Futuro blanco para el cáncer negro

oncología Julián entra furioso en mi consulta porque lleva casi dos horas de retraso y aún ha de empaquetar el equipaje. Esta tarde planea viajar para ...
publicado por
Agencia EFE avatar photo
hace karma
0,20

oncología

Julián entra furioso en mi consulta porque lleva casi dos horas de retraso y aún ha de empaquetar el equipaje. Esta tarde planea viajar para participar en una competición con su grupo de baile de salón…. Así comienza el artículo que el doctor Ricardo Cubedo ha escrito para EFEsalud sobre el melanoma, con un enfoque tan original como riguroso

:)

ANÁLISIS/RICARDO CUBEDO Miércoles 29.06.2016

Ricardo Cubedo es especialista en oncología médica y ejerce en el Hospital Puerta de Hierro de Majadahonda (Madrid) desde 1995, donde desarrolla su actividad asistencial e investigadora.

Actúa como perito ante numerosos tribunales de justicia y sirve como experto para la Agencia Europea del Medicamento. Colabora asiduamente con asociaciones de pacientes y medios de comunicación como divulgador médico. En este artículo vuelca sus conocimientos, experiencia y planteamientos sobre el melanoma.

Futuro blanco para el cáncer negro

Por Ricardo Cubedo

Julián entra furioso a mi consulta porque lleva casi dos horas de retraso y aun ha de empaquetar el equipaje. Esta tarde planea viajar para participar en una competición con su grupo de baile de salón. A pesar de la que me cae, no puedo evitar sonreír para mí: apenas unos años atrás, este recién jubilado, bailarín aficionado con aspecto de leñador, llevaría muerto mucho tiempo, pero eso él no lo sabe.

Cuando diagnosticamos su melanoma en Puerta de Hierro, el tumor no parecía demasiado amenazador, apenas una mancha oscura tras su oreja izquierda que podría ocultarse tras una moneda de 20 céntimos; sin embargo, ya se había extendido a docenas de huesos, multitud de ganglios linfáticos en el pecho y, lo peor, al cerebro.

En realidad, la primera manifestación de su enfermedad fue una pérdida del equilibrio que le estorbaba al bailar, causada por la gran metástasis en el interior del cráneo, bajo el hueso de la nuca.

cáncer, melanoma, piel, oncología

Ricardo Cubedo/Foto facilitada por el doctor Cubedo

El melanoma que a Julián parece importarle menos que el concurso de baile surgió algún día en lo más profundo de su piel cuando un melanocito (las células que se encargan de proporcionar color y bronceado a la piel) sufrió una mutación crítica en su código genético que la llevó, primero, a reproducirse sin parar hasta formar el negro tumor y, más tarde, a desprender células que se esparcirían por la sangre.

La batalla contra el melanoma

El melanoma es uno de los cánceres más odiados por los oncólogos. Ciertamente, la vigilancia de las manchas de la piel permite diagnosticar muchos melanomas en fase curable. No obstante, su capacidad de diseminación es asombrosa. No hay tumor de esta clase tan pequeño que no pueda sembrar el cuerpo de metástasis. Hasta hace poco, hemos tenido las manos prácticamente atadas cuando esto sucedía. Los tratamientos de quimioterapia eran pocos y de escasa ayuda. O no funcionaban en absoluto o, cuando lo hacían, apenas alargaba la vida de nuestros pacientes algunas semanas, unos pocos meses a lo sumo.

Un enfermo con metástasis en el cerebro no debía esperar vivir mucho más allá de tres meses. Sin embargo, ya hace más de dos años que un TAC de urgencia descubrió el melanoma en el cerebro de Julián. Lo hermoso es que el caso de mi paciente ya no es excepcional. Tan sólo ilustra la asombrosa revolución que ha tomado al asalto el campo de batalla del melanoma.

Un trabajo de investigación

Pero estas “revoluciones”, casi nunca son tales en realidad, sino el resultado final de un arduo trabajo de investigación llevado calladamente a cabo en los laboratorios durante años. En el caso del melanoma, lo que permite a mi paciente acudir a su concurso de baile a pesar de la metástasis, es la convergencia de dos líneas separadas de investigación.

La primera de ellas ni siquiera está directamente relacionada con el melanoma, sino con el sistema inmunitario. Desde hacía décadas se sabía que, en condiciones excepcionales, las defensas de nuestra sangre eran capaces de atacar y de destruir las células del melanoma. A finales del siglo pasado se pudo averiguar que las células del melanoma habían “aprendido” a inactivar la clase de glóbulos blancos (los linfocitos T) capaces de identificarlas, perseguirlas y destruirlas.

Tanto los linfocitos T como las células de melanoma tienen su superficie recubierta de muchas clases de moléculas, literalmente como las púas de un erizo. Estas moléculas reaccionan entre sí, canalizando información entre las células, transmitiendo órdenes de unas a otras. Por increíble que parezca, las células del melanoma eran capaces de “enchufarse” a los linfocitos T mediante alguno de esos receptores de membrana (que así se llaman) y transmitirles una orden de desactivación.

radiologia, tecnologia, cáncer

La imagen muestra el escáner de torax de un enfermo de melanoma con múltiples metástasis en los pulmones/Imagen facilitada por el Dr. Cubedo

Bajo el influjo de las células del propio melanoma, los glóbulos blancos dejaban de atacarlas. Es como si un ejército interceptara las líneas de comunicación del enemigo y engañara a sus soldados, ordenándoles la retirada.

Con mucho trabajo de laboratorio se aislaron las dos moléculas­ clave que las células malignas emplean para engañar a los linfocitos. Los investigadores las bautizaron PD1 y CTLA4 y se dispusieron a diseñar fármacos para contrarrestarlas. En el año 2000 se empezó a tratar a los primeros voluntarios en programas de investigación.

Hoy disponemos de un anticuerpo contra CTLA4 (ipilimumab) mas dos anticuerpos contra PD1 (pembrolizumab y nivolumab). Estos nuevos medicamentos son capaces de “desenchufar” a las células del melanoma de los glóbulos blancos que, liberados del engaño al que estaban siendo sometidos, “despiertan”, reconocen a las células cancerosas como dañinas y se activan para destruirlas.

Medicamentos contra el melanoma

La segunda línea de investigación sí que se fijó en las propias células del melanoma. Llamó la atención de los laboratorios de investigación que la mitad de los melanomas presentaban mutaciones en un gen llamado BRAF. El gen está en nuestras células normales, solo que habitualmente inactivo. Ocasionalmente, se pone en funcionamiento para que las células se dividan y las nuevas reemplacen a las que se destruyen por viejas.

Aparentemente, los genes mutados se quedan “atascados en posición de ON”, obligando a la célula mutada a dividirse sin freno. Diseñar medicamentos contra BRAF no fue fácil, pues requiere una molécula diminuta y resistente capaz de escamotearse dentro de la propia célula cancerosa, donde BRAF se oculta. Vemurafenib fué el primer medicamento anti­BRAF aprobado para el tratamiento del melanoma, y el que le cambió la vida a Julián, un portador de la mutación BRAF según averiguamos en Puerta de Hierro.

Toallas protectoras en la playa, en un acto para sensibilizar sobre los peligros del sol/EFE/Dean Lewins

Toallas protectoras en la playa, en un acto para sensibilizar sobre los peligros del sol/EFE/Dean Lewins

Poco después apareció dabrafenib, un segundo fármaco de la misma clase. Ipilimumab, nivolumab, pembrolizumab, dabrafenib y vemurafenib consiguen que los enfermos con melanoma diseminado disfruten de años de vida normal, cuando hasta hace poco solo podían esperar morir en meses. Incluso algunos pacientes sobreviven tanto tiempo con la enfermedad aparentemente inactiva que estamos empezando a sospechar que, acaso, los hemos curado y podemos suspender el tratamiento.

El futuro y los retos

Pero queda mucho trabajo por hacer. Ignoramos por qué algunos pacientes no responden o se hacen resistentes a los fármacos. También desconocemos qué medicamentos debemos usar en primer lugar y qué combinaciones son las mejores. Por último, siempre queda el reto de cómo financiar de manera sostenible fármacos que generan facturas de decenas de miles de euros por cada paciente tratado.

Pero Julián no conoce nada de todo esto. Solo sabe que se encuentra bien y que puede ganar el concurso de baile con el tango que lleva tan bien ensayado.

Fuente: Noticias EFE – Salud.