Saber cuántos kilómetros te costará quemar esa hamburguesa, ¿buena o mala idea?

¿Sabes a cuántas calorías equivale esa bolsa de patatas fritas que te estás metiendo entre pecho y espalda? ¿O ese bollito que te has tomado en el ...
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beautyanabell avatar
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¿Sabes a cuántas calorías equivale esa bolsa de patatas fritas que te estás metiendo entre pecho y espalda? ¿O ese bollito que te has tomado en el desayuno? Por norma general, claro que lo sabes, o puedes descubrirlo con facilidad solamente echando un vistazo a la etiqueta nutricional que se encuentra en la parte de atrás de todos los productos procesados que consumimos.

Otra cosa bien distinta es que esa cantidad de calorías nos diga realmente “algo”. Podemos tener una idea de cuándo un producto es sano o cuándo no lo es, pero ¿cuántas calorías son muchas, cuántas son pocas y cuántas son demasiadas? ¿Sabemos cuántas calorías debemos consumir al día? ¿No sería más útil poder saber cuánto tiempo tardaríamos en quemar esa barrita de cereales que nos acabamos de tomar?

Las etiquetas nutricionales “deportivas”

Calorias

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Al parecer, eso es lo que piensan en la Royal Society for Public Health: una organización de Reino Unido que apuesta por incluir en los productos procesados los minutos que tardaríamos en quemarlos haciendo ejercicio.

Seguro que en internet habéis visto cosas parecidas a imágenes que nos dicen que “tendrás que pasar 70 minutos corriendo para quemar esa hamburguesa“. Quizás eso ya nos dice mucho más que el hecho de que la hamburguesa en cuestión contenga 700 calorías. Es posible que sea porque las calorías son algo un poco abstracto (son una unidad de energía, pero no podemos verlas ni tocarlas), mientras que el hecho de correr o caminar es algo mucho más físico y concreto que podemos experimentar.

De este modo, las etiquetas que nos informaran de cuánto ejercicio tenemos que hacer para “eliminar” de nuestro organismo esa hamburguesa, esas patatas o ese bollo sí que nos serviría para ser más conscientes de lo que estamos introduciendo en nuestro cuerpo. ¿Es eso bueno, o es siquiera suficiente?

La trampa de las etiquetas deportivas

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A priori este tema de las etiquetas con los minutos de actividad física a los que corresponde dicho producto nos puede parecer una buena idea, pero esconde algo bastante más complejo tras ellas. ¿Qué es lo que promueven en sí estas etiquetas? ¿Podrían causar el efecto contrario al que buscan?

Partimos de la base de que lo que buscan las etiquetas nutricionales tradicionales, las que nos dicen de qué está compuesto cada producto, es dar información al consumidor con vistas a que pueda realizar una elección acertada cuando vaya a comer algo: ¿contiene una buena cantidad de proteínas? ¿demasiadas grasas hidrogenadas? ¿las harinas que usa son refinadas? ¿nos aporta vitaminas y minerales?

Las etiquetas y las calorías

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Pero estas etiquetas “deportivas” se centran solamente en la cantidad de calorías del producto, que en muchos casos no es indicativo de que sea o no un alimento sano. Pongamos un ejemplo: un aguacate mediano nos aporta unas 300 calorías aproximadamente, lo cual nos puede parecer bastante, pero también nos aporta grasas beneficiosas para nuestro organismo y 4 gramos de proteína de origen vegetal. Esas nuevas “barritas de proteína” que anuncian en la tele nos aportan 81 calorías por unidad, eso sí, aderezadas por solo 2’8 gramos de proteínas y un 24% de azúcar. Las calorías no son todo lo que importa.

En la etiqueta deportiva del aguacate nos indicaría que quizás necesitamos unos 20 minutos corriendo para “quemarlo”, mientras que la barrita nos costaría menos de 10. Parecería que la barrita es una mejor opción ya que nos cuesta menos trabajo quemarla, y sin embargo estarías realizando la elección equivocada.

Las etiquetas y la educación nutricional

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Lo que te dice la industria: “si tienes sobrepeso es tu culpa porque no te mueves, no porque estés comiendo unos productos que nosotros te vendemos pero que no aportan nada de valor a tu dieta”

El problema con este tipo de etiquetas “deportivas” es que no estamos promoviendo una educación nutricional del consumidor, sino que estamos fomentando el sentimiento de culpa tras comer ese producto: es el sentimiento directamente opuesto de lo que deberíamos generar en la relación de las personas con la comida. A través de ese tipo de etiquetas no se fomenta el consumo de alimentos saludables, sino que se anima a una relación tóxica con la comida en la que dejamos de pensar en ella como aporte de energía y de micro y macronutrientes para pasar a verla como algo “negativo” que hay que eliminar.

Quien sale beneficiado de todo esto, una vez más, es la industria: las multinacionales que fabrican productos ultra-procesados nada beneficiosos para tu dieta o tu salud (bollería industrial, comida rápida, platos preparados, etc) no te van a decir que compres, cocines y comas alimentos en lugar de sus productos. Pero sí van a decirte que compres y comas sus productos y que luego te preocupes tú de quemarlos para no engordar: cómelo y realiza actividad física, y si tienes sobrepeso es tu culpa porque no te mueves, no porque estés comiendo unos productos que nosotros te vendemos pero que no aportan nada de valor a tu dieta.

Una relación saludable con la comida

Calorias

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La educación nutricional brilla por su ausencia en la sociedad, y esto es algo que le viene muy bien a las grandes compañías: cuanta menos información y más confusa sea esta, más posibilidades de vender hay. Nuestra baza para no convertirnos en un blanco fácil es informarnos sobre lo que comemos para poder realizar elecciones inteligentes y llegar a tener una relación sana con la comida.

Tenemos que dejar de ver los alimentos y productos como “cantidades de calorías” exclusivamente, y pasar a evaluar otras cosas como la cantidad de azúcares añadidos que contienen, su aporte de vitaminas, la cantidad de grasas saludables… Debemos pensar en la comida como algo que nos aporta, no como algo que nos resta y que nos intenta hacer la vida imposible porque nos hace engordar. Solo en ese momento tendremos una buena relación con los alimentos.

Un último apunte, aunque lo suelo repetir en la mayoría de los artículos: compra, cocina y come alimentos, no productos. Haz la compra en el mercado, adquiere alimentos y basa tu alimentación en frutas, verduras, hortalizas y legumbres. Y, si necesitas ayuda, acude a un dietista-nutricionista, los profesionales en este campo de la salud.