Añorando estrenos: ‘Sumario sangriento de la pequeña Estefanía’ de Tonino Valerii

‘Sumario sangriento de la pequeña Estefanía’ (‘Mio caro assassino’, 1971) es la única aportación al giallo por parte del recientemente fallecido Tonino ...
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Sumario sangriento de la pequeña Estefanía’ (‘Mio caro assassino’, 1971) es la única aportación al giallo por parte del recientemente fallecido Tonino Valerii. El director italiano fue más reconocido por sus geniales aportaciones al eurowestern —‘El día de la ira’ (‘I giorni dell’ira’, 1967) y ‘Mi nombres es Ninguno’ (‘Il mio nome è Nessuno’, 1973) son las más populares—, pero en su acercamiento al otro (sub) género italiano por excelencia dejó un film en cierto modo inolvidable.

Evolución más que lógica del fanta terror italiano de finales de los cincuenta y principios de los sesenta, el giallo reconoce su inicio en una de las maravillas de Mario Bava, que termina de sentar las bases con la retorcida y salvaje ‘Seis mujeres para el asesino’ (‘Sei donne per l’ assassino’, 1964), tras la cual Dario Argento y sus excesos llevaron el giallo al estrellato. Con una serie de elementos característicos, como todo género, Valerii se lució haciendo lo que nadie se esperaba.

El director metió mano en el guión creado por Roberto Leoni y Franco Bucceri. También la metió el productor español José Gutiérrez Maesso —muy importante productor que falleció hace meses y la noticia no trascendió hasta hace poco, tiene entre sus logros el haber producido el primer spaghettiwestern filmado en España: ‘Tierra brutal’ (Michael Carreras, 1962)—, y juntos intentaron variar a mejor algunas de las características inherentes en el giallo.

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Una intriga clásica

Normalmente el giallo posee argumentos de lo más loco, muchos de ellos sobrepasando lo absurdo y la ilógica. En ocasiones son tan enrevesados que pierden el sentido totalmente, basando su éxito en los golpes de efecto. Dicho de otro modo, centrándose en los asesinatos, a cada cual más retorcido y salvaje. Los asesinatos más bestias del séptimo arte se producen en este género que precede al slasher estadounidense, donde se tergiversaron sin remedio los mejores elementos del giallo.

Sumario sangriento de la pequeña Estefanía’ es el rocambolesco título que recibió en nuestro país ‘Mio caro assassino’, que traducido sería ‘Mi querido asesino’. Dichas palabras hacen referencia al tramo final, en el que el inspector de policía —al que da vida un más entregado que otras veces George Hilton— tiene reunidos a todos los sospechosos para descubrir y destapar al asesino que trae de jaque a todos. Todo un whodunit con ecos Hitchcockianos y cómo no, de Agatha Christie.

La decapitación de un investigador de seguros destapa un antiguo caso de secuestro y muerte de una niña —la Estefanía del título español— por inanición. Hija de una importante familia, apareció muerta junto al cadáver de su padre, sin que se conociera la identidad del secuestrador. Viejas rencillas familiares, un turbio pasado en muchos de los personajes, hace que la intriga se dispare más de lo normal que en otro giallo, proponiendo, eso sí, apuntes verdaderamente perturbadores y muy atrevidos.

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Perturbadora

Así, en la investigación que lleva a cabo el personaje central —cuyos juegos sexuales con su pareja son interrumpidos por la aparición de nuevas pistas—, éste da con un viejo pintor, interpretado por Alfredo Mayo, al que se la aprecia cierta tendencia a la pedofilia. Apunte bastante osado aún en un giallo, y que culmina con una niña saltando la comba, en postura muy sensual de espaldas al inspector. Valerii siempre conserva el punto de vista del pintor, y remueve entrañas.

Los asesinatos son visualizados como siempre. Cámara subjetiva, tomando el rol del asesino mientras se acerca a su víctima. Y cada cual más sangriento y atrevido. Llama la atención el que se produce en una oficina de correos, en el que la planificación de Valerii y el montaje evitan que nos fijemos en el “fallo” de la secuencia. De eso se trata a veces el cine, de mentir. En eso Hitchcock, por ejemplo, era un genio, y el giallo subvierte hasta lo indecible dicha característica.

Por último destacar la banda sonora del casi siempre excelente Ennio Morricone, en su época más prolífica. Llama la atención el tema dedicado a Estefanía, personaje alrededor del cual Valerii construye toda una historia secundaria que tiene que ver con todos los que sentían un enorme cariño por la niña. Un punto de nostalgia a una historia dura —los crímenes son especialmente crudos—, y en eso los italianos son los mejores. Morricone evoca a Estefanía, que parece descansar definitivamente.