Pechuga de pollo y de pavo en lonchas, ¿tan sanas como pensamos?

Está claro que la noticia estrella de la semana en cuanto a alimentación ha sido la de que la Organización Mundial de la Salud ha alertado sobre la ...
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Está claro que la noticia estrella de la semana en cuanto a alimentación ha sido la de que la Organización Mundial de la Salud ha alertado sobre la relación existente entre las carnes procesadas y el aumento de probabilidad de sufrir cáncer, sobre todo cáncer colorrectal. Ya hace tiempo que sabemos que los embutidos no son la opción más sana del mundo a la hora de alimentarnos, y ahora tenemos una buena razón para limitar o incluso eliminar su consumo.

La pechuga de pollo y de pavo en lonchas (no la pechuga al natural de la charcutería), que normalmente nos parecen opciones muy sanas como snacks o formando parte de alguna comida grande, también son carnes procesadas. Están tratadas previamente a su consumo, y por ello forman también parte de ese grupo de productos de los que habla la OMS. ¿Qué llevan en su composición? Y sobre todo, ¿qué alternativas tenemos si dejamos de consumirlas?

Los ingredientes de las pechugas de pollo y de pavo

Pechuga-de-pavo-pollo

Pechuga-de-pavo-pollo

Antes de nada, indicar que la OMS habla de riesgo siempre y cuando haya un consumo mayor a 50 gramos de producto diario. Por lo tanto, limitar la cantidad de estos productos no es una mala idea.

Pero veamos cuáles son los ingredientes de las lonchas de pechuga de pollo y de pavo que podemos encontrar en cualquier supermercado. He escogido una marca blanca en el caso de la pechuga de pavo, y una marca muy conocida para la de pollo. Vamos a ello:

Pechuga de pavo finas lonchas: pechuga de pavo (69%), agua, sal, dextrosa, azúcar, leche en polvo, proteína de soja, estabilizadores (E-450i, E-407), especias, aromas, antioxidante (ascorbato sódico), potenciador del sabor (E-621), conservador (nitrito sódico).

Pechuga de pollo con contenido reducido en sal: Pechuga de pollo (57%), agua, almidón, aroma, dextrosa, estabilizantes (E451, E407, E508, E412), sal, azúcar, potenciador del sabor (E621), antioxidante (E316), especias, conservador (E250). Puede contener trazas de mostaza, apio, proteínas de leche y soja. Puede contener: leche y sus derivados (excluida la lactosa), soja y productos a base de soja, mostaza y productos derivados, apio y productos derivados.

En ambos casos, el producto principal (el pavo o el pollo) no llega al 70% del producto total, y el resto del peso se compone de agua (segundo ingrediente en la lista en ambos casos, y ya sabéis que el orden en que están nombrados los ingredientes determina la cantidad en la que los contienen), almidón (para darle cuerpo), azúcar, leche en polvo, y unos cuantos estabilizantes y conservadores para que dure más tiempo.

El colmo me parece que muchas de estos embutidos están etiquetados como “solo pavo” o “natural”: lo pone en letras bien grandes en la parte de delante del paquete.

Alternativas a estos embutidos

Hummus

Hummus

Los dietistas-nutricionistas y la misma OMS ya lo habían dicho hace tiempo: el consumo de embutidos debe evitarse en una alimentación saludable. Solo que ahora sí que hay una evidencia fuerte de que pueden aumentar las posibilidades de contraer cáncer colorrectal. Pero que no son la mejor opción para la salud ya lo sabíamos.

Aún así, son una de las opciones más demandadas a la hora de comer un snack de media mañana o media tarde, o incluso en los bocadillos de los más pequeños a la hora de la merienda.

Si quieres reducir el consumo o incluso eliminarlos de tu alimentación, hay muchas más opciones que puedes tomar, empezando por pedir pechuga de pavo o de pollo al corte en la charcutería. Te damos algunos otros ejemplos:

Como veis, hay muchas opciones con las que podemos evitar estos embutidos. Ningún alimento, ni muchos menos producto (porque esto es un producto elaborado) es indispensable en una dieta: ayer mismo Teresa os contaba cómo ha estado siete años sin comer carne, y tan pancha.

Un último consejo

Un par de ellos, más bien. En primer lugar, optad siempre que podáis por consumir alimentos en lugar de productos elaborados, y si puede ser, que sean frescos y de temporada. Es una forma sencilla de mejorar vuestra alimentación y de añadir variedad a vuestra dieta.

En segundo lugar, leed las etiquetas nutricionales y la lista de los ingredientes de los productos que compréis. No hace falta obsesionarse, pero sí saber lo que compramos y lo que comemos. No os quedéis únicamente con los claims publicitarios e interesaros por lo que realmente llevan esos productos, porque muchas veces os podéis sorprender.

¿Forma parte la pechuga de pavo o de pollo de vuestra alimentación?

Imágenes | iStock

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