‘7 años’, un thriller (casi) impecable de Netflix

Dentro de apenas unas horas seremos testigo de todo un acontecimiento para el cine español, ya que será mañana viernes 28 de octubre cuando Netflix estrene ...
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Dentro de apenas unas horas seremos testigo de todo un acontecimiento para el cine español, ya que será mañana viernes 28 de octubre cuando Netflix estrene ‘7 años’, su primera película rodada en castellano. Lo hace además con una gran campaña de promoción en lo que no deja de ser un primer paso para asentarse en nuestro país como productora de ficción propia, algo que está intentando hacer en todos los mercados a los que va llegando.

‘7 años’ es además el nuevo trabajo tras las cámaras de Roger Gual, responsable de cintas como la excelente ‘Smoking Room’, la cual co-dirigió y co-escribió junto a Julio D. Wallovits, o la estimable ‘Remake’. En esta ocasión parte de un guion ajeno para lo que podría parecer un trabajo de encargo, pero luego nos encontramos con una estupenda propuesta que se apoya en el notable trabajo de su quinteto protagonista.

El intenso dilema de cuatro cabrones

Manuel Moron Siete Anos

Manuel Moron Siete Anos

A estas alturas creo que ya estaréis familiarizados con el hecho de que la premisa de ‘7 años’ es que los cuatro socios de una empresa han de tomar la decisión de quién de años ha de sacrificarse por el equipo e ir a la cárcel por haber manipulado las cuentas. Para ello contratan a un mediador que ha de ayudarles a tomar una decisión. Hasta ahí todo parece razonable, pero el principal eje dramático de la función depende de que los cuatro vayan mostrando su verdadero rostro, y todos ellos acaban siendo unas cabrones.

Además, son cabrones de diferente forma, siendo en algún caso más evidente por dónde va a tirar, mientras que en otros se juega un poco el factor sorpresa. De esa forma, ‘7 años’ va renovando progresivamente su interés a medida que conocemos nuevos detalles de los cuatro implicados, mientras que el mediador –impecable Manuel Morón– sólo cobra protagonismo cuando realmente ha de guiarlos en determina dirección, por lo que es comprensible que vaya perdiendo peso a medida que avanza su ajustado metraje.

Además, el mediador no deja de ser un punto de equilibrio moral para justificar que la creciente tensión no se salga de madre más allá de un par de ráfagas concretas que no llegan a adquirir continuidad. Lo que sí va en aumento es el mal rollo que surge entre lo que al principio eran cuatro grandes amigos muy bien avenidos. Sin embargo, ninguno quiere ir a la cárcel y es ahí donde surge un dilema que no les deja otra que exteriorizar su verdadera opinión sobre los otros tres.

Alex Brendemuhl Siete Anos

Alex Brendemuhl Siete Anos

Al principio cuesta ser sinceros y dejar atrás lo políticamente correcto para no molestar al otro, pero el tiempo se acaba y hay que tomar una decisión. Gual no duda en subrayar eso desde la puesta en escena, comenzando la película con planos más amplios que van cerrándose de forma progresiva hasta acabar poco menos que atrapando a los personajes, dejándoles totalmente al descubierto e incidiendo en la inquietud que se va transmitiendo al espectador.

Por su parte, tanto Paco León como Alex Brendemühl, Juan Pablo Raba y Juana Acosta reciben una serie de armas diferentes que han de ir explorando poco a poco para llevarlas al límite durante el tramo final. Todos ellos están a un gran nivel, manteniéndose el nivel por todo lo alto cuando el protagonismo va cambiando de manos, aunque quizá sorprende más en el caso de León por estar todos habituados a ver su cara más cómica.

La tensión universal de ’7 años’

Imagen Siete Anos Netflix

Imagen Siete Anos Netflix

Por ese lado es difícil ponerle pega alguna a ‘7 años’, ya que existe un equilibrio tanto en importancia como en lo que cada uno de ellos aporta. También he mencionado también la acertada decisión formal de Gual, pero tampoco quiero olvidar de la gran fluidez que imprime al relato ideado por José Cabeza y Julia Fontana -un gran acierto el uso de los planos secuencia-, logrando evitar transmitir una sensación de estatismo que a priori parecía casi inevitable al transcurrir la práctica totalidad del relato en un único escenario de dimensiones bastante limitadas.

Ese minimalismo seguro que fue clave para que Netflix confiase en ‘7 años’, ya que además aborda unos temas muy universales con los que es sencillo que pueda sentirse identificado por igual tanto alguien que viva en Madrid como en Nueva York. Es cierto que se podría haber ampliado más el rango de la historia echando mano por ejemplo de flashbacks o de un mayor número de llamadas telefónicas para intentar enriquecer más a los personajes, pero muchas películas han caído en ese error -un buen ejemplo de ello lo tenemos actualmente en cartelera-, porque más al final puede ser perfectamente menos.

¿Hay entonces algo que falle realmente en ‘7 años’? A mi entender no, pero sí que he de reconocer que el desenlace no terminó de rematar tan bien la historia como me hubiese gustado. Lo cierto es que encaja muy bien con, por así llamarlo, el mensaje de la película pese a rozar la calificación de deus ex machina, pero sí que veo un pequeño paso atrás en la contundencia tanto moral como de suspense hasta entonces. Tampoco logro pensar en algo mejor, pero tiene algo que no me termina de encajar.

En definitiva, ‘7 años’ raya a un gran nivel gracias a que se apoya en tres elementos que siempre se agradecen: Un buen guion, unos actores muy inspirados y un director que sabe lo que hace para elevar a los dos primeros. A veces no hace falta más para hacer una película que merezca la pena y Netflix ha aceptado en apostar por el minimalismo para su primera producción española. No os la perdáis.