10 argumentos que usas a diario y que te acercan a un integrista islámico

30.03.2016 – 05:00 H. Aunque sea para defender lo contrario, cada vez es más frecuente escuchar en Occidente (sí, también en España) argumentos similares a ...

30.03.201605:00 H.

Aunque sea para defender lo contrario, cada vez es más frecuente escuchar en Occidente (sí, también en España) argumentos similares a los que llevamos décadas oyendo pronunciar a los fundamentalistas islámicos. El éxito de su ofensiva en Europa y EEUU no es tanto por sus aberrantes crímenes (Europa sufre hoy menos ataques terroristas que en los años setenta) como por la influencia que han logrado para determinar nuestro debate político y cultural, haciendo que nos parezcamos cada vez más a ellos y que veamos el mundo como una lucha de civilizaciones, una película en blanco y negro de culturas bondadosas contra otras malvadas.

1. “Nuestra sociedad está cada vez más adormecida, es cobarde y frívola, y nuestros enemigos se aprovechan de ello”.

Es uno de los argumentos centrales del integrismo islámico. En las naciones musulmanas, en la trinchera donde se disputa la batalla más cruenta, el fundamentalismo carga con vehemencia contra todos los sectores de la sociedad que hablan de convivencia pacífica, contra quienes buscan llegar a acuerdos y hacer negocios antes que predicar el odio, quienes adoptan posturas pragmáticas y ponen su bienestar y el de sus familias por encima del sentimiento de tribu.

 

2. “Todo esto ya ocurrió en el siglo XV, nos lo llevan haciendo desde la batalla de…”.

Los fundamentalistas utilizan la Historia como el punto de apoyo de casi todos sus razonamientos teóricos. Todo lo malo es consecuencia de hechos enterrados en el pasado y nuestros enemigos llevan comportándose igual desde siempre. Interpretar el presente desde una perspectiva histórica y renegar de todo lo nuevo (lo que el filósofo alemán Sloterdijk llama “la neoclastia”) es uno de sus temas de conversación preferidos. Mientras tanto, son alérgicos a los datos, a las estadísticas, a la contextualización y a los informes técnicos. Unos ignoran que el islamismo está arruinando sus economías y otros que el propio Partido Republicano acabó llegando a la conclusión de que meter tropas terrestres en Irak fue un error.

 

3. “El problema de fondo es su religión y su cultura, que es perversa y asesina”.

La demonización total de la cultura del ‘adversario’, de su manera de entender el mundo, es otro de los grandes ejes del fundamentalismo. Para un radical islámico, el enemigo es el cristianismo, el hinduismo, el pueblo chino o la cultura occidental en conjunto. Da igual: se colocan grupos enteros de población en el punto de mira y se tiende a no establecer excepciones.

El problema nunca es concreto, sino general. Frente al islam, solo hay, o culturas idólatras, o sociedades materialistas que reprimen la espiritualidad en general y capaces, por ejemplo, de aberraciones como abandonar a todos sus ancianos en asilos. El punto de tensión siempre es el choque de civilizaciones, una guerra infinita, ineludible y tan vieja como el mundo.

 

4.  “Nosotros siempre, siempre somos las víctimas”.

Los fundamentalistas se presentan siempre como víctimas: son ante todo víctimas de sus enemigos externos, pero también de la incomprensión de su “propia tribu”, que a menudo los trata como locos exaltados cuando son los únicos que defienden la verdad frente al inmovilismo y la cobardía. Se sienten también víctimas de cualquier cosa que les ocurra “a los suyos” en cualquier lugar del mundo, de Bagdad al barrio somalí de Minneapolis, pasando por las ‘banlieues’ de París o el suroeste de Myanmar.

5. “Basta de razonar, hay que tirarse al cuello”.

En el islam radical, es constante la reivindicación de los valores de hombría: cojones, ‘guts’, ojo por ojo. Como anteposición a lo ‘blandito’ y lo ‘inane’. El mundo es así, no lo han inventado ellos. Y las armas y la fuerza son la única salida que les queda porque están acorralados. Dialogar es ridículo por definición y cada minuto que pasamos sin actuar equivale a ceder terreno. Pensar en las causas y el contexto es pensamiento débil, propio de una sociedad acomplejada y sometida que se pierde en filosofar tonterías. No hay nada que hablar con quienes destruyeron Irak matando a miles de civiles, con quienes pactan con las dictaduras del Golfo a cambio de petróleo o con quienes encierran en una jaula sin agua potable a los palestinos.

El clérigo radical Abu Qatada, durante su juicio en Amán, Jordania. (Reuters)El clérigo radical Abu Qatada, durante su juicio en Amán, Jordania. (Reuters)

6. “Nuestras leyes no nos protegen, están pervertidas”.

Las leyes actuales no nos protegen porque están pervertidas. Hay que olvidarse de ñoñerías garantistas y volver a una legislación más dura, inspirada en nuestros valores más arraigados, los que nos hicieron grandes, cuando se perseguía de verdad a los criminales y se dejaba vivir tranquilos a los ciudadanos de bien.

 

7. “Nuestra civilización es lo mejor que le ha pasado al planeta y estamos tolerando que la destruyan. Tenemos que defenderla con nuestra vida”.

El relativismo es un cáncer. Nuestros valores son superiores y tenemos que dar la vida por defenderlos, sobre todo en nuestros territorios y nuestras comunidades, en la ‘Umma’. No podemos tolerar que los cristianos beban alcohol en nuestros países, que tengan relaciones sexuales fuera del matrimonio o que construyan y mantengan iglesias.

 

8. “Echa un vistazo a este vídeo. Mira lo que hacen y lo que dicen. Esto es lo que piensan de nosotros”.

Recrearse con los mensajes del ‘enemigo’ es otro de los pilares de la propaganda fundamentalista. Riegan el odio exhibiendo sin descanso el vídeo de Donald Trump prometiendo que prohibirá la entrada de los musulmanes en EEUU si gana las elecciones, el de Marine Le Pen clamando contra la inmigración, o el de los marines bromeando sobre el sufrimiento de las víctimas colaterales.

9. “Son todos iguales”.

Al hablar de Occidente, los radicales no suelen pararse a pensar en qué diferencia a un campesino de Huelva de un pequeño empresario de Texas o de un diseñador parisino. Para ellos, todos pertenecen a una misma esfera, de la que normalmente solo tienen conocimientos superficiales. Eso sí, se llevan las manos a la cabeza cuando a alguien se le ocurre poner en el mismo plano a un albañil bereber del Rif que un comerciante afgano o un pescador bangladesí…

10. “Si rechazan la violencia contra nosotros, ¿por qué no se manifiestan para expresarlo?”.

Uno de los argumentos favoritos de aquellos que defienden los atentados en países occidentales es que en las democracias, los gobernantes son elegidos por sus pueblos, por lo que estos son responsables de las políticas belicistas de sus gobiernos y las sucesivas guerras. Si estuvieran en contra, argumentan, lo expresarían y señalarían a los responsables. Así justificaron, por ejemplo, el 11-S y el 11-M, o los recientes atentados de París y Bruselas. 

Fuente: ElConfidencial.com