La Maldición de -los que Manejan- los Recursos Naturales

Bastante bien conocemos los presentes y futuros economistas el termino “La Maldición de los Recursos Naturales”, dicha por primera vez en 1993 por el ...
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Bastante bien conocemos los presentes y futuros economistas el termino “La Maldición de los Recursos Naturales”, dicha por primera vez en 1993 por el economista británico Richard Auty. Pero, ¿Nos hemos detenido a pensar, mas allá de los fundamentos teóricos y los datos empíricos, si esa tesis se puede aplicar en Venezuela?.

 

Después de varios semestres en una carrera como economía, estudiando materias como Historia del Pensamiento Económico Venezolano, y de arduo trabajo de lectura e investigación, me he dado cuenta que quizá el problema no son los recursos que tenemos los que nos maldicen, sino los políticos e instituciones encargados de manejar tales dotaciones que por suerte y disposición “divina” tenemos en nuestro subsuelo.

 

¿Cómo puedo darme el lujo de lanzar tal acusación? Pues fácil: la historia respalda algunos hechos que me hacen pensar así. Y para comenzar tal explicación, me remonto a los tiempos de Juan Vicente Gómez, época en la cual empieza verdaderamente la explotación petrolera en el país. Como muy probablemente ya conozca, estimado lector, la historia venezolana marca el mandado de éste presidente en el período 1908-1935 como una tiranía autoritaria y absoluta. Pero lo que nos incumbe, es la forma como se llevó el negocio petrolero en tal espacio temporal.

 

Tal política petrolera, como bien relata el historiador Diego Urbaneja, se basaba en 5 grandes rasgos, de los cuales resaltaré tres. El primero era afirmar el control del gobierno sobre las riendas del país. El segundo rasgo era beneficiar al fisco a costa de la renta petrolera. El tercero era mantener un círculo de amigos bien contentos y favorecidos con la nueva entrada de dólares (a partir de esa época llamados petrodólares).

 

Aparte de los rasgos que arriba menciono, habían dos tendencias: la inclinación nacionalista representada por Gumersindo Torres, que se enfocaba en destacar que lo importante era la nación y sus intereses fiscales, por lo tanto defendía la modificación de las leyes que pechaban cada vez más a las empresas petroleras. La segunda tendencia era la de los “burgueses” en torno a Gómez que tenían intereses directos en el negocio (vulgarmente “guisos”) y por supuesto tenían miedo de las reformas que fueran en contra de las empresas petroleras.

 

¿Por qué es tan importante éste período? Porque algunas decisiones tomadas por el gobierno (Estado dueño del subsuelo, Convenio Tinoco), fueron decisiones que marcaron la vida petrolera del país y más importante aún, fueron precedentes directos para los futuros cambios que empezarían a realizar los siguientes gobiernos.

 

Empieza entonces una oleada de nuevas leyes y reformas a leyes que ya existían, que cambian el manejo y control de la industria petrolera y de los beneficios percibidos tanto por parte del gobierno como por las empresas petroleras extranjeras. Todas estas leyes y reformas, como la Ley de Hidrocarburos de 1943 durante el gobierno de Isaías Medina Angarita, establecen parámetros para darle más poder al Estado frente a las petroleras, como por ejemplo, que el estado pueda fijar el nivel de ISLR que las empresas pagarían sobre sus beneficios por la explotación petrolera ¿Qué conveniente no?.

 

Es así como los gobiernos democráticos (y dictatoriales) siguientes a Gómez, van poco a poco tomando más porciones sobre la torta petrolera. Modificaron tanto las leyes, sobre todo la de impuestos sobre la renta, que se llegó a pechar en 1958 a las empresas de tal manera, que los beneficios totales quedaron distribuidos con el famoso “60-40” (60% para el Estado 40% para las empresas petroleras). Claro, según el Pacto de Punto fijo, firmado bajo la Junta de Gobierno, esa nueva renta sería repartida de “mejor manera” para metas de desarrollo según una nueva regla de distribución que “complaciera a todos”, para la famosa “Industrialización por Sustitución de Importaciones” y para por fin “Sembrar el petróleo” como planteaba Arturo Uslar Pietri en el año 1936.

 

Todo esto con buenas intenciones, o al menos eso parece. La cuestión es que luego de que es elegido Rómulo Betancourt, se emplea la política de “no mas concesiones”. Esa es una medida que fue directamente en detrimento de la industria petrolera, porque las empresas extranjeras entonces dicen “nada, si no nos van a renovar las concesiones, tenemos que sacarle el jugo al petróleo ahorita y no le voy a reinvertir un centavo de dólar más a la industria para que venga el Estado venezolano a sacarle provecho”.

 

Pero no se debe obviar que claramente desde un principio las instituciones se crean después de que aparece el petróleo para tratar de manejar el asunto, y no antes, dando forma a una institucionalidad débil, poco transparente, complaciente e ineficiente en los temas importantes como la administración de los recursos petroleros. Los períodos gubernamentales posteriores al inicio de la industria fueron más de lo mismo. El punto esencial es ver como el Estado fue usando la renta petrolera (con booms en los precios como en CAP II) para fortalecerse, al mismo tiempo que le quitaba poder a la industria.

 

Esto poco a poco da bases para que luego se nacionalizara la industria, se formara PDVSA y, a través de ese nuevo actor todo poderoso, el Estado tuviera un control absoluto sobre el negocio petrolero.

 

La reflexión es sobre el problema que ha causado el empoderamiento del estado a través de PDVSA y el uso de la renta discriminadamente. Es cierto que el país creció, se industrializó y avanzó en todos los ámbitos. Pero actualmente tenemos los mismos problemas de inequidad en la distribución de la renta, poseemos una mayor corrupción, una mayor ineficiencia y un mayor despilfarro, porque desde hace décadas los venezolanos en el poder se dieron cuenta que el petróleo es la mejor forma de hacerse ricos, y sin un marco institucional fuerte que impida eso, no hay quien los pare. ¿Habrá alguien en el futuro cercano que revierta ésta tendencia?

 

“ Aquellos que no recuerden el pasado están condenados a repetirlo”

– Jorge Santayana