Tiempo de rodearnos de naturaleza y activar las hormonas de la felicidad

Estamos en el mejor momento de la primavera, pronto llegará el verano y nos esperan unos meses de sol y buen tiempo ideales para hacer planes al aire ...
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Estamos en el mejor momento de la primavera, pronto llegará el verano y nos esperan unos meses de sol y buen tiempo ideales para hacer planes al aire libre.

Ya nos hemos habituado al cambio de horario y de clima, incluso hemos disfrutado de nuestras primeras dosis de Vitamina D, así que llegó la hora de decir Adiós a la (supuesta) astenia primaveral. ¿Preparada para activar las hormonas de la felicidad?

Endorfinas, la sensación de bienestar

Empecemos por el principio, las hormonas son moléculas orgánicas producidas y liberadas en sangre por las glándulas endocrinas, que a través de la circulación sanguínea se extienden a otras zonas del cuerpo para actuar sobre órganos y tejidos diana, donde la hormona se une a su receptor.

Las endorfinas son neuropéptidos. Estos se localizan en el Sistema Nervioso y en los tejidos periféricos y pueden comportarse como neurotransmisores y neuromoduladores, cumpliendo una función estimulante o inhibidora en el cerebro (control del dolor, ingesta de comida, sueño, respuesta sexual etc.)

Más concretamente, las endorfinas actúan como analgésicos naturales (opiáceos), modulando el dolor y produciéndonos bienestar. Podemos aumentar sus niveles momentáneamente con actos tan sencillos como comer chocolate, practicar ejercicio, reír, abrazar a un ser querido, escuchar música o dar un paseo por la playa o el campo.

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Esta activación es uno de los motivos que hacen que volvamos de un día de excursión más relajadas y felices, pero no es el único. Las endorfinas nos recompensan con una sensación placentera cuando hacemos algo beneficioso para nuestro cuerpo, y una escapada cerca del mar o la montaña nos favorece en varios aspectos.

Los efectos reparadores de la naturaleza

David Pearson (psicólogo) y Tony Craig (ciencias sociales, económicas y geográficas) de Aberdeen, recopilaron en un artículo para Frontiers in Psychology, los estudios más recientes que tratan los beneficios que nos proporcionan los entornos naturales. Entre ellos se encuentra la disminución del estrés y la reducción de los síntomas de depresión o ansiedad.

Se trata de entornos reparadores (según la Teoría de la Reparación Atencional (1989) de Kaplan y Kaplan), ya que alivian la “fatiga mental o atencional” que suelen producirnos los entornos urbanos, con su exceso de estímulos. El cambio de ambiente y la sintonía que sentimos con el entorno, hace que podamos “restaurar” el desgaste cognitivo que arrastramos de la vida en la ciudad.

Por otra parte, aunque no hayamos recorrido muchos kilómetros, rodearnos de naturaleza nos sumerge en la sensación de estar lejos, como si se tratara de una pequeña escapada de las preocupaciones y demandas estresantes cotidianas. Esta aumenta con la percepción de inmensidad y la conexión con lo que nos rodea.

Varias investigaciones han demostrado un mejor rendimiento en tareas de atención exigente tras pasar un tiempo en un entorno natural o incluso después de contemplarlo un buen rato en una película o en fotografías, aunque en menor grado en estos últimos casos.

Mejora tu día a día

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Mirando un poco más allá, un estudio de la Universidad de Castilla-La Mancha, relaciona el bienestar emocional con las actitudes ambientales y el comportamiento ecológico. Además de disfrutar de la naturaleza, proteger y cuidar el medio ambiente va asociado a la protección y cuidado de nosotros mismos y aquí es donde nuestras amigas las endorfinas vuelven a ponerse a trabajar.

Así que aunque no siempre podemos salir de excursión, tener presente la naturaleza y su cuidado en nuestros actos diarios es también una manera de sentirnos mejor y más alegres.

En la ciudad también podemos darnos un paseo por el parque al volver del trabajo, caminar por la arena de la playa o la orilla del río, buscar espacios abiertos y rodeados de césped y árboles para sentarnos a descansar un rato… En ocasiones tenemos rincones naturales más cerca de lo que pensamos y vale la pena dedicarles algo de tiempo a la semana para mejorar nuestro ánimo.

Si además los días de fiesta podemos perdernos en el bosque o en alguna cala remota, entonces seguro que tocamos la felicidad con los dedos. ¡Hay que aprovechar esta temporada de luz y buenas temperaturas! ¿Te animas?