Por qué nadie puede hacerle sombra a Daniel Ortega en Nicaragua

09.09.2016 – 05:00 H. Unos cuantos caminos de tierra por los que previsiblemente transitarán los equipos encargados de construir el canal que unirá a los ...
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09.09.201605:00 H.

Unos cuantos caminos de tierra por los que previsiblemente transitarán los equipos encargados de construir el canal que unirá a los océanos Atlántico y Pacífico y deberá situar a Nicaragua en el mapa mundial. Hasta ahora, solo eso ha podido concretarse del megaproyecto que desde 2012 se convirtió en la bandera de combate del gobierno sandinista; el mismo que en noviembre próximo volverá a postular a “su comandante” Daniel Ortega para la presidencia.

En principio, la historia no parece tener nada de trascendente. Para los registros quedaría en el catálogo junto a otras tantas “causas de conveniencia” empleadas por diversos Gobiernos para ganar rédito en sus horas más bajas. Sin embargo, a diferencia de las islas Malvinas, la exigencia de una salida al mar por parte de Bolivia o la cruzada contra el terrorismo de la era Bush, el fracaso –o al menos la virtual paralización– de las obras del canal no ha provocado una debacle en la popularidad de Ortega y sus seguidores del “sandinismo puro”.

Todo lo contrario. Si las elecciones generales (previstas para noviembre) se celebrasen hoy, el máximo hombre del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) conseguiría su tercer mandato consecutivo con entre el 44% y el 62,8% de los votos, muy lejos de cualquier potencial competidor, y con el valor añadido de llevar como compañera de fórmula a su propia esposa y de contar con una Asamblea Nacional virtualmente subordinada a la Presidencia. Casi una década después de recuperar el control de la nación centroamericana, el otrora líder guerrillero (a punto de cumplir 71 años) se presenta como el hombre providencial para ese pequeño país de solo 6,2 millones de habitantes y la segunda renta percápita más baja de la región.

Ortega está orquestando una sucesión dinástica”, asegura el periodista opositor Carlos Fernando ChamorroOrtega está orquestando una sucesión dinástica en Nicaragua”, asegura lapidario el periodista Carlos Fernando Chamorro, director del semanario digital ‘El Confidencial’ de Nicaragua y del Centro de Investigaciones de la Comunicación, ambos con sede en Managua. Hijo de Violeta Chamorro (la candidata que desbancó a Ortega en los comicios de 1990), Carlos Fernando parece contar con suficientes credenciales y experiencia como para respaldar sus afirmaciones; sobre todo por el hecho de haberse desempeñado, allá por la década de 1980, en la dirección de ‘Barricada’, el órgano oficial del FSLN durante su estancia en el poder.

De sus años “rojinegros” el descendiente del clan Chamorro heredó un recelo hacia la formación izquierdista que no esconde, aunque aclara que ya no son los tiempos de la lucha guerrillera o de la publicitada construcción del socialismo. “Lo que estamos viendo es una conjugación de autoritarismo y represión con un clima de negocios proinversión privada. Ortega llegó al poder en 2007 con un apoyo del 38%. Después de nueve años, su techo electoral sobrepasa el 50%, en gran parte por el asistencialismo y la cooptación del Estado y a que la oposición se ha debilitado. Este es un régimen autoritario con apoyo popular”.

Para entender las dinámicas que rigen el complejo panorama nicaragüense es necesario remontarse a una premisa esencial: la debilidad de la élite local, incluso si se le ubica comparativamente dentro del atrasado contexto de su región inmediata. Los interminables conflictos de principios del siglo XX y la agresiva política cleptocrática impuesta por la dinastía Somoza, se coaligaron más tarde con la tormentosa década de gobierno sandinista y la “guerra de baja intensidad” de la administración Reagan para llevar al país al borde del colapso financiero y social. Para colmo de males, en los años 90 los gobiernos de la escuela neoliberal se lanzaron a una carrera desenfrenada por privatizar todo lo privatizable, ganándose de paso el discutible mérito de incluirse entre los más corruptos del mundo.

Marcha del movimiento de los 'Fiscales y ciudadanos indignados' contra Daniel Ortega, el 27 de agosto de 2016 (EFE)Marcha del movimiento de los ‘Fiscales y ciudadanos indignados’ contra Daniel Ortega, el 27 de agosto de 2016 (EFE)

Una historia turbulenta

Un empresariado débil y un estado poco desarrollado son los rasgos distintivos del país en ambos aspectos, a lo que se debe sumar una identidad nacional profunda, fortalecida por la larga historia historia de enfrentamiento a diversas amenazas externas. “Nicaragua fue el país que más sufrió a causa de las expediciones filibusteras del norteamericano William Walker, a mediados del siglo XIX, y las intervenciones militares de ese mismo país, varias décadas después. A partir de aquellos años de confrontación, y de la figura de [Augusto] César Sandino y las décadas terribles del somocismo, los nicaragüenses han ido conformando una particular cosmovisión, en la que lo ‘nacional’ se encuentra muy bien definido”, apunta Mercedes Gener, profesora universitaria cubana que a mediados de los ochenta impartió clases en la nación centroamericana. Un cuarto de siglo más tarde regresó como parte de un convenio de colaboración suscrito entre La Habana y Managua, y respaldado por las generosas ayudas petroleras del gobierno venezolano.

“Me sorprendió ver a antiguos ‘contras’ [guerrilleros anticomunistas] compartiendo labores con los ‘compas’ [soldados sandinistas], sin la más mínima dificultad. Para muchos era difícil olvidar los años de guerra contra la dictadura de Somoza o la que siguió después, financiada por los Estados Unidos contra el gobierno que presidía Ortega, pero el espíritu general que percibí era de que convenía dejar aquellos acontecimientos en el pasado. ‘Es que todos somos nicas’, me decía uno de mis alumnos en una oportunidad, y creo que por ahí van las cosas”, señala Gener. “De Centroamérica he visitado también El Salvador, Guatemala y Panamá, y el sentido de pertenencia a cada país es distinto; no mejor ni peor, pero sí distinto”.

Tanto, que todos los gobiernos de la etapa democrática (desde 1990 hasta la fecha) han optado por incentivarlo al margen de identidades políticas o alianzas fuera de sus fronteras. De las primeras basta solo recordar el tándem electoral que le permitió a Ortega imponerse en las presidenciales de 2006 y lo ha seguido respaldando desde entonces, integrado por no pocos de sus antiguos enemigos de la “Contra” y figuras disidentes de las fuerzas políticas tradicionales. De las segundas, el hábil ejercicio de equilibrio en que se desenvuelve la diplomacia nica, siempre dispuesta a estrechar vínculos con cualquier socio potencial.

Nicaragua posee bajos niveles de violencia y una cultura empresarial incipiente, y brinda buenas condiciones a la inversión extranjeraLa relación con China y Taiwán ilustra con fidelidad el asunto. Mientras Beijing se ha centrado en controlar la ruta del canal –y virtualmente la economía nacional– por cuenta de un empresario privado de Hong Kong, Taiwán apuesta por penetrar a través de las pequeñas y medianas inversiones, los créditos comerciales y las relaciones pueblo a pueblo (cada año, cientos de taiwaneses reciben becas para formarse en centros educativos de la nación istmeña). En tanto, Ortega se desmarca de cualquier conflicto que tal duplicidad pudiera producir. “Nicaragua no tiene por qué tomarse pleitos ajenos cuando ellos mismos tienen relaciones comerciales entre sí. Antes bien, debemos agradecer a quienes ayudan a un pueblo con necesidades”.

Externamente, la permanencia en el poder de Daniel Ortega reporta más beneficios que perjuicios. Para Washington –y mucho más para Moscú o los potenciales inversores del mundo árabe – es perfectamente posible conciliar con un gobierno como el sandinista, que brinda inmejorables condiciones a la inversión extranjera, asegura la estabilidad interna de su país bajo aceptables márgenes de participación democrática y provee un “recurso” tan escaso como necesario para la región: índices de violencia que se asemejan a los muchos países del Primer Mundo. “Aunque Nicaragua parece un sitio poco propicio para hacer negocios, existe una buena cultura empresarial en formación”, asegura la embajadora de Estados Unidos en Managua, Phyllis Powers, para quien el liderazgo local contribuye al “emprendedurismo social” y sirve de modelo a sus vecinos.

Menos optimista pero con similares conclusiones, Carlos Fernando Chamorro piensa que el mandatario y su versión del sandinismo están lejos de afrontar una crisis, incluso luego del virtual golpe parlamentario que desarrollaron hace algunas semanas. “El apoyo venezolano ha sido clave para financiar el clientelismo y afianzar la alianza [del Gobierno] con el sector privado. Por esa vía se han recibido unos $ 3 500 millones de dólares en los últimos ocho años, de los cuales cerca del 60% se ha desviado hacia actividades privadas lucrativas. Es un régimen que no está en una etapa de debilidad, sino en una etapa de fortalecimiento”.

Ortega lo sabe porque ha trabajado para ello. Más que en busca de triunfos absolutos, su estrategia se ha decantado por victorias en las que se cuenten el mayor número posible de ganadores… al menos entre los que de verdad importan. Ahí está el secreto de su éxito.

Fuente: ElConfidencial.com