El verano es mal compañero del ambiente obesogénico

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ESTILOS DE VIDA

Vivimos rodeados de algo que los científicos que nos dedicamos a la nutrición tenemos como uno de nuestros grandes enemigos, el ambiente obesogénico…Como estamos de vacaciones y hace calor, aunque no estemos demasiado apetentes, caemos en esas tentaciones que nos hacen ingerir más cantidad de la habitual, porque no olvidemos que la carne es débil. Artículo de Antonio Villarino, presidente de la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (SEDCA)

MADRID/OPINIÓN/ANTONIO VILLARINO Jueves 11.08.2016

Villarino, catedrático de Bioquímica y profesor de Nutrición en las facultades de Enfermería y de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, colabora con EFEsalud con este artículo en el que reflexiona sobre el verano, las vacaciones y la relajación de los hábitos saludables, sobre todo alimenticios.

Miembro de la Junta Directiva de la Federación de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética, también es tesorero de la Fundación Alimentación Saludable.

El verano es mal compañero del ambiente obesogénico

por Antonio Villarino

Es realmente curioso que cuando nos vamos acercando al periodo estival nos llenamos nuestros pensamientos de buenas intenciones, desde el punto de vista de la salud. Decimos que vamos a realizar más deporte porque tenemos más tiempo libre e incluso que en nuestras vacaciones en el mar o la montaña realizaremos mucho ejercicio porque es lo que de verdad nos gusta y no tenemos oportunidad a lo largo del año… Esto lleva unido un “teórico maridaje”, realizar una dieta más sana, equilibrada, menos calórica y que nos va a ayudar a ponernos en forma de una manera eficaz…

Antonio Villarino, presidente de la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (SEDCA). Foto cedida

Antonio Villarino, presidente de la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (SEDCA). Foto cedida

La realidad es totalmente diferente. Vivimos rodeados de algo que los científicos que nos dedicamos a la nutrición tenemos como uno de nuestros grandes enemigos, el ambiente obesogénico: comidas agradables, altamente palatables, hipercalóricas, acompañadas de bebidas (alcohólicas o no) que suben los valores energéticos a límites insospechados. Como estamos de vacaciones y hace calor, aunque no estemos demasiado apetentes… caemos en esas tentaciones que nos hacen ingerir más cantidad de la habitual, porque no olvidemos que la carne es débil.

Tenemos que ajustar la actividad física, ya que empezamos por realizar a veces esfuerzos deportivos demasiado grandes, no necesarios y llevamos a nuestro cuerpo en unas situaciones que pueden ser arriesgadas, atravesando con mucha facilidad el umbral anaeróbico personal y con esfuerzos cardíacos sin sentido, sin olvidar posibles problemas en brazos, piernas, etc… ¡Quién no conoce alguna persona que haya acabado en urgencias del centro de salud del pueblo en el que veranea con un esguince, distensión… o fractura! A esto hay que unir el efecto “equilibrador” del gasto energético que se suele producir en esta época con la siesta, que siendo placentera y tener unas bondades claras, están reñidas estas últimas con el tiempo de duración que suele ser algo alto (a veces disparatado) en nuestro descanso canicular.

Analicemos y reflexionemos sobre nuestra situación en estas épocas, respecto a este ambiente multifactorial ya que, aunque hemos tocado los aspectos de alimentación y ejercicio, en las vacaciones y en nuestro entorno, no suelen surgir situaciones de gasto energético muy altas ….

Podemos hacer un planteamiento que puede ser muy obvio ¡pero no por ello menos eficaz!

Las vacaciones son para descansar el cuerpo y la mente y ambos se pueden lograr con una relación de ingesta/gasto adecuada para nuestras necesidades. Debemos ser regulares, constantes, con un ejercicio eficaz, placentero, que nos haga sentirnos bien física y anímicamente… Los paseos por la playa, las subidas a montes no muy elevados, los circuitos en bicicleta son una serie de actividades en el gasto es muy adecuado

Luego está el tema de la alimentación, al que nosotros nos dedicamos más profundamente. Nuestra educación nutricional la aplicamos al devenir diario en épocas normales de trabajo, pero esta etapa veraniega debe tener también sus objetivos a cumplir.

 EFE/Emilio Naranjo

EFE/Emilio Naranjo

Abandonemos el exceso de bebidas ricas en azúcares, no es que no haya que beber refrescos edulcorados, pero si limitar su consumo o tomar partido por las opciones hipocalóricas de los mismos. En cuanto a las bebidas alcohólicas recordemos que, aparte de otros efectos potencialmente perjudiciales, suelen ser muy hipercalóricas y algunas, que además llevan alto contenido en anhídrido carbónico, se ingieren en cantidades muy altas, por lo que llevan consigo este problema ligado a la obesogenia. Hagamos el propósito de beber agua, que por otro lado es lo que siempre recomendamos en cualquier momento del año y por supuesto, más en verano.

De los alimentos no vamos a realizar ningún desarrollo en esta pequeña reseña, pero recordemos nuestra magnifica, sana, imaginativa y equilibrada dieta mediterránea que, ingiriéndola en cantidades justas, es el mejor método para el equilibrio alimentario.

Es muy fácil plantear una buena educación nutricional en el verano y que pueda combatir estos problemas que nos acechan. Lo que realmente es complicado es cumplirlo. Llevamos una vida, en general, demasiado estresada y con una alimentación poco adecuada. ¿Qué podemos pensar de unos momentos de relax, en los que damos rienda suelta a estos instintos tan calóricos y palatables?

Convenzámonos de que los días de descanso veraniego son para disfrutar, pero no es obligatorio comer, beber y dormir de una manera cuasi compulsiva, pues al volver de estos, la sensación de frustración va a ser muy grande. Y nos quedan otros largos once meses para caer de nuevo en las garras de la obesogenia estival.

Fuente: Noticias EFE – Salud.