Arzobispo ucraniano que salvó a cientos de judíos va camino a los altares

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VATICANO, 22 Jul. 15 (ACI).- El jueves pasado el Papa Francisco autorizó un decreto donde se reconocían las virtudes heroicas del Arzobispo Andrey Sheptysky, líder de la Iglesia greco-católica ucrania desde 1900 a 1944 y que a riesgo de su propia vida salvó a cientos de judíos durante la ocupación nazi y trabajó por la unidad de los cristianos.

"Durante este tiempo de agresión extranjera contra Ucrania, así como la agitación en tantas otras tierras cristianas históricamente Orientales, este reconocimiento trae especial consuelo. El Arzobispo Sheptysky demostró un coraje santo cuando ofreció refugio a más de 160 judíos durante el holocausto nazi”, manifestó el P. Peter Galadza director del Instituto Metropolitano Andrey Sheptysky de Estudios Cristianos de Oriente.

Roman Aleksander Maria Sheptytsky nació en un pueblo a 30 millas de Lviv, que entonces formaba parte del Imperio Austríaco, en  el seno de una familia católica.

Ingresó a la Orden de San Basilio, asociada con la Iglesia greco-católica ucraniana y tomó el nombre de Andrey. En 1892 hizo su profesión solemne y fue ordenado sacerdote.

En 1899 fue consagrado como obispo y nombrado Obispo de la Eparquía Ucraniana de Stanislaviv (ahora Ivano-Frankivsk). En 1901 fue nombrado Arzobispo Metropolitano de la Eparquía Ucraniana de Lviv, convirtiéndose en la cabeza de la Iglesia greco-católica ucrania. Estuvo en este cargo hasta su muerte en 1944 a la edad de 79 años.

Su mandato como Arzobispo Metropolitano estuvo marcado por el conflicto y la persecución por los sucesivos gobernantes de Ucrania, incluyendo al Imperio Ruso, la Segunda República Polaca, la Alemania Nazi y la Unión Soviética.

Bajo el Imperio Ruso fue encarcelado de 1914 a 1917 por su posición favorable a Ucrania y por su promoción del catolicismo. La Segunda República Polaca lo retuvo dos veces por apoyar la independencia ucraniana y por oponerse a la latinización.

Cuando la Unión Soviética ocupó Polonia en 1939, Sheptysky se opuso al régimen ateo y apoyo a una Ucrania independiente. Al inicio dio la bienvenida a los ejércitos nazis como libertadores cuando hicieron retroceder a los soviéticos en 1941.

Sin embargo, estuvo en contra de la política nazi hacia los judíos y animaba a sus fieles a tratarlos bien, tal como lo menciona en una carta pastoral escrita en 1942. También alentó a sus sacerdotes y abades locales a seguir su ejemplo de refugiar a los judíos. En esta labor fue ayudado por su hermano, el Beato Klymentiy Sheptysky, archimandrita de monjes estuditas de la Iglesia greco-católica ucraniana.

El Arzobispo Sheptysky también promovió la unidad cristiana. Así lo notó el P. Galadza quien indicó que el arzobispo “trabajó sin descanso durante toda su vida para la reconciliación entre ucranianos, rusos y polacos, así como entre otras naciones y grupos”.

“Fueron particularmente legendarios sus esfuerzos para que católicos y ortodoxos superaran su distanciamiento histórico. Sheptitsky fue un precursor del movimiento ecuménico mucho antes de que la Iglesia católica lo apoyara oficialmente”, indicó.

El P. Galadza también reflexionó sobre la preocupación del Venerable Sheptytsky por los pobres. “Él usaba sus recursos para crear una clínica gratuita, proporcionaba innumerables becas y ayudaba a las víctimas de la hambruna, las inundaciones y la guerra”, señaló.

Las otras personas a quienes reconocieron sus virtudes heroicas en el 16 de julio fueron el Obispo Giuseppe Carraro, que dirigió la diócesis de Verona desde 1958-1978; el P. Agostino Ramírez Barba, sacerdote diocesano que fundó la Congregación de las Hermanas Sirvientas del Señor de la Misericordia; al P. Simpliciano della Natività, OFM, fundador de las Hermanas Franciscana del Sagrado Corazón; María del Refugio Aguilar y Torres, fundadora de las Hermanas Mercedarias del Más Sagrado Sacramento; María Teresa Dupouy Bordes, fundadora de las Misioneros de los Sagrados Corazones de Jesús y María; Elisa Miceli, fundadora de las Hermanas Catequistas Rurales del Sagrado Corazón; e Isabella Méndez Herrero, una religiosa de la Congregación de las Sirvientas de San José.

Traducido por María Ximena Rondón

 

FuenteL AciPrensa