Google Glass tiene los cristales empañados

Anunciadas con bombos y platillos en 2012, aquello que prometió Google con sus gafas inteligentes ha ido esfumándose en forma paulatina y sostenida. Aún en ...
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Anunciadas con bombos y platillos en 2012, aquello que prometió Google con sus gafas inteligentes ha ido esfumándose en forma paulatina y sostenida. Aún en estado beta, sus ánimos revolucionarios han chocado de frente con la realidad del mercado, y su lanzamiento a nivel general sigue demorándose. Con un cambio de jefe para la división, Google procura acertar a un blanco al que aún no pudo atinar.

Al momento, el carácter revolucionario de Google Glass no estuvo en el producto en sí mismo, sino en la reacción que el mundo ha tenido en torno a él. Tanto se les imputó la condición de disruptivas y diferentes a lo ya visto, que no fueron pocos los que comenzaron a sentir pavor ante su presencia.

Un paréntesis para desprevenidos: Con el aspecto de un par de anteojos tradicional (o casi), Google Glass procura poner frente a los ojos del usuario muchas de las funciones propias de un smartphone, “imprimiéndolas” en el mundo real. En tanto, se trata de un dispositivo que se anota en diversas categorías: se acomoda entre los smart y también en el pujante segmento de los equipos de vestir, así como en el campo de la realidad aumentada. En términos prácticos, Glass permite navegar por Internet, correr aplicaciones, acceder a sistemas cartográficos, interactuar mediante comandos de voz, y también capturar fotografías y videos gracias a una cámara ubicada en una de las patillas. Estas son solamente algunas de sus funciones; más detalles sobre los dones de Glass pueden ser consultados en este video instructivo divulgado por Google.

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A pesar de las promesas y del temor de aquellos que previeron su proliferación mecánica entre los humanos, estas gafas no han pisado con fuerza en el mercado de consumo. Al momento solamente han estado disponibles en el suelo estadounidense, donde se conseguían por la suma de 1500 dólares. Vale mencionar que el producto que se comercializó en aquel país es una extensión del Programa de Exploradores, una instancia experimental impulsada por Google. Recientemente, la compañía de Mountain View decidió poner fin a esta instancia (la instancia de venta atraviesa un aparente impass), en el marco de un sinfín de críticas que recibe este producto cuyos brillos han ido esfumándose, y cuya visibilidad a nivel mediático también ha mermado notablemente. Cuando aparece en algún repaso periodístico es, por lo general, para referir a un producto que se ha visto eclipsado.

Cristales empañados y cambio de rumbo

En los peores tiempos de Glass, la publicación Business Insider echó más tierra sobre las gafas de Google, al publicar una serie de correos electrónicos firmados por Phil Schiller, director de marketing de Apple. “No puedo creer que ellos piensen que una persona normal alguna vez vaya a usar este tipo de cosas”, había dicho Schiller, según trascendió a través de emails enviados en 2012, cuando Google recién presentaba este dispositivo. Además, el hombre de Apple se reía comparando a los usuarios de Glass con el actor Steve Martin en esta escena (http://www.claytonmooney.com/wp-content/uploads/2014/06/Steve-Martin.jpg) de la película The Jerk.

He dicho arriba: “en los peores tiempos de Glass”. La referencia puede ser algo injusta, teniendo en cuenta que un cambio de rumbo no es precisamente la ruina sino un necesario y eventual impulso. Teniendo en cuenta las críticas recibidas y el lento paso de Glass en el mercado, Google nombró a Tony Fadell como nuevo director de la división encargada de este producto, ocupando el puesto de Ivy Ross, según informó The Verge.

“Los esfuerzos hechos en relación a estas gafas nos han permitido aprender lo que es importante para los consumidores y las empresas. Estoy entusiasmado con la idea de trabajar con Ivy para ofrecer la dirección y soporte. Ella liderará el equipo. Trabajaremos juntos para integrar lo que hemos aprendido en futuros productos”, dijo en ocasión de su nombramiento Fadell, quien anteriormente trabajó en las filas de Apple y que también formó parte de Nest, el especialista en domótica que hace no mucho compró Google.

Los vaivenes de Glass no son novedosos. A mediados de 2014, Babak Parviz, quien fue director de Google X y quien es mencionado como el “padre de las Google Glass”, abandonó Google para continuar su labor en Amazon. “Fundé y lideré varios proyectos en Google (entre ellos Google Glass y Google Contact Lenses, que son públicos ahora) antes de pasar a Amazon”, anotaba Parviz en su perfil de Google Plus.

La merma de interés en torno a Glass se hizo patente, incluso, en el mismísimo seno de Google. En la más reciente edición de Google I/O, la conferencia anual para desarrolladores organizada por los de Mountain View, Glass fue uno de los grandes ausentes. Protagonistas en 2013, al año siguiente brillaron por su ausencia.

¿El nuevo Segway?

El sitio BGR publica una entrada de título elocuente: Un requiem para Google Glass. Allí, no duda en comparar este producto con el Segway, aquel vehículo de dos ruedas que había sido presentado a comienzos de siglo con la promesa de convertirse en el nuevo medio de transporte masivo. ¿Qué ocurrió? El Segway jamás ganó popularidad real; incluso un hecho trágico manchó su promesa, cuando en 2010 Jimi Heselden, el presidente de la firma que compró el desarrollo, falleció mientras ponía a prueba uno de estos vehículos. “La historia de este simpático vehículo ya comenzó con mal pie, o malas ruedas, en 2003. Aquel año, George Bush hijo también quiso probar uno durante sus vacaciones en Maine. Desgraciadamente, se cayó, y allí estaban los fotógrafos para retratarlo”, contaba en la ocasión el diario español El País. El lector curioso puede tipear “Segway fail” en Google para ver porqué este producto no alcanzó el éxito que prometía abrazar.

No obstante, es atinado poner aquí un punto. Los días de Google Glass no han terminado: es muy arriesgado sentenciar que este producto tendrá la misma suerte fallida de los Segways. Comparten el haber tenido un impulso inicial de gran dimensión y una posterior caída en el interés. No obstante, detrás de Glass aparece el nombre de una de las compañías más poderosas de nuestro siglo. Acaso Google sepa cómo lustrar los cristales estallados de Glass, vale decir, empañados por vapores propios.

Las 3 máximas críticas a Google Glass (y una yapa)

1. Su estética: Tratándose de un dispositivo de vestir, no son pocos los que han notado, igual que el mencionado Phil Schiller, que la estética de este dispositivo no es precisamente atractiva; algunos dicen que es simplemente ridículo. Google no es ajeno a esta crítica y ha intentado remediar el aspecto de Glass asociándose con compañías de moda y con conocimientos en el negocio óptico como Oakley y Ray-Ban, tal como contaba Engadget. Sin embargo, aún queda camino por recorrer en este terreno.

2. La metodología de lanzamiento: No es la primera vez que Google pone a prueba uno de sus productos mediante un sistema de invitaciones. Entre otros, ya lo hizo con Gmail y ya conocemos cuál ha sido el resultado. Sin embargo, el caso de Glass no parece haber sido exitoso. Sobrevuela una gran confusión en torno a la comercialización de este producto, que al momento ha circulado en una versión de prueba y a un precio elevado: 1500 dólares. Estos factores (su circulación y su valor de venta) han encerrado a Glass en un círculo pequeño de usuarios, los cuales no solamente son aficionados a la más alta vanguardia tecnológica, sino que también están dispuestos a pagar una elevada suma de dinero por un producto a medio camino. ¿Ser masivo? así, imposible. Bien, ¿Google ha querido que Glass sea un producto masivo? Arriesgo: no.

3. Su carácter invasivo: No he oído quejas en torno a la presencia de una cámara en un smartphone y la eventual invasión a la privacidad que este implemento puede propiciar. Todos ingresamos a restaurantes, cines, casinos y baños con nuestro teléfono en el bolsillo, algunos con cuantiosos megapíxeles. Sin embargo, Glass ha recibido innumerables críticas y voces temerosas por la posibilidad de que el usuario de las mismas esté grabándonos sin nuestro consentimiento. Google ha explicado en numerosas ocasiones que esta función no dista de aquella que ofrece un smartphone, e incluso añadió un indicador LED que delata cuando Glass está grabando. No obstante, los argumentos de la compañía no han sido del todo convincentes, a la luz de los temores que siguen sobrevolando sobre este asunto.

Una yapa: Un agregado final. No son pocos los usuarios que han podido echar mano a Google Glass que hacen notar la siguiente salvedad: el dispositivo no hace mucho más de lo que puede hacer un smartphone; incluso hace menos que éstos. En este sentido, el beneficio de las gafas va en línea con la propuesta de muchos equipos de vestir: ser complementos de un equipo mayor y permitir acceder a diversas informaciones y notificaciones sin la necesidad de sacar el teléfono del bolsillo o bolso. Ahora bien, ¿ser un mero “complemento” no va en contra de aquello que postulamos como “revolucionario”?