Cuando el cerebro de tu hijo lleva la voz cantante

NEUROPSICOLOGÍA El miedo, la impulsividad, la autoestima o la confianza son sentimientos y actitudes que nacen todos en el cerebro de tu hijo. El reto para ...
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NEUROPSICOLOGÍA

El miedo, la impulsividad, la autoestima o la confianza son sentimientos y actitudes que nacen todos en el cerebro de tu hijo. El reto para los padres es conocer y aprender los resortes de este complejo órgano que es responsable de sus pensamientos, memoria, emociones y lenguaje para lograr una relación más satisfactoria

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MADRID/EFE/PILAR GONZÁLEZ MORENO Lunes 25.04.2016

Su conocimiento es clave para que el cerebro de su vástago no lleve la voz cantante, y para que la relación con sus hijo “sea más profunda y satisfactoria”, defiende el neuropsicólogo Álvaro Bilbao, experto en plasticidad cerebral y autor de “El cerebro del niño explicado a los padres” (Plataforma Editorial).

En entrevista a EFE Salud, el especialista explica que el entendimiento por parte de los progenitores es mucho mayor cuando se introduce el mensaje del cerebro.Los padres son capaces de ver que ocurre allí dentro, que zonas se activan, cuales pueden ser dañadas o como se conectan por ejemplo las neuronas entre sí en un aprendizaje positivo.

Defiende que no hay que tener miedo al cerebro, “un órgano muy complejo que ni los científicos entendemos bien bien”, pero las ideas básicas que se tienen sobre como funciona están bien afianzadas, “son ideas que todos los padres pueden entender y que pueden manejar con facilidad, y les ayuda muchísimo”.

Tres cerebros en uno

Considera este especialista  que “probablemente” el dato más útil que padres y madres deben saber es el hecho de que contamos con tres cerebros en uno, explicado metafóricamente claro está.

El cerebro reptiliano, es el más primitivo de todos y se encuentra en la parte inferior, es el que nos permite luchar por nuestra supervivencia.

Aloja las estructuras que hacen latir el corazón y nos permiten respirar.Regulan los estados de alerta (estar despiertos o dormido) y detectan los cambios de temperatura y la sensación de hambre.

En un segundo nivel, están las estructuras que llamamos cerebro emocional, y basan su funcionamiento en distinguir emociones agradables y desagradables.

En último lugar, se encuentra el más evolucionado, el cerebro racional o superior, que nos permite comunicarnos, razonar y ponernos en el lugar del otro.

En el niño, son los cerebros reptilianos y emocional los que, explica Bilbao en su libro, llevan la voz cantante y hasta el primer año de vida, los padres deben interactuar principalmente con el cerebro primitivo y en este nivel de nada sirve razonar con un bebé que se siente hambriento, y la única salida es satisfacer sus necesidades y reconfortarle.

.- Imagen tomada de televisión que muestra la técnica desarrollada en el Hospital La Fe de Valencia por la que se ha sometido a un hombre afectado por un Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) a una psicocirugía, una intervención que, mediante la introducción de electrodos en el cerebro, permitirá mejorarle los síntomas de un problema que puede llegar a invalidarlo por completo.

EFE TV

A partir del primer año, la parte reptiliana convive con la emocional, y aquí si que los padres tienen que empezar a manejar diferentes tipos de estrategias para ser capaces de dialogar tanto con los instintos más primitivos como con sus necesidades emocionales de amor y seguridad.

Alrededor del tercer año, el cerebro racional “cobra un gran protagonismo” en la vida del niño, pero a pesar de ello todavía necesita grandes dosis de afecto y comprensión para lograr dominar su cerebro emocional y cuando está cansado o con sueño o hambre, su cerebro reptiliano todavía puede tomar el control.

En su libro, Álvaro Bilbao explica las estrategias para ayudar a los padres a conectar con los estos tres cerebros y a que sean capaces de enseñar a sus vástagos a dialogar con todas las partes de su cerebro.

En este aprendizaje descubrirás por ejemplo que es en el hemisferio derecho donde se quedan grabadas las escenas traumáticas, porque es donde se encuentra lo emotivo, y también el pensamiento intuitivo y la creatividad, y en el hemisferio izquierdo está el lenguaje, la razón, el pensamiento lógico.

Así, ante una experiencia traumática, lo que hay que hacer es ayudar a tu hijo a hablar de lo que ha visto, porque cuando una persona asustada habla de lo sucedido, su hemisferio izquierdo comienza comunicarse con el derecho. De esa manera se facilita que la parte verbal y lógica de su cerebro ayude a la parte visual y emotiva a superar la experiencia.

El cuerpo estriado

El cerebro, a prueba de cuentakilómetros

Dos personas utilizan un teléfono público de la artista Carla P. Carvalho Fernandes como parte de la iniciativa “Call Parade”/EFE/Sebastiao Moreira

Hay una región en el cerebro emocional denominada “cuerpo estriado” que tiene gran relevancia en el desarrollo de nuestros gustos y apetencias.

Este área, que está estrechamente ligada a la capacidad de atender, identifica que actividades o juegos son mejores en función principalmente de la intensidad del estímulo y de la velocidad a la que llega la satisfacción.

Cuanto más novedoso , gratificante, llamativo por rápido sea el estímulo, “más enamorado” quedará el núcleo estriado de esa actividad, y el problema, advierte Bilbao, es cuando el niño se queda atrapado en la atracción de videojuegos y/o tabletas, olvida el resto y es incapaz de concentrarse en en nada más.

Para frenar estas actividades que pueden interferir en el desarrollo pleno de la atención del niño, tan necesaria para otras actividades como son el estudio, Bilbao propone y explica a fondo en su libro diferentes estrategias para pasar el tiempo con los hijos, para dejarles que se desfoguen, para ayudarles a tener una atención tranquila y para que aprendan a concentrarse hasta el final.

El precúneo o recuerdos en positivo

Los recuerdos de la vida, aquellos experiencias que por una u otra razón merecen ser recordados se almacenan en el precúneo, una región que está en la corteza cerebral posterior.

Considerado uno de los principales centros de integración de nuestras redes neurales, está involucrado en procesos asociados a la memoria y la integración visuo-espacial.

Pues bien cada vez que el niño,  y luego el adulto,  debe tomar una decisión respecto a si es capaz de emprender un proyecto o de resolver un problema, su cerebro busca en el precúneo recuerdos que avalen su decisión.

Si el precúneo contiene recuerdos positivos y el niño es capaz de acceder a ellos, será más optimista a la hora de emprender un reto y lo afrontará con mayor confianza .

Por este razón, Bilbao defiende la importancia de una narración diaria de lo acontecido:“Se trata de conseguir que los niños recuerden sus experiencias del dia en clave positiva, tanto los aciertos como los errores, porque en la medida que el niño lo recuerde en clave positiva sera más capaz de lograr sus metas y de imaginarse resolviendo un problema en clave de éxito, pero para eso es importante que los progenitores sepan conversar con sus vástagos cada día y ayudarles a ver su dia en clave positiva.”

Fuente: Noticias EFE – Salud.

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