiende. Marko Livaja es un jugador de esas características. Digamos que su cabeza no está del todo asentada, pero cuando está en el campo, es un luchador infatigable. A él no le va eso de decir que se rinde, se negocian condiciones y punto. No, él pelea hasta que le quede sangre en el cuerpo. Se pergeñó solito el gol del empate a uno y empujó el empate a dos. Dos goles en el Calderón no los marca cualquiera. Y tampoco se hace un gran partido en ese estadio todos los días, y esta vez lo hizo Mateo García, que hasta ahora mismo está más fuera que dentro del equipo, pero cuya demostración quizá haga cambiar algún parecer dentro del club amarillo.

Ficha técnica

2 – Atlético de Madrid: Moyá; Vrsaljko, Giménez, Godín, Lucas; Juanfran, Saúl, Koke, Gaitán; Griezmann (Torres, m. 63) y Correa (Keidi, m. 78).

3 – Las Palmas: Raúl Lizoain; Michel (Lemos, m. 60), David García, Aythami, Hélder Lopes; Javi Castellano; Tana, Hernán Santana (Montoro, m. 25), Mateo, Momo (Jonathan Viera, m. 71); y Livaja.

Goles: 1-0, m. 48: Griezmann, a pase de Gaitán. 1-1, m. 56: Livaja, de jugada personal culminada con un potente tiro cruzado. 2-1, m. 60: Correa supera a Raúl Lizoaín en un esquinado uno contra uno. 2-2, m. 88: Livaja, a pase de Mateo García. 2-3, m. 90: Mateo.

Árbitro: Sánchez Martínez (C. Murciano). Amonestó a los locales Correa (m. 34), Lucas (m. 44) y Gabi (m. 69).

Incidencias: partido de vuelta de los octavos de final de la Copa del Rey, disputado en el estadio Vicente Calderón ante unos 20.000 espectadores.

Fuente: ElConfidencial – Deportes