‘Florence Foster Jenkins’, diosa Meryl Streep

El año pasado se estrenaba en nuestro país ‘Madame Marguerite’, una dramedia dirigida por Xavier Giannoli y que se convirtió en uno de los ...
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El año pasado se estrenaba en nuestro país ‘Madame Marguerite’, una dramedia dirigida por Xavier Giannoli y que se convirtió en uno de los grandes fenómenos del cine francés del 2015. La película se inspiraba en la figura de una aristócrata que soñaba con ser cantante de ópera y lo logró, a pesar de que cantaba terriblemente mal. Ahora es el británico Stephen Frears el que se acerca al mismo personaje, aunque siendo fiel al nombre real: Florence Foster Jenkins‘.

Pero aunque las dos se centraban en la misma figura, las visiones de ambas no podían ser más distintas: mientras que la versión francesa -protagonizada por la genial Catherine Frot- tenía un toque más dramático y afrancesado -obvio-, la versión de Frears -con la diosa Meryl Streep– es más luminosa, amable y que defiende el hacer las cosas con pasión aunque…no se hagan demasiado bien.

Viviendo en una burbuja

Florence Foster Jenkins

Florence Foster Jenkins

Basada en una historia real, lo nuevo de Frears nos traslada al Nueva York de los años 40 para presentarnos a Florence Foster Jenkins, una madura millonaria neoyorquina que desea a toda costa dar el salto a la ópera. Solo hay un pequeño problema: sus habilidades para el canto son totalmente nefastas. Su “marido” y manager, St. Clair Bayfield, un aristocrático actor inglés, estaba decidido a proteger a su amada Florence de la verdad. Cuando Florence decide dar un concierto público en el Carnegie Hall , St. Clair tiene que enfrentarse a su mayor desafío.

Foster Jenkins logró grabar discos y llenar los teatros. Un éxito que, sin duda, no le llegó por su prodigiosa voz, sino gracias al empeño de su marido en protegerla y darle lo que ella más deseaba: la gloria como cantante de ópera. Y es, quizá, la relación entre Florence y su marido lo más interesante de la cinta de Frears, narrativamente hablando. Ternura, respeto e intimidad asexual -él se encarga de buscarlo en brazos de una amante-, muy bien transmitidos tanto por el director como por sus excelentes intérpretes -luego hablaremos de ellos-.

Es está relación la clave de todo: St.Clair Bayfield ayuda a cumplir los sueños de su esposa, aunque estos sean irrealizables, para demostrar que si las cosas se hacen con pasión y ganas, por muy mal que lo hagas, siempre se apreciará el trabajo. Y es que no hay nadie que lo intente más que Florence, con sus inagotables clases de canto en las que no se aprecia ninguna mejoría, pero en las que ella pone todo su empeño.

Comicidad a golpe de gorgoritos

Florence Foster Jenkins

Florence Foster Jenkins

Es, quizá, el buen hacer de su reparto encabezado por la diosa Meryl Streep y el siempre encantador Hugh Grant -en su mejor papel en años-, y el hasta ahora televisivo Simon Helberg por lo que la comicidad de la cinta funciona a la perfección. Los gorgoritos de la Streep y las reacciones de sus protectores son impagables y uno no puede evitar poner cara de sufrimiento y divertimento al mismo tiempo, al escucharlos.

Sin embargo, toda la narración tiene cierto aire televisivo, de estructura demasiado sencilla y poco provocadora y aunque trata de adentrarse en el dramatismo de la situación del engaño a una pobre, la comedia gana la partida y la intención de crear una historia agridulce y causar algo de pena ante la figura de Florence Foster Jenkins se queda un poco a medias.

Por suerte, hay veces que no buscamos nada más que una película con la que pasar un buen rato, divertirse y disfrutar de una de las mejores actrices vivas del momento. Y para eso, el nuevo trabajo de Stephen Frears, aunque sea bastante plano y algunos la tachen de “cine de señoras”, es ideal. Ternura, buena puesta en escena, increíbles interpretaciones y divertimento y una Maryl Streep inconmesurable, aunque eso no nos sorprende.