¿Se desmorona el proyecto de la ultraderecha alemana?

20.04.2017 – 20:37 H. Alternativa para Alemania (AfD) hace aguas. El partido islamófobo, nacionalista y euroescéptico que irrumpió hace cuatro años con un ...
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20.04.201720:37 H.

Alternativa para Alemania (AfD) hace aguas. El partido islamófobo, nacionalista y euroescéptico que irrumpió hace cuatro años con un ímpetu inédito en la vida política alemana se enfrenta a su mayor crisis hasta la fecha. Tras entrar en diez de los dieciséis parlamentos regionales y llegar a colocarse como tercera mayor fuerza en las encuestas a nivel nacional, sus tasas de apoyo están derrumbándose y las peleas internas le están haciendo mella. Esta semana, de cara al congreso que arranca mañana y en que AfD debe elegir a su candidato para las elecciones de septiembre, su principal rostro y reclamo moderado, Frauke Petry, ha renunciado a liderar el proyecto. ¿Se desmorona el proyecto ultraderechista alemán?

El videomensaje de Petry ha sido una carga de profundidad. “Para acabar con todas las especulaciones en este sentido, aprovecho la oportunidad de este videomensaje para asegurar con rotundidad que no estoy disponible ni para presentarme como candidata en solitario ni dentro de un equipo”, aseguró la hasta ahora copresidenta de AfD en una declaración grabada que se difundió el miércoles. El mensaje pilló con el pie cambiado tanto a la mayoría de su partido como a los medios de comunicación, a tan sólo tres días del congreso nacional de su partido que debe definir la apuesta de la formación de cara a las parlamentarias del 24 de septiembre, tanto los nombres de los candidatos como el programa político.

AfD puede perder parte del voto del desencanto que atraía Petry, pescando abstencionistas aunque también voto conservador y de izquierdasMuchos observadores contaban con que, pese a las luchas intestinas, Petry se acabase imponiendo como cabeza de cartel de AfD para los próximos comicios. Por ser la cara más conocida de la formación, pero también por representar al ala más moderada (o menos extremista) dentro de la formación. Según muchos politólogos, ha sido ella y su mensaje, la que ha llevado a su partido a las mayores cotas de popularidad que ha tenido una formación ultraderechista en Alemania desde la II Guerra Mundial. “Para mí es importante”, prosiguió Petry en su mensaje, “que podamos debatir urgentes cuestiones técnicas” que “decidirán el destino de AfD en los próximos meses y años, independientemente” del debate sobre “personas”.

Las reacciones han sido múltiples y variadas, alimentando la confusión. En el partido están quienes se alegran de su marcha, por considerarla una advenediza ávida de poder y sin mucha ideología. Otros lamentan su pérdida y temen que se agudice la deriva extremista de AfD. Un tercer grupo ni siquiera está seguro de que este anuncio de Petry suponga su salida definitiva de los puestos de mando del partido. Creen que podría maniobrar para volver. La saben curtida en batallas internas. La cuestión está en el aire y planeará sobre el congreso que reúne a la flor y nata del partido este sábado y domingo en Colonia.

Lo que parece probable es que, si de verdad Petry da un paso a tras, el programa de AfD se radicalizará. Esto satisfará a los más extremistas, a los que no gustaba la calculada ambigüedad de la líder saliente. Pero esto seguramente pasará factura al partido. Porque se le marchará parte del voto del desencanto que atraía Petry, pescando abstencionistas aunque también voto conservador y de izquierdas, entre colectivos que recelan de la inmigración pero no son abiertamente racistas.


Andreu Jerez. Berlín

Movimientos y partidos de ultraderecha avanzan electoralmente en Alemania, pero ya no son los marginales de antaño. Su viejo sueño, formar un Frente de Derechas, parece hoy algo plausible

Los indignados y el “núcleo oscuro”

La decisión de Petry, no obstante, es sólo el ultimo episodio de una tragedia que llevaba meses mascándose en las filas de esta formación nacionalista y islamófoba. La clave de las disputas internas, como explica el experto en la ultraderecha alemana Hajo Funke en su libro ‘Sobre ciudadanos indignados y pirómanos’, es precisamente esta dicotomía. La disputa en el seno de AfD entre los denominados moderados y los radicales. Petry, voz de los primeros, logró por momentos aglutinar a todo el partido detrás de ella. Consiguió hacer de vínculo entre ambas familias, pero lo que Funke denomina el “núcleo oscuro” ha conseguido tirar cada vez más hacia la derecha al partido. Hasta que el nexo de unión se ha roto.

Este radical “núcleo oscuro” está liderado por el otro copresidente de AfD, Jörg Meuthen, que como demostración de su sintonía con Petry ni siquiera ha reaccionado oficialmente a su mensaje bomba. Este grupo incluye además a personajes como Alexander Gauland, vicepresidente del partido, que abandonó a los cristianodemócratas de Merkel cuando surgió esta nueva formación, y a Björn Höcke, líder regional AfD que ha hablado de las “estrategias reproductivas” de los africanos para disolver la identidad de Alemania y que hace poco desató una tormenta política al considerar una “vergüenza” que en el centro de Berlín hubiese un memorial en recuerdo a los millones de judíos asesinados en el Holocausto. Petry logró con su empecinamiento personal que se le abriese un expediente interno en el partido.

Petry canta junto a Meuthen al final del congreso del partido en Stuttgart, en mayo de 2016. (Reuters) Petry canta junto a Meuthen al final del congreso del partido en Stuttgart, en mayo de 2016. (Reuters)

De euroescépticos a islamófobos

AfD nació en 2013 como un partido de corte elitista -sus fundadores eran economistas y catedráticos- y de carácter euroescéptico. Eran los tiempos de la crisis del euro y de los rescates. Pese a su ascenso, no logró ese año acceder al Bundestag en las elecciones parlamentarias de septiembre, No alcanzó el mínimo legal del 5%. Pero se quedó a las puertas, con un 4,7%. Luego vino el estancamiento, la búsqueda de un programa integral, el intento de llegar a más gente. Y las luchas intestinas. Finalmente la familia más nacionalista y ultraconservadora, liderada por Petry, se impuso. En 2015 abandonaron el partido las dos figuras que representaban el euroescepticismo y el liberalismo económico: su fundador y rostro más visible de la primera época, Bernd Lucke, y el expresidente del lobby de la industria alemana, Hans-Olaf Henkel.

Ahora su apoyo oscila entre el 7 y el 8%. Entraría en el Bundestag, convirtiéndose en la primera fuerza ultraderechista en acceder a la cámara bajaDesde su fundación, AfD ha logrado representación en las elecciones europeas de 2015 y acceder a diez de los 16 parlamentos regionales de Alemania (de los once que han celebrado comicios desde entonces). En algunos entró por la mínima, como en Bremen (5,5%) y Hamburgo (6,1%), pero en otros logró unos resultados francamente positivos. En 2016, al calor de la crisis de los refugiados, alcanzó el 24% en Sajonia-Anhalt y el 20,8% en Mecklemburgo-Antepomerania, superando aquí a la Unión Cristianodemócrata (CDU), lo que supuso un sonoro varapalo psicológico para las filas de la canciller. Era la época dorada de AfD. Entre septiembre del año pasado y enero de este los sondeos nacionales de intención de voto le atribuían unos apoyos de entre el 12 y el 13%. Era, al menos virtualmente, la tercera fuerza política con mayor respaldo en Alemania, por detrás tan sólo de la CDU y los socialdemócratas. Había rebasado a La Izquierda, a Los Verdes y al Partido Liberal (FDP).

Desde entonces, sus resultados en las encuestas no han dejado de caer. Ahora sus apoyos oscilan entre el 7 y el 8%. Aún entrarían en el Bundestag al superar la barrera del 5%, convirtiéndose en la primera fuerza ultraderechista en acceder a la cámara baja alemana, pero con una representación mermada. A sus propios problemas hay que añadir el fuerte repunte que han registrado los socialdemócratas, impulsados en su candidato, el expresidente del Parlamento Europeo (PE), Martin Schulz, y el abatimiento, al menos mediático, de la crisis de los refugiados.

No obstante, hasta las elecciones del 24 de septiembre queda mucho tiempo. Tiempo para intrigas de partido, para desgastar candidatos y para una campaña electoral sucia. Para remontar y para hundirse. ¿Definitivamente?

Fuente: ElConfidencial.com