Viaje al frente de Mosul: a 15 kilómetros de la 'capital' del Estado Islámico

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Desde la loma de la montaña se puede ver con claridad la “ciudad dorada” del ‘Califato’, el preciado botín que todos ambicionan. A lo largo de los 1.000 kilómetros de trincheras que han cavado los peshmerga (las fuerzas kurdo-iraquíes) para defender sus posiciones y repeler los ataques suicidas del Estado Islámico, el frente norte de Bashiqa es la posición más avanzada. Está a tan solo 15 kilómetros de Mosul. Y la localidad de Bashiqa, bajo control de los yihadistas desde junio de 2014, es un punto estratégico clave: la puerta que conduce hacia la ‘capital’ del ISIS en Irak. No se puede avanzar hacia la ciudad sin liberar antes Bashiqa. 

Una amalgama de fuerzas y milicias puebla las montañas. Además de los peshmerga, hay tropas del Ejército turcofuerzas especiales canadienses, posiciones de las milicias separatistas kurdo-iraníes, milicias suníes (conocidas como Hashed al Watani), milicias cristiano-asirias y de las tribus Shabak (una minoría chií kurda). En teoría, cada uno de estos grupos está bajo el mando del general Bahram Yasin, de la 7º división Peshmerga en la base de Bashiqa. Pero en la práctica, el único factor de unión entre ellos es su antipatía hacia el Estado Islámico. Cada actor armado sospecha del otro, y todos temen que estalle una lucha violenta por el poder cuando arrebaten Mosul a los yihadistas. 

En el punto más alto de la zigzagueante carretera que conduce al bastión del Estado Islámico, a unos tres kilómetros de Bashiqa, medio centenar de combatientes iraníes del Partido de la Libertad del Kurdistán (PAK) defienden una pequeña posición, fuertemente fortificada con trincheras. Este grupo de apátridas kurdo-iraníes, que han nacido y crecido en los campamentos de entrenamiento de la guerrilla separatista, defiende la posición más peligrosa de todo el valle. Desde ahí mantienen a raya a los combatientes del ISIS, que atacan cada noche el puesto militar con obuses y cohetes de fabricación casera.


Ethel Bonet. Beirut

¿Qué hacen las guerrillas separatistas kurdo-iraníes luchando en Irak? Su presencia es un reflejo del caos que impera en la guerra contra el Estado Islámico. Unos meses después de la caída de Mosul en manos de los yihadistas, los partidos separatistas kurdo-iraníes enviaron a cientos de combatientes para apoyar a los peshmergas en los frentes de Kirkuk, Guer, Mahmour y Bashiqa. El PAK, formación política kurdo-iraní ilegalizada, tiene actualmente más de 700 guerrilleros combatiendo en Irak. “Llevamos un año aquí. Esta es nuestra tierra y por eso la defendemos”, dice Hazhar, su comandante, de tan solo 24 años. El joven anhela la ‘liberación’ de todo el Kurdistán para convertirlo, posteriormente, en un Estado independiente. “No vamos a marcharnos hasta que Mosul sea liberada”, asiente el líder guerrillero del PAK, antes de agregar: “Nos unimos a la batalla contra el ISIS a petición del Ministerio Peshmerga del Kurdistán iraquí y retornaremos a nuestras bases a petición del mismo ministerio también”.

Sus hombres han comprado de su bolsillo sus vetustos rifles Kalashnikov y los tres morteros con los que castigan las posiciones de los yihadistas en Bashiqa, porque los combatientes del PAK no reciben ayuda directa de los peshmerga. “Somos voluntarios, no necesitamos dinero para luchar, lo hacemos porque creemos en nuestra causa”, puntualiza Hazhar.

El comandante Hazhar, de 24 años, posa junto a los obuses y cohetes caseros con que el ISIS ataca sus posiciones. (Ethel Bonet)El comandante Hazhar, de 24 años, posa junto a los obuses y cohetes caseros con que el ISIS ataca sus posiciones. (Ethel Bonet)

¿Qué busca Turquía en Mosul?

La presencia de militares turcos y de sus aliados suníes (las milicias Hashd al Watani), que representan los intereses de la política exterior de Ankara en Irak, complica aún más el espectro de la caótica ofensiva de múltiples frentes sobre Mosul. Durante más de dos años, Turquía ha mantenido desplegado un grupo de soldados en Bashiqa, que entrena a cientos de milicianos suníes. En diciembre de 2015, Ankara envió un refuerzo de 150 efectivos, acompañados por entre 20 y 25 tanques, a la base de Bashiqa, un movimiento que alertó a Bagdad, que no había sido informado de este depliegue militar. El Gobierno iraquí exigió la inmediata retirada del contingente turco de Irak y calificó la acción de “incursión”.

Una vez más, se pusieron de manifiesto las marcadas divisiones entre las autoridades iraquíes y el Gobierno de la región autónoma del Kurdistán. Un mes antes del despliegue de tropas turcas en las inmediaciones de Mosul, el presidente del Kurdistán iraquí, Masud Barzani, había firmado un acuerdo con Ankara para cederle una base permanente en Bashiqa

Turquía tiene los ojos puestos en la liberación de Mosul para recuperar la influencia perdida, apoyando con entrenamiento y armas a las milicias de las tribus suníesDesde entonces, las fuerzas turcas han ganado terreno y extendido sus posiciones hasta mantener dos puestos avanzados a pocos kilómetros del bastión yihadista de Bashiqa para proteger al grupo de asesores turcos que entrena a más de 1.000 combatientes de las tribus suníes. Mandos de los peshmerga kurdos entrevistados por El Confidencial sospechan que los intereses de Turquía van más allá del entrenamiento de combatientes antiyihadistas: temen que Ankara haya puesto sus botas sobre el terreno para atacar a su archienemigo, la guerrilla del PKK, que aunque no tiene presencia en el frente de Bashiqa sí mantiene posiciones en las vecinas montañas de Sinjar.

A sus sospechas se suma la reclamación histórica de Mosul, que fue una provincia otomana hasta 1920. En realidad, Turquía nunca se ha resignado a perder Mosul. Tras largas e infructuosas negociaciones con Reino Unido, el contencioso de Mosul se elevó a la Liga de Naciones, que aprobó que el territorio en discordia formaría parte de Irak. Ankara no tuvo más remedio que firmar el tratado de Bruselas, por el que se reconocían las fronteras internacionales de Turquía e Irak. La vieja herida se abrió de nuevo con la guerra entre Irak e Irán (1980-1988), en la que el Ejército turco realizó hasta cuatro incursiones en el norte de Irak. En la posterior guerra de Kuwait (1990) y de nuevo en 1995, hasta 35.000 efectivos del Ejército turco se desplegaron en el norte iraquí, en la bautizada como operación Acero contra la guerrilla del PKK. Ahora, Ankara tiene los ojos puestos en la liberación de Mosul para recuperar la influencia perdida, apoyando con entrenamiento y armas a las milicias de las tribus suníes.

Mosul, la partida final 

A pesar del optimismo del Gobierno iraquí, que espera recuperar Mosul para finales del año, aún queda un largo camino por recorrer para liberar la segunda ciudad más grande de Irak. En primer lugar, el ejército iraquí y los peshmerga kurdos no coordinan sus operaciones, lo que ralentiza los avances contra el ISIS. Tampoco está claro el papel que desempeñarán el resto de actores armados, las milicias de Hashd al Watani y las de Hashd al Shabi, apoyadas por Irán en la toma de Mosul. El gran temor es que, una vez que el Estado Islámico haya sido expulsado de la ciudad, estalle una lucha confesional entre las milicias chiíes y suníes ante un vacío de poder en Bagdad.  

“El ISIS tiene francotiradores cualificados, unidades de mortero, han adquirido una gran destreza en plantar IED [artefactos explosivos improvisados] que detonan a distancia y coches bomba, lo que les hace aún más difíciles de combatir”, asegura HazharLa gran pregunta es: ¿quien luchará en Mosul? Las tropas peshmerga han pasado a la ofensiva contra el Estado Islámico con el fin de asegurar los pueblos y ciudades de mayoría kurda o los de otras minorías que languidecen bajo el Gobierno chií del primer ministro Haider al Abadi. Su misión es proteger el Gobierno Regional del Kurdistán, ampliar sus fronteras si es posible en su caso, e impedir las incursiones del ISIS en las capitales de provincia Erbil, Dohuk y Sulimaniyah.

Los líderes kurdos han sido reacios a moverse hacia Mosul sin antes cerrar un acuerdo político entre Bagdad y Erbil, capital del Kurdistán iraquí. Pero, por otro lado, no quieren perder su influencia y permitir que el Ejército iraquí o milicias árabes puedan llegar primero. “Nosotros estamos preparados para la batalla de Mosul, solo esperamos a que Bagdad dé el visto bueno”, declara el general Bahram Yasin, de la 7º división Peshmerga. No obstante, advierte de que “si otros grupos armados iraquíes que no son el ejército regular se mueven hacia Mosul, los peshmerga iremos a liberarla”. Preocupado por las ambiciones separatistas de los kurdos, el primer ministro Al Abadi vacila a la hora de cooperar con los peshmerga en la ofensiva para arrebatar a Daesh la segunda ciudad de Irak. Hace unas semanas, insistió en que solamente las fuerzas del Estado entrarían en Mosul.

En medio de este juego de rivalidades se encuentra Estados Unidos, que entrena a soldados iraquíes, fuerzas peshmergas y a los combatientes suníes de Hashd al Watani. El general peshmerga Bahram Yasin considera que debería ser la coalición internacional, liderada por EEUU, quien defina qué fuerzas participarán en la conquista de Mosul y no el Gobierno de Bagdad. Su mayor preocupación es que una vez que Mosul sea finalmente liberado, “pueda estallar un enfrentamiento armados entre sus unidades y los militares iraquíes o milicias árabes”.

¿Está el ISIS debilitado?

El general Bahram y sus hombres creen que el Estado Islámico, pese a que sigue representando una amenaza grave, empieza a sentir la presión. “Hace apenas dos meses, nos bombardeaban con 20, 30 o incluso 40 proyectiles de mortero diarios. Ahora, se ha reducido”, asegura. El oficial afirma que los yihadistas empiezan a estar faltos de suministros y utilizan tuberías y materiales de construcción que rellenan con explosivos para atacarles. Los peshmerga, en cambio, están ahora mejor equipados. Su brigada ha recibido misiles antitanque MILAN, ametralladoras pesadas y 800 armas de menor calibre de la coalición internacional.

No comparte su opinión el joven comandante iraní del PAK. Para alguien que está en primera línea, el Daesh no muestra señales de derrota. “El Estado Islámico tiene francotiradores cualificados, unidades de mortero, han adquirido una gran destreza en plantar IED [artefactos explosivos improvisados] que detonan a distancia y coches bomba, lo que les hace aún más difíciles de combatir”, asegura Hazhar.

Ante los bombardeos aéreos de la coalición, que han reducido su capacidad de movimiento, el ISIS ha optado por una táctica defensiva, advierte el comandante kurdo-iraní. “Los yihadistas han cavado trincheras y túneles subterráneos para evitar los ataques aéreos. Tampoco se mueven en vehículos todoterreno, sino que utilizan motocicletas o tractores pequeños para no ser identificados, y queman neumáticos para que el humo negro impida la visibilidad a los aviones y drones de reconocimiento”.

Fuente: ElConfidencial.com