Cómo la delincuencia nos lleva a la hospitalidad.

Terminado el viernes y casi que  por inercia el venezolano busca algo que hacer para el sábado, en mi caso no es lo contrario, y haciendo honor a estas ...
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Abraham Andrade avatar photo
hace karma
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Terminado el viernes y casi que  por inercia el venezolano busca algo que hacer para el sábado, en mi caso no es lo contrario, y haciendo honor a estas palabras con la excusa de un gran evento deportivo como lo es la final de la UEFA Champions League, un amigo y yo iríamos a la casa de un compañero de la universidad a ver el partido ¿El destino? Sería el municipio Santiago Mariño, en el estado Aragua, específicamente en una urbanización de aspecto bastante agradable. Una vez en el lugar y ya todos dentro de la casa comenzamos a disfrutar del partido, una vez  finalizado y con la victoria del FC Barcelona sobre la Juventus, era una tarde feliz para todos, o bueno, para casi todos.

Pasamos de distracción en distracción con bebidas y anécdotas contadas, a tal punto que a la hora que teníamos planificado irnos (5:00pm) se había pasado, 6:00pm y nos dimos cuenta de lo tarde que se nos había hecho, así  que la despedida se hizo cuanto antes. El cielo ya estaba oscuro, y como es costumbre en la Venezuela de esta última década las calles estaban casi desiertas, teníamos que caminar unas 5 calles o cuadras, para llegar a la parada del transporte público, dicha parada queda justamente al frente de un centro comercial referencial en esa zona, pero justo dos calles antes de llegar y con una diferencia de unos 15 pasos de distancia, tres motos, con dos pasajeros cada una, acorralaron a dos personas a bordo de su moto, estos seis sujetos apuntaron  con armas de fuego  a los dos sujetos para robarles su moto, mi amigo y yo quedamos paralizados por la proximidad con la que estábamos viviendo el delito, a penas y alcanzamos a pestañear cuando ya los delincuentes  se habían ido,  el disgusto de las dos víctimas del suceso era algo notorio, tanto que uno de ellos, en un grito de frustración exclamo lo siguiente: ‘’¡Maldito país!”.

Debido a que fuimos espectadores en primera fila del delito, el impacto  psicológico que esto generó en el momento, un transporte público que tarda al menos media  hora en pasar y unas calles solas y oscuras, mi amigo sugirió devolvernos a casa de nuestro compañero, abusar de su hospitalidad y pedirle hospedaje hasta la mañana del día siguiente. El sin mayor inconveniente nos ofreció comida, un lugar donde dormir y varias comodidades,  una hospitalidad característica de un ciudadano venezolano.

Ahora la historia para nosotros de ese día terminaba en risas, el sonido de una guitarra y unas  cervezas, pero ¿Qué hay de los dos chicos a quienes les robaron su moto?, ¿Lograron llegar a su casa?, ¿Qué tan lejos estaban de su destino? Son varias preguntas que me hice durante la noche. Siendo el segundo país más violento del mundo, seguramente hay que agradecer a dios el que todos quienes éramos participes de ese robo con armas de fuego saliéramos ilesos.

La delincuencia se ha vuelto un hobby bastante fácil para los delincuentes, se ha vuelto un trámite contra la voluntad de la  víctima  que toma a penas segundos. La impunidad se ha vuelto la motivación  de estos actos, nuestras pertenencias no son nuestras son del azar, y la vida baila al ritmo de la ruleta rusa.