¿Qué alimentos pueden inducir conductas adictivas? Seguro que te los imaginas

Muchas veces se habla de “adicción a la comida” como un término genérico para definir cuando no podemos controlar lo que comemos y lo hacemos ...
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Hamburguesas

Muchas veces se habla de “adicción a la comida” como un término genérico para definir cuando no podemos controlar lo que comemos y lo hacemos de una forma perjudicial y compulsiva, pero todavía no hay un acuerdo claro de si se trata realmente de una adicción y en caso de serlo si se refiere al acto de comer o solo a algunos alimentos en concreto que la producen.

Un estudio de la Universidad de Michigan intenta arrojar un poco de luz sobre el tema relacionando los alimentos altamente procesados (con cantidades adicionales de grasa o carbohidratos refinados), como la pizza, las hamburguesas o las chocolatinas, con conductas alimentarias similares a las adicciones. Algo que ya se había comprobado también anteriormente con animales.

Dos puntos de partida

El estudio se basa en que es la exposición a una sustancia adictiva lo que hace que la persona vulnerable a esta sustancia desarrolle una adicción, por lo que es necesario examinar las respuestas que provocan diferentes tipos de alimentos, para ver si alguna es similar a la que pueden producir las drogas.

Por otro lado, las sustancias adictivas pocas veces se encuentran en estado puro, suelen ser procesadas, como la uva convertida en vino, o las semillas de amapolas en opio, por lo que creen que algo similar puede estar ocurriendo con la comida altamente procesada, diferenciando así por ejemplo el azúcar de las frutas o la grasa de los frutos secos (que encontramos de forma natural), de las harinas refinadas o los azúcares añadidos de forma artificial para crear productos más apetecibles.

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Estos alimentos altamente gratificantes producen unos niveles anormales de recompensa, que pueden acabar desencadenando los comportamientos adictivos. Además también sabemos que los niveles altos de insulina provocados por el azúcar, hacen que no nos saciemos y sintamos la necesidad de seguir comiendo, cuando ya no nos hace falta.

Los resultados

Si analizamos nuestras propias sensaciones cuando picamos unos crudités de zanahoria o unas patatas fritas de bolsa, seguramente notaremos que nos resulta mucho más fácil parar con los primeros que con las segundas. A pesar de gustarnos también su sabor y contener menos calorías, es como si los alimentos saludables nos saciaran más o al menos no nos incitaran tanto a comer sin parar como lo hacen los que son altos en grasa y azúcar.

Pero como esto no deja de ser muy subjetivo, en el estudio se han analizado las respuestas de 120 participantes en una primera fase y 398 en la segunda para llegar a la conclusión de que cuanto más procesado esté, más posibilidades hay de que un alimento provoque una conducta alimentaria problemática, siendo las personas con IMC más altos las más propensas a verse afectadas.

Esto podría cambiar la forma de abordar los tratamientos para adelgazar, ya que quizá resultarían más efectivos usando métodos similares a los que se emplean para dejar el tabaco o el alcohol.

El siguiente paso es esperar a que investigaciones futuras confirmen si realmente hay algunos ingredientes específicos que desencadenan cambios en los procesos cerebrales como lo hacen las drogas. Mientras tenemos motivos de sobra para ser prudentes y no abusar de estas preparaciones que además de engordar, tampoco suelen aportar nutrientes de calidad.