FKM 2016 | Entrevista a Jack Taylor: “No hay actores secundarios, sino personajes secundarios”

Hoy da comienzo el FKM, Festival de Cinema Fantástico da Coruña. Durante una semana se realizarán proyecciones de films recientes y otros no tanto. La ...
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Ana Capreo avatar photo
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Hoy da comienzo el FKM, Festival de Cinema Fantástico da Coruña. Durante una semana se realizarán proyecciones de films recientes y otros no tanto. La programación reúne títulos para todos los gustos y disgustos. También la ya tradicional Zombiewalk, alguna que otra master class, y mesas redondas con diferentes invitados hablando sobre diversos temas cinematográficos, aunque no tengan que ver con el género de terror.

Hace unas semanas, se le rindió otro homenaje al coruñés Amando de Ossorio, director de algunas muy interesantes cintas de terror. Para ello, vino uno de los protagonistas de ‘El buque maldito’ (1974), Jack Taylor, uno de los actores más prolíficos de esa gloriosa etapa del cine español. Con él estuvo un servidor, y hablamos durante un rato de cosas relacionadas con su filmografía y aquellos terroríficos años.

Taylor tiene ya 80 años. Su aspecto es de elegancia, de gentleman, y su trato muy cercano. Calmado en sus repuestas, con un fino sentido del humor, Taylor es de los que gozan hablando de cine —le encanta sentenciar algunos temas con frases inolvidables, como la del titular—. Entre las curiosas anécdotas que me contó en una charla ambientada con buen café tras una cena, está la de que una mujer llamada Marlene Dietrich fue la que le enseñó a hacer huevos revueltos. También habla con cariño de Henry Fonda y de otros a los que conoció en su larga trayectoria. En la entrevista nos centramos en lo que él recuerda y opina de su propia carrera.

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¿Qué ha aprendido Jack Taylor en todos los años en los que lleva en el cine?

Pues te digo una cosa. No sé si he aprendido… Yo tenía seis años, y mi profesor me llamó para hacer de Papa Noel, en una obra navideña para la escuela. Y la primera vez que pisé un escenario, a los seis años, pensé “esto es para mí”. Es curioso… He aprendido a tomar las cosas con calma. He aprendido paciencia… Dios mío, qué difícil es esto. Seguimos y luego vuelvo a esta pregunta. (Risas)

Usted participó en una de las épocas más gloriosas del cine español, una época que marcó un listón y aún no ha sido superada. Ahora creo que se está realizando una operación parecida a la de aquellas co-producciones, haciendo cine de género. Háblenos también un poco de aquellos años.

A mí me ha sorprendido mucho la cantidad de seguidores del cine de género. Estoy constantemente fascinado por la cantidad de gente joven que siguen estas películas, en todo el mundo. Me llaman de todas las partes del mundo para hablar sobre este tipo de cine. Esto se debe a la suerte nada más. Yo estuve en el momento adecuado en el lugar adecuado, y no tiene mucho misterio. Una vez estando en San Francisco estaba viendo una película con Debbie Reynolds bastante mala y pensé “si ellos pueden hacer eso, yo también”. Había trabajado en la escuela —si a eso se le puede llamar trabajar—, donde tuve a compañeros como James Ivory. En Los Ángeles me cayó un papel en una película al lado de Jack Benny, y en aquellos años los hombres tenían que ser morenos y las mujeres rubias. Cosas del blanco y negro. No tenía mucho que hacer. Quería irme a otro sitio a probar algo distinto. Quería irme a Italia, porque me fascinaban las películas italianas, pero no tenía dinero. Entonces me fui al sitio más cercano: México.

Fui conduciendo los 2950 km. En seis meses aprendí español. Me contrataron para dos capítulos de una serie de televisión. Luego para una película sobre la vida del poeta Joaquín Murrieta. El inicio fue así de fácil, y así de difícil.

En la época en la que trabajó con Amando de Ossorio, Paul Naschy, Juan Piquer Simón, que hacía bombazos de taquilla. ¿Hay algún recuerdo o película que guarde como si fuese un tesoro? ¿Algo que no hiciera y le hubiera gustado?

Tuve la suerte de trabajar con Juan en dos de sus primeras películas. ‘Mil gritos tiene la noche’ es admirada en todos lados. Hace poco en Boston me dijeron que se reunían todos los años, en plan celebración, para verla… no entiendo por qué.

Nunca trabajé con Eugenio Martín, y me habría encantado. Me habría gustado trabajar con Jesús Franco.

Con Ossorio trabajé en cuatro ocasiones, una de ellas un western… no me gustan nada los westerns. Son óperas. Y sí, es el género cinematográfico por excelencia, pero yo nací en el oeste, y lo que vemos en las películas es todo mentira, no supone ni el más mínimo reflejo de la realidad.

En España, en aquella época el cine vivió muy bien a pesar de Franco. Era muy sensual la forma en la que el sexo era mostrado, y las cosas a las que se atrevían. Una violación sobre una tumba, por ejemplo.

Del cine de Amando de Ossorio ¿qué es lo que más destacaría de él?

Probablemente sus encapuchados. Los templarios.

‘El buque maldito’ me parece la mejor de las secuelas, a pesar de ciertas situaciones y diálogos, pero qué atmósfera.

Hoy les contaba a los del festival que esa neblina que se ve durante toda la película, al no haber máquina para hacer humo, era petróleo quemado. Era horrible, horrible (risas). Estábamos en una nave cerrada, respirando eso. Prohibitivo todo.

¿Poco presupuesto?

Pues no sé si había un presupuesto.

Ese mundo de los templarios sí me gustaba. Me gustaría que alguien retomase ese tema e hicieses alguna obra. Se podría, se podría. Aunque la mentalidad comercial de hoy no se ajusta a ello.

Había cierto encanto en la cutrez, en la limitación de presupuesto. Así empezó Orson Welles en el teatro, sin medios, sólo con un piano en el escenario y los actores sentados entre el público. Con muy pocos medios e imaginación. Así se puede hacer cine. Son sombras. Son ideas. Son sueños.

Cuando me fui a Hollywood, enseguida me di cuenta de que Hollywood no existe fuera del sitio donde está… ¿cuál era la primera pregunta?

Era sobre lo que ha aprendido en todos estos años

Aguantarme.