Roque y Tana devoran la valentía de Zidane

24.09.2016 – 22:55 H. – Actualizado: 37 M. El Madrid ya no es infalible. Dejar de ganar un partido hace unos años era razonable, entraba dentro de la ...
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24.09.201622:55 H. – Actualizado: 37 M.

El Madrid ya no es infalible. Dejar de ganar un partido hace unos años era razonable, entraba dentro de la lógica formal de una competición igualada, pero la superioridad de Barcelona y Real Madrid en la última década ha originado que cada empate se analice desde el punto de vista de la derrota. El empate contra el Villarreal lo fue, en parte, pero podía creerse que fue un día en el que no salieron las cosas, simplemente, es decir, un bache en el camino. Sacar solo otro punto de Las Palmas de Gran Canaria ya suena a problema. El Madrid no ha conseguido dos puntos ante esos dos equipos, sino que ha dejado de ganar cuatro, cuatro que debería haber ganado.

Este inicio de dinámica negativa (pues dos partidos malos consecutivos supone eso), borrará de la memoria lo que hizo Zidane para ganar el partido, precisamente el motivo que habría abierto las portadas de los grandes periódicos y de los telediarios. El Madrid ha jugado durante los últimos años con un 4-3-3 que solo en ocasiones podía transformarse en un 4-4-2. Pero el técnico sintió que su equipo necesitaba una diminuta revolución que pudiera resolver un partido que estaba muy cerrado. Quitó a Marco Asensio, que estaba jugando de enganche, para añadir a Benzema y jugar así con el francés y Morata en punta. Pasó a un 4-2-4 excepcional que le dio resultado. Benzema marcó gracias a que esa disposición táctica situó al Madrid encima del marco de Javi Varas, cerrando la salida del balón y provocando recuperaciones altas que propiciaban peligro. Un acierto que se olvidará pronto.

Zidane se sacó ese as (habitual en muchos equipos, muy raro en el Madrid) porque jugarle a la Unión Deportiva es realmente difícil. Y más a esta, no a la que jugó en Anoeta sin tensión competitiva alguna desde el inicio. En casa y contra el Madrid hizo todo lo contrario. Otro entrenador habría encarado la baja de Boateng añadiendo otro jugador de contención al centro del campo para crear superioridad ante el líder de LaLiga Santander, pero eso no lo hace Setién. Plantó dos pivotes a diferentes alturas y otros cuatro jugadores con vocación ofensiva y una voluntad sobrecogedora de trabajo, una labor menos ardua si se maneja la pelota la mayor parte del tiempo.

Las Palmas gira en torno a Roque Mesa y todo lo que sucede en el equipo procede de él, tanto en la faceta de creación, como en la destrucción. La exuberancia del canario, que está llamado a encandilar a Lopetegui más pronto que tarde, está rodeada de talento y mucho trabajo táctico de base, pura obra de Setién. Hasta que Zidane no puso a cuatro delanteros y aplastó al contrario contra su meta, el partido de Vicente y Mesa en la contención de Kroos, Modric y, sobre todo, Asensio, fue hasta sencillo. La creación del Madrid volvió, una vez más, a no encontrar mayor manera de progresión que por la banda derecha con la potencia de Bale y las apariciones de Carvajal. Morata trataba de ofrecer una alternativa en la izquierda, donde le obligaba a caer un estático Cristiano, que resta más que suma. El pase cruzado de Kroos y Ramos al costado diestro era la única vía de escape con potencial éxito.

El despliegue de Mesa fue sobrecogedor. (Ángel Medina G./EFE).El despliegue de Mesa fue sobrecogedor. (Ángel Medina G./EFE).

Al Madrid le gustan los intercambios de golpes. Tiene jugadores que son expertos en esa manera de jugar y si el contrario le propone un combate hasta el KO, el Madrid se sube al ‘ring’ gustoso. Pero un boxeador no lucha si tiene un ojo morado de inicio, y el Madrid estaba tuerto. Ha llegado a tal punto la influencia de Casemiro en el equipo que sin él hay una descompensación que no tiene solución. Zidane no buscó un sustituto, sino que retrasó a los dos que tiene el brasileño siempre delante, Kroos y Modric, a la zona de creación para que produjeran juego, pero si ellos bajan nadie recibe y continúa el proceso hacia la delantera. Asensio jugando de ’10’ se encontraba de morros con Roque Mesa y de inmediato se sentía inferior pese a sacarle una cabeza. Cómo impone el teldense.

El intercambio de golpes no generó heridas graves en ninguno hasta bien entrado el partido. Bale, con el centro cerrado y obligado a estancarse en la banda, no paraba de buscar a Morata, pero Morata todavía no ha agarrado la camiseta del Madrid como debe hacerlo el ‘9’ del equipo blanco. No hablamos ya de goles, que alguno ha marcado, sino en la influencia en el juego, en la lectura de la jugada. De Cristiano mejor no hablamos. En el otro lado, Roque la sacaba, Tana la gestionaba y Viera miraba con altanería a la defensa blanca. Livaja luchaba, que es a lo que ha venido a la isla, a luchar.

No estaba siendo un partido exacto, a cada equipo le faltaba siempre un último toque, un regate que no salía o una milésima de segundo de pensar demasiado o muy poco. Para seguir ese guion vienen muy al hilo los cuatro goles, todos de rebote, malparidos, pero bienhallados. Lo que resulta desconcertante de todos ellos es que el primero se gestara por una gran jugada de Nacho, no porque no sea capaz, que lo es, sino por lo poco habitual que es ver al canterano prodigarse en jugadas ofensivas individuales. Su rebote lo marcó Asensio. No hizo un buen partido, pero volvió a marcar. Siempre aparece, de alguna manera.

Araujo marcó el 2-2 (Juan Medina/Reuters).Araujo marcó el 2-2 (Juan Medina/Reuters).

En el intercambio, podía llegar el gol de Las Palmas. Marcó Tana, el chico que no le gustaba a Paco Herrera y que Setién ha transformado en un ’10’ en un crecimiento progresivo al que no me aventuro a poner techo. Vino de un rebote, claro. Pero es que también llegó tras un rechace el de Benzema, recién entrado para jugar de mediapunta, acabó por finalizar como un ariete porque Cristiano falló un mano a mano. Y al final, Araujo. Ese niño que estuvo en el Barça B sin pena ni gloria que parece haberse centrado por fin en el fútbol tras un debut en Primera donde pasó desapercibido.

La peculiaridad del gol del 2-2 es que apareció cuando la UD se había dado por vencida. La toalla estaba a punto de caer sobre la lona dando por acabado el duelo. Isco había entrado al campo para darle al Madrid la pausa que llevara el cronómetro hasta el minuto 94 sin sobresaltos. Sin avisar, Tana puso un balón aéreo a la frontal, Vicente la dejó de cabeza y apareció el ‘chino’. Disparó sobre Casilla, cazó casi sin querer su propio rechace con la izquierda evitando que la pelota se marchara y sobre la línea llegó antes que Nacho para marcar. A esas alturas no se lo esperaba el estadio de Gran Canaria, pero por fin le robó dos puntos al Real Madrid.

Ficha técnica

2. Las Palmas: Javi Varas; Míchel Macedo, David García, Aythami Artiles, Dani Castellano; Roque Mesa; Momo (Araujo, min. 69), Vicente Gómez, Jonathan Viera (El Zhar, min 54), Tana; y Livaja (Lemos, min. 88).

2. Real Madrid: Kiko Casilla; Carvajal, Varane, Ramos, Nacho; Modric, Kroos, Asensio (Benzemá, min. 64); Bale, Morata (Isco, min. 80) y Cristiano Ronaldo (Lucas Vázquez, min. 72).

Goles: 0-1, min. 33: Marco Asensio. 1-1, min. 38: Tana. 1-2, min. 67: Benzemá. 2-2, min. 85: Araujo.

Árbitro: Xavier Estrada Fernández (Comité Catalán). Mostró tarjeta amarilla a los jugadores locales Roque Mesa (min. 23), David García (min. 54) y Tana (min. 90+1), y a los visitantes Kroos (min. 58) y Carvajal (min. 77).

Incidencias: partido disputado hoy en el Estadio de Gran Canaria, ante 22.520 espectadores, según informó el club local. Realizó el saque de honor el equipo de vela del Real Club Náutico de Gran Canaria que se proclamó campeón del mundo en la Clase 420.

Fuente: ElConfidencial – Deportes