Cómo lograr que tu personalidad no se interponga entre tus objetivos profesionales

Son incontables las oportunidades donde frente a una situación laboral injusta, alguna diferencia con compañeros de rutina o bien por el hastío que provoca ...
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Son incontables las oportunidades donde frente a una situación laboral injusta, alguna diferencia con compañeros de rutina o bien por el hastío que provoca sentirse estancado y sin proyecto de crecimiento, un empleado vislumbra la posibilidad de comenzar aquella idea que resuena incansablemente en los pasillos de la mente sin lograr nunca dejar de ser simplemente un sueño o quizás una utopía.

Pero, ¿Cuándo se está realmente preparado para poder disfrutar del éxito profesional o en los negocios?

Existe una delgada línea entre quienes sostienen una relación laboral a cambio de estabilidad en desmedro de sus ideales y aquellos que consiguen una sinergia positiva entre ambas actividades para que una propulse a la otra.

Independientemente del clima laboral, los compañeros, jefes, organigramas o tareas a desarrollar, son siempre los factores psicológicos los que se convierten en el principal obstáculo entre un objetivo concreto y la futura realización del mismo.

Hay algunos tipos de personalidad que se convierten en agentes tóxicos que impiden cumplimentar de manera favorable una meta de vida, un proyecto de negocio o una aspiración deseada.

Personalidades nocivas para el desarrollo laboral y empresarial

1. El victimista

“Uno no siempre hace lo que quiere, pero tiene el derecho de no hacer lo que no quiere.“
– Mario Benedetti

El llamado complejo de mártir hace referencia a aquellas personas que muchas veces de manera inconsciente adquieren una postura de víctima frente a los hechos que se suscitan en la realidad y el entorno. El victimismo se pone de manifiesto cuando la persona intenta generar compasión en los demás sobre sus penurias y desgracias, y de esa forma responsabilizar a los terceros de la no concreción de sus propios anhelos.

Básicamente, la persona que adopta el rol de víctima tiene la falsa creencia de que el mundo conspira en su contra, que debe pagar un precio muy alto e injusto para vivir, que es menos valorado o tenido en cuenta que los demás y que la culpa de los problemas siempre se encuentra en el exterior: en un jefe manipulador, en compañeros irrespetuosos o en familiares o parejas ineptos e inoperantes.

La víctima se desliga de la responsabilidad de elegir quién quiere ser, esconde su verdadera esencia y genera actitudes pasivas como el extremo conformismo, el pesimismo exagerado y la ira contenida.

¿Cómo reconocerte o reconocer al Victimista?

Suelen contar histriónicamente historias acerca de todos sus dolores y pesares.
Viven desconfiando de la aceptación y reconocimiento de los demás.
Reaccionan agresiva o evitativamente cuando sienten que otra persona del mismo entorno amenaza su lugar.
Evaden responsabilidades propias y culpan a la mala suerte, a la falta de recursos, a las exigencias desmesuras o a todo tipo de excusas.
Se quejan constantemente de todo lo que los rodea.
Pretenden que los quieran y los valoren por sus desdichas en lugar de ganarse el lugar con esfuerzo.
No poseen autocrítica ni sentido de la reflexión de sus propias acciones.
Poseen un pensamiento paranoide en su contra y lo ponen de manifiesto con total vehemencia.
Un empleado que tenga este tipo de característica muy difícilmente logrará mostrar su talento y mucho menos podrá independizarse hacia un emprendimiento propio. El síndrome de victimismo se manifiesta en empleados co-dependientes que nunca ascienden ni cambian de trabajo pero siempre demuestran su gran desagrado e infelicidad por la posición en la que se encuentran.

Por consiguiente, quien se vislumbre total o parcialmente encasillado en este vicio de la personalidad deberá tomar como decisión inicial cambiar su esquema de pensamiento rígido y falaz, y sustituirlo por uno más flexible, real y saludable.

Para torcer el destino de quienes sufren por este tipo de personalidad es necesario que la persona se dé cuenta que posee un problema de percepción de la realidad y que luego ponga todas sus energías en resaltar sus virtudes, talentos y capacidades.

Hacerse dueño y señor de sus vidas es su principal desafío, y una vez conquistado el logro de tener el control de sí mismo se podrán trazar estrategias de crecimiento laboral dentro de una empresa o bien en el proyecto de sus sueños.

2. El Pesimista

“Si quieres cambiar al mundo, cámbiate a ti mismo.”
– (Mahatma Gandhi)
Desde el eterno dolor que nos legó Schopenhauer en su célebre frase “Por vida feliz hay que entender siempre ‘menos desdichada’”; hasta el concepto de la psicología moderna, el pesimismo siempre ha sido una alteración de la conducta en donde un individuo percibe como negativo todos los aspectos de su vida y sus relaciones en sociedad.

Estrechamente relacionado con la depresión, el pesimismo genera parálisis y falta de entusiasmo en la concreción de metas y objetivos así como también una visión oscura y desolada de la realidad circundante.

¿Cómo reconocerte o reconocer al Pesimista?

Su esquema de pensamiento es adverso en torno a sí mismo y sus más cercanos.
Poseen un punto de vista discordante y fatalista con pocas posibilidades de mejora.
Suelen decir frases como, “todo me sale mal”, “esto no es lo mío”, “si tuviera la vida de tal persona”, “si hubiese estudiado”, “si mi familia no fuera de esta forma”, “no puedo”, “no soy capaz”, etc.
Ante una crisis adoptan una postura conformista y derrotista.
Esperan que lo peor suceda y se enorgullecen por predecir resultados desfavorables.
El pesimista o depresivo encubierto o no diagnosticado suele ser un foco de conflicto en el ambiente laboral ya que su actitud resignada y oscura se interpondrá en sus tareas y en la relaciones con pares y jefes, ocasionándole un comportamiento antisocial o a la defensiva.

De esta manera, ya sea que se pretenda brillar como profesional en una empresa o comenzar el emprendimiento postergado, como primera medida se debe doblegar esta visión fatalista del mundo para darle paso a una noción más equilibrada y pujante.

3. El Egocéntrico y soberbio

“No cambies la salud por la riqueza, ni la libertad por el poder.”
– Benjamin Franklin

La persona que habitualmente se cree el ombligo del mundo es denominada como egocéntrica, porque por donde vaya cree que se encuentra en una posición superior, de más prestigio, conocimiento o talento que el resto.

Dentro de las alteraciones de la realidad, el egocentrismo es una forma de autoafirmación basada en preceptos descalificadores para con el entorno y de una sobreestima para uno mismo.

Cuando la valoración propia es exagerada los cánones saludables se tornan difusos ya que ineludiblemente se cae en el vicio de la soberbia, la altanería o el desprestigio.

¿Cómo reconocerte o reconocer al Egocéntrico?

Creen que sus opiniones son las únicas válidas.
Suelen llamar la atención desmedidamente y pretender ser el centro de actividades.
No escuchan a los demás pero solicitan ser escuchados y tenidos en cuenta.
Adoptan los logros ajenos como propios argumentando que ellos estuvieron detrás de la idea.
Tratan a sus pares con aires de superioridad.
No reflexionan acerca de sí mismos porque no admiten que puedan equivocarse.
Necesitan del elogio constante, y se ponen irascibles o deprimidos cuando no lo tienen.
Son narcisistas
Viven de la adulación y se rodean de obsecuentes.

La persona egocéntrica no actúa de forma conscientemente cruel, sino que lo hace por una creencia equivocada de su propia imagen. Es decir, en su interior se sienten solos, ajenos y vacíos, con grandes sentimientos de inseguridad que se manifiestan en una personalidad acartonada y con ansias de una superioridad que en realidad es superflua y débil.
El principal riesgo de toparse en el trabajo con una personalidad ególatra sucede cuando no se puede establecer un diálogo ni un fluir de ideas superadoras.

Si es un jefe quien tiene este rasgo de personalidad lo más probable es que una persona talentosa y con deseos de innovación termine alejándose del proyecto o directamente de la empresa.

Con respecto a un emprendimiento exitoso, un egocéntrico empedernido puede llegar a forjar un negocio redituable rodeándose de mediocres obsecuentes, pero sentirá el peso de sus acciones cuando se encuentre solo en la cima sin nadie que lo espere para compartirla.

Es por eso que es un pilar fundamental encontrar el balance ideal entre una estima que permita crecer y avanzar, y una sobreestimación que trunque los vínculos afectivos y comerciales de cara al futuro.

4. El Obsesivo

“Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo.”
– Alexei Tolstoi

La persona que posee un patrón de comportamiento obsesivo se encuentra dominada y controlada por una serie de ideas predeterminadas que asedian la mente sin posibilidad de elección. Estos pensamientos recurrentes no permiten la realización personal y profesional de quien lo padece ya que el “objeto del deseo obsesivo” nuclea todo el tiempo, esfuerzo y dedicación exponenciados a niveles desmedidos y poco sanos.

Entre las obsesiones más comunes se encuentran la obsesión al trabajo, al orden, a una persona determinada, etc.

Este tipo de personalidad es proclive a desarrollar adicciones que perjudiquen notablemente su vida y las relaciones con pares y familia, o diferentes trastornos de ansiedad debido a una muy baja autoestima y a sentimientos de desvalorización y falta de logros.

¿Cómo reconocerte o reconocer al Obsesivo?

Suelen ser monotemáticos.
Se aíslan para dedicar más tiempo a su obsesión.
Dejan de pasar tiempo con amigos o pareja producto de una actividad mental desequilibrada.
Llegan a mentir e inventar excusas irracionales que justifiquen su accionar.
Se aprecia un deterioro significativo en otras áreas de su vida no relacionadas a la obsesión.
Aparecen ciertos hábitos o compulsiones nocivos para la salud como insomnio, mala postura, dolores musculares, etc.

Hay que saber diferenciar bien entre la pasión que estimula y genera felicidad, y ese sentimiento que oprime y maneja las emociones sin permitir que la persona sea capaz de elegir sus actos.
Para no caer en las redes de las obsesiones es importante que la persona tenga en claro la escala de prioridades de su vida y pueda limitarse hasta encontrar un equilibrio en todos los aspectos de la existencia y profesión.

Dado que todos alguna vez hemos trabajado en relación de dependencia y anhelado secretamente o a viva voz dedicarnos a lo que realmente nos apasiona es vital comenzar por uno mismo. No sabotear la concreción de nuestros sueños es un imperativo clave para moldearse y convertirse en aquella persona que queremos ser. Luego es el momento de darle forma al proyecto de negocio o emprendimiento que queremos alcanzar con raíces fuertes que soporten cualquier tormenta.

“Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos.”
– Eduardo Galeano

Fuente: DonWeb.com