‘La fiesta de las salchichas’, desenfrenada, atea y necesaria

La animación no es un género, es un medio, y sin embargo la mayoría de películas animadas que llegan a las carteleras son entretenimientos ...
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La animación no es un género, es un medio, y sin embargo la mayoría de películas animadas que llegan a las carteleras son entretenimientos “familiares”, comedias de aventuras para todos los públicos pero con un tono esencialmente infantil. Propuestas fáciles y cómodas que apuntan a un mercado rentable. Por suerte, de vez en cuando surgen rarezas como ‘La fiesta de las salchichas‘ (‘Sausage Party’).

Concebida por Seth Rogen y Evan Goldberg (‘Preacher’), aunque dirigida por Conrad Vernon y Greg Tiernan, la película rompe moldes en Hollywood con una historia para adultos animada completamente por ordenador (CGI) y distribuida masivamente; el resultado ha sido un éxito de taquilla, demostrando que una gran parte del público aprecia el humor políticamente incorrecto. Es para el cine animado lo que fue ‘Deadpool’ para el cine de superhéroes.

Goza todo lo que puedas, no hay vida más allá

“A la gente le gusta proyectar sus emociones a las cosas que les rodean: sus juguetes, sus coches, sus mascotas… Así que pensamos: ¿qué pasaría si nuestra comida tuviera sentimientos? Rápidamente nos dimos cuenta que sería muy jodido.” (Rogen)

Excepto por el lenguaje, que desde el principio es bastante bruto, ‘La fiesta de las salchichas‘ arranca como cualquier película de Disney, Pixar, DreamWorks o Illumination, con una presentación del entorno idílico de los protagonistas, antes de que las cosas se compliquen. Entramos en un gran supermercado donde los productos, en su mayoría alimentos, son los protagonistas de este peculiar relato.

Son personajes felizmente ingenuos que cantan una oración cada mañana, temen por su fecha de caducidad, y esperan que los dioses los saquen de este mundo para llevarlos al Paraíso. Sí, en cierto modo la película funciona como una gran sátira de la religión que se ríe de todo lo absurdo que rodea a la fe. No obstante, el film se centra en criticar lo más negativo de las religiones: la división, el odio y la represión que generan.

En otras palabras, ‘La fiesta de las salchicas’ es un canto a la amistad y el amor sin límites, a gozar la vida todo lo posible, sin que esas rancias normas del pasado que hablan de un supuesto más allá arruinen la diversión. Si necesitas creer en una fantasía para tolerar tu existencia, adelante, pero que no te amarguen y, sobre todo, deja a los demás que sean felices, crean o no en tu fantasía. Como mensaje asociado a todo cuento, perfecto.

‘La fiesta de las salchichas‘, lo que harían en Pixar tras irse de juerga con Seth Rogen (y sus colegas)

Por lo demás, la película es muy sencilla y deriva de aportar conciencia y sentimientos a la comida. Acciones normales para nosotros como que se caiga un tarro al suelo, partir fruta, calentar algo en el microondas o freír bacon se convierten en escenas de terror gore para los protagonistas. Al igual que con el lenguaje, los creadores no se cortan un pelo en este aspecto, muy bestias. Y llega un punto donde los alimentos no son las únicas víctimas…

Cabe cuestionar las normas de este universo (vemos a las zanahorias intentando huir, pero, ¿cómo se produce el intento de rescate de la mostaza en el carrito de la compra?, o, ¿por qué tiene vida el papel higiénico pero no, por ejemplo, los cuchillos o el libro de cocina?) así como la construcción del villano o la resolución de la “guerra”, pero quizá es pedirle demasiado a una comedia que sólo quiere existir (cuando no hay muchas como ella) y divertirse un rato, sin más.

Además de la originalidad de la propuesta, su espíritu irreverente o las inevitables parodias y referencias (como guiños a Pixar o el cine bélico), uno de sus mayores ganchos es el reparto vocal: Seth Rogen, Kristen Wiig, Bill Hader, Jonah Hill, Michael Cera, James Franco, Paul Rudd, Salma Hayek o Edward Norton (imitando a Woody Allen), que aportan matices y humor a sus personajes. Es una película gamberra, grosera y desatada; si te apetece, y la recibes con el estado de ánimo adecuado, vas a pasarlo de puta madre.

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