¿Nos podemos fiar de los datos que nos dan las máquinas del gimnasio?

Muchas veces, cuando estamos utilizando las máquinas de entrenamiento cardiovascular como la cinta, la elíptica o la bicicleta, nos fijamos atentamente en ...
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Muchas veces, cuando estamos utilizando las máquinas de entrenamiento cardiovascular como la cinta, la elíptica o la bicicleta, nos fijamos atentamente en todos los datos que nos ofrecen. Estos suelen ser la velocidad a la que vamos, las revoluciones, la inclinación de la cinta, los kilómetros recorridos o la resistencia contra la que pedaleamos. Sin embargo, suele haber un dato que llama poderosamente nuestra atención: las calorías consumidas. ¿Nos podemos fiar de lo que nos dicen las máquinas del gimnasio?

Hay algunos datos que son bastante acertados, como por ejemplo el de nuestra frecuencia cardíaca. Además, muchas de estas máquinas son compatibles ya con los pulsómetros que se colocan con una banda en el pecho, de modo que no necesitamos siquiera colocar nuestras manos en los sensores. Otras mediciones, concretamente la de las calorías gastadas, son menos acertadas. Os cuento por qué.

¿Qué datos te piden para calcular las calorías?

A no ser que estés en gimnasio de última generación donde las máquinas prácticamente pueden hacer de todo, seguramente la máquina no te pedirá ningún dato sobre ti. Ni cuánto mides, ni cuánto pesas (estas dos cosas serían las básicas) ni mucho menos cuál es tu masa muscular y cuál tu masa magra. Todos estos datos son necesarios para realizar un cálculo de las calorías que gastas en una sesión de ejercicio.

Plantéatelo así: una atleta de élite, con un porcentaje de grasa súper bajo, se sube a la cinta y hace un entrenamiento X de caminata. Momentos después, un chico con sobrepeso se sube a la cinta y repite el mismo entrenamiento: misma velocidad, mismos kilómetros, misma inclinación de la cinta. Según la cinta, el cálculo de calorías será el mismo, pero ¿realmente han gastado las mismas calorías dos personas con unas cualidades físicas tan diferentes?

La respuesta es no, y es que los parámetros que las máquinas del gimnasio tienen en cuenta para calcular las calorías gastadas son la velocidad, la duración del ejercicio y la inclinación o resistencia que colocamos en ellas. Para estimar el gasto calórico los cálculos se suelen hacer sobre un adulto estándar de 70 kilos de peso.

¿Por qué no quemamos lo mismo tú y yo?

Básicamente porque tenemos composiciones corporales diferentes. Además del peso y la altura, también entra en juego el porcentaje de masa muscular de una persona. Ya hemos dicho en otras ocasiones que el músculo es el mejor quemagrasas: una persona con una masa muscular más elevada quemará más calorías entrenando que una con un porcentaje de grasa mayor. No solo entrenando, sino simplemente viviendo: el músculo consume energía, la grasa no.

Por eso es importante compaginar el entrenamiento de fuerza con el entrenamiento cardiovascular. Puede que lo diga hasta la sacieadd, pero allá va, una vez más: entrenando con pesas o con nuestro peso corporal no nos vamos a convertir en la novia de Hulk. El entrenamiento de fuerza tiene numerosos beneficios para nuestra salud y para nuestra imagen, y debe formar parte de cualquier plan de entrenamiento.

¿Cómo calculamos las calorías gastadas?

Personalmente, creo que el deporte debe ser parte de un estilo de vida saludable, y no solo aparecer como método para quemar calorías. Dicho esto, lo mínimo es hacernos con un pulsómetro que nos permita cargar nuestros datos personales, al menos la altura y el peso. Estos datos, junto con la frecuencia cardíaca de nuestro entrenamiento, nos arrojarán un resultado mucho más realista de las calorías que hemos quemado.

En cualquier caso, insisto: no hagas deporte por quemar calorías, o al menos que esto sea una consecuencia y no el fin último de ello. Haz deporte para cuidarte, para verte y sentirte mejor, come adecuadamente, descansa las horas necesarias y todo lo demás vendrá solo.