Messi hace sangre de los errores que Guardiola no sabe cómo evitar

19.10.2016 – 22:49 H. Cuando dos equipos como el Barcelona y el Manchester City, más de 1.000 millones de euros de presupuesto combinados, entran en ...
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19.10.201622:49 H.

Cuando dos equipos como el Barcelona y el Manchester City, más de 1.000 millones de euros de presupuesto combinados, entran en escena, es de esperar que el partido se defina desde el brillo y no desde la catástrofe. Pero son muchas las ocasiones en las que todo se explica desde el error. En ese contexto, el Barça se defiende siempre bien. Son años de experiencia, acostumbrados a que, en ocasiones, el partido se embarra y ellos también son mejores en los pequeños detalles. Muchas veces, a nadie se le esconde, la única diferencia es tener a Messi

El equipo de Luis Enrique no hizo un partido para enamorar al fútbol, pero acertó a leer y aprovechar los enormes errores del City. Se fue al descanso ganando gracias a un fallo multiorgánico de los ingleses. Un balón tonto perdido en el lateral izquierdo por un jugador que sueña ser Maradona. Zabaleta que se tira como un depredador a la presa pero no encuentra la bola. Fernandinho, ese hombre, que es incapaz incluso de mantenerse en pie. Y el balón llega a Messi que, hombre agradecido, nunca rechaza un regalo. 

Así empieza a construirse una muralla. Los de Guardiola miraban al marcador y los complejos acudían. Intentaron desquitarse, tuvieron sus opciones. Dominaron incluso. Pero nada. En el final de la primera parte un balón en la banda derecha terminó con una mano clamorosa de Digne dentro del área que la coral de árbitros del partido (¿existe algo más inútil que el juez de gol?) fue incapaz de ver. Otro error beneficioso para el Barcelona, que tampoco fue el último. 


Jesús Garrido

El técnico del Manchester City se ha transformado en Alemania y Martí Perarnau lo explica detalladamente en su segundo libro sobre la experiencia del entrenador en la Bundesliga

Después llegó el del ex. Claudio Bravo, nervioso en otras fases del partido, decidió en la segunda parte finiquitar el encuentro con un descalabro. Salió fuera del área sin necesidad, intentó despejar y solo consiguió regalarle el balón a Luis Suárez, a poco más de cinco metros de él. El uruguayo, que no es nuevo, buscó portería y al chileno solo se le ocurrió sacar a pasear la mano y ser expulsado. Lamentable actuación en un tipo de su experiencia.

Contra diez y con el viento de cola, el Barça se puso a volar durante unos minutos. Dos goles más de Messi, en ocho minutos, el segundo acompañado de otro error garrafal de la defensa del City. Stones, que es de escayola y no puede recoger un pase blandito que le venía de Gundogan, deja pasar la bola hasta Suárez, que se la regala a su socio de siempre, Messi. Luego, para rematar la noche del fallo, Neymar erró un penalti. Más tarde lo subsanó poniendo el cuarto en el marcador. Una goleada, sí, aunque algo engañosa. 

Guardiola, el resto de sus días, tendrá que lidiar con el examen personal que supone ir al Camp Nou. Por el momento dos partidos, dos derrotas, siete goles en contra y ninguno a favor. Como para pedir la baja antes de cada viaje. En esta ocasión, con esa manía suya —heredada de su maestro, Cruyff— de hacer siempre alguna pirueta arriesgada en cada partido importante, decidió dejar a su mejor jugador en el banquillo. Agüero, pensó, no cuadraba en el Camp Nou. Pobló el campo de centrocampistas, pero no le sirvió para dominar una noche que, en realidad, nunca fue domesticada. Tuvo ratos de buen juego, otros de control intenso, pero siempre deslavazado, sin saber dirigir lo que pasaba. Además, no tiene a Messi. Ni siquiera tenía al Kun, un jugador que por sí mismo puede desequilibrar un partido. Otro error, también en el banquillo. 

 

Guardiola, sin antídoto

Cuando Pep juega contra sus ex siempre está la curiosidad de pensar qué sabe él que nosotros desconocemos, cuál es el antídoto a su propia obra. Es obvio que no lo ha encontrado, aunque lo intentó en esta ocasión de una manera que, por lo menos, sorprendió. Porque era muy poco él: mucha estopa. El Manchester City se mostró muy agresivo sin el balón, pegó con frecuencia e incluso terminó lesionando a Piqué. Antes, casi al principio, se tuvo que marchar Jordi Alba, que volvía y recayó. En el Barça también hubo palos, sobre todo de los que tienen el fútbol más sucinto. Así terminó Mathieu expulsado, cuando la cosa ya no estaba en juego porque el partido estaba sentenciado. 

Luis Enrique nunca será un icono pop como su rival, no ha abierto las aguas del Mar Rojo ni cerrado el Festival de Woodstock con una palabra suya, pero como heredero no es de los derrochones sino de los que saben maximizar lo que les llega. La obra de Guardiola, que le llegó algo mermada, ha quedado revitalizada con pequeños cambios. No es el equipo que dominaba los partidos de quilla a perilla, que negaba el balón hasta extremos desconcertantes, pero sí es uno que sabe  navegar en todos los escenarios posibles. Si el fútbol se pone rudo no se desquicia, si hay que tocar se toca desde atrás y si el recurso es la velocidad se lleva a cabo sin remilgos. Tiene, además, el hilo conductor de toda la obra aún en estado de gracia. 


Alonso Castilla

El Manchester City visita el Camp Nou con Pep Guardiola al frente. El técnico teme como pocos a Messi. Más o menos como Bartomeu, que deberá aflojar la cartera con el nuevo contrato del crack

El Barcelona no es concebible sin Messi, ningún equipo que le tuviese a él sería explicable sin detenerse en él. Acaba de volver de una lesión y ya está marcando goles. No necesariamente los más bonitos de su carrera, no necesitó eso, le valió con saber aprovechar las ocasiones, ir diseccionando la defensa del City en busca de debilidades hasta encontrarlas. Y no tardaron en aparecer, porque Guardiola no parece haberse puesto aún en la escuela con la lección de que un error contra los tiburones es una muerte segura. Estaba ahí para aprovecharse, para finalizar siempre con esmero y reivindicar, una noche más, que es un hombre de otro mundo. Es la rutina de la excelencia, el martillo pilón que nunca desaparece. Pep y Luis Enrique, cuando se vean y se abracen, pueden compartir juntos el secreto que no dirán pero sin duda pìensan: su trabajo es mucho más sencillo cuando juega el genio. 

Ellos dos emanan de la misma idea, empezar jugando desde atrás, tener un portero que ejerza de líbero, sacar el balón a banda no rifarlo… en muchas ocasiones, ambos equipos eran un espejo en el que todo lo de un lado se replicaba en el otro. El Barça, eso sí, limitando los errores. Y teniendo a Messi. Por eso ganaron y, salvo descalabro, se llevarán este grupo que parecía trampa, pero no

Ficha técnica

4 – Barcelona: Ter Stegen; Mascherano, Piqué (Mathieu, min.39), Umtiti, Jordi Alba (Digne, min.9); Sergio Busquets, Rakitic, Iniesta (André Gomes, min.80); Messi, Luis Suárez y Neymar.

0 – Manchester City: Bravo; Zabaleta (Clichy, min.57), Otmendi, Stones, Koralov; Gündogan (Agüero, min.79), Fernandinho, Silva; Sterling, De Bruyne y Nolito (Caballero, min.57).

Goles: 1-0: Messi, min.17. 2-0: Messi, min.61. 3-0: Messi, min.69. 4-0: Neymar, min.89.

Árbitro: Milorad Mazic (SRB). Mostró tarjeta amarilla a Silva (min.29), Fernandinho (min.40) y expulsó con tarjeta roja a Bravo (min.53) y a Mathieu (min.71 y 73).

Incidencias: partido de la tercera jornada de la fase de grupos de la Liga de Campeones disputado en el Camp Nou ante 96.290 espectadores.

Fuente: ElConfidencial – Deportes