¿A quién debería votar un (verdadero) liberal?

Algunos prefieren definirse como “libertarios”, otros como “austriacos”, “liberales de verdad” o “liberales a secas”. Suspiran con los principios ...

Algunos prefieren definirse como “libertarios”, otros como “austriacos”, “liberales de verdad” o “liberales a secas”. Suspiran con los principios fundacionales de Estados Unidos, creen que el papel del estado tiene que reducirse a su mínima expresión y citan de memoria a Hayek, Mises, Friedman o Buchanan. Reivindican cierta pureza de sangre y les molesta el manoseo de esta etiqueta política, la suya, que se ha puesto de moda.

Y en cada cita electoral se enfrentan al mismo dilema: “¿Tiene sentido votar? ¿Pero a quién?”.

“Es una paradoja porque nunca se habían utilizado tanto las palabras ‘liberal‘ o ‘libertad’ como en los últimos tiempos. En esta campaña se lo he escuchado al PP, a Ciudadanos… incluso el PSOE coquetea ya con ello. Pero luego revisas los programas y las promesas y más que liberalismo lo que nos presentan es peronismo”, resume Antonio Golmar, doblador y traductor audiovisual.

Algo parecido piensa Maria Blanco, profesora de la Universidad San Pablo-CEU y autora de “Las tribus liberales”, un libro en el que busca retratar a la “gran familia” de economistas, académicos, periodistas, empresarios y políticos que aglutinan el panorama español. “Ahora mismo en España no hay un proyecto liberal realista, no es posible. A lo más que podemos aspirar es reducir el proteccionismo”, lamenta.

Aunque sigue siendo minoritario y está lejos de alcanzar el peso que tiene en el mundo anglosajón, las teorías libertarias han empezado a abrir brecha en España, cuentan ya con think tanks como el Instituto Juan de Mariana y van arañando espacios en la vida pública, en Internet y en el panorama mediático. Es más, según el CIS cerca del 12 por ciento de los españoles se identifican con la definición “liberal“, la segunda categoría política más elegida, sólo por detrás de los “socialistas” (12,4%) y por encima de los “conservadores” (11,7%).

Una efervescencia que, sin embargo, se desinfla sin remedio al acercarse cada cita electoral.

El Partido Libertario (P-Lib), el único que los ‘ortodoxos’ consideran lo suficientemente liberal como para que valga la pena salir a votar, logró 9.644 papeletas en las elecciones europeas del año pasado, cuatro veces menos que el Partido Pirata y un tercio menos que los ultraderechistas de Democracia Nacional. Su líder, Juan Pina, no llega a los 3.000 seguidores en Twitter.

“Yo creo que el problema es que los liberales no somos gente de acción política, somos anti-políticos por definición. Para alcanzar el poder hace falta disciplina de partido, jerarquía, etcétera, y nosotros no tenemos nada de eso. Creo que nuestra batalla tiene que ser la de las ideas, hacer que vayan filtrando para que sean los propios partidos los que busquen adoptar medidas liberales”, opina Miguel Anxo Bastos Boubeta, profesor de la Universidad de Santiago de Compostela y un “histórico” del movimiento.

Javier Fernández-Lasquetty anunciando que abandonaba su escaño (Efe).Javier Fernández-Lasquetty anunciando que abandonaba su escaño (Efe).

¿La gaviota? Nunca más

El desencanto con el Partido Popular es casi unánime. “La generación de mis mayores se comprometió de cierta manera con el PP, pensando que dentro de sus corrientes había grupos que defendían la libertad, al menos económica, pero hemos salido con las orejas coloradas. En definitiva, el liberalismo ataca sobre todos los privilegios y las posiciones dominantes, y eso es incompatible con lo que hoy defiende el PP”, dice Blanco, quien en su libro llega a afirmar que “un liberal se opone por definición a los conservadores y, por tanto, a los neoconservadores”.

“Las diferencias entre el PP y Podemos no son de esencia, sino de grado, porque no cuestionan el sistema, ambos presumen de hacer políticas sociales, cuando deberían avergonzarse de ello porque tendrían que aspirar a que no hagan falta políticas sociales porque se crea la suficiente riqueza”, remata el profesor Bastos Boubeta.

El periodista Antonio José Chinchetru, otro liberal “hasta las últimas consecuencias”, opina que el gobierno de Mariano Rajoy ha sido el que más ha hecho por alejarlos. “Su gobierno ha sido la antítesis del liberalismo. Montoro se ha dedicado a subir y subir impuestos, han intervenido medios de comunicación, etcétera, y cosas que a los liberales nos generan hoy una gran repulsa”, dice.

Desencantados con la gaviota y tras haber visto ‘volar’ a gente como el exconsejero de Sanidad, Javier Fernández-Lasquetty (que se ha marchado a una universidad liberal de Guatemala), algunos observan ahora el auge de Ciudadanos con cierto interés, por propuestas concretas tanto en el ámbito económico como en el social. “Sí es verdad que algunas propuestas son muy liberales, como despenalizar el consumo de marihuana, la prostitución o algunas reformas económicas. Pero es un partido muy complejo, con gente liberal como Albert Rivera o Juan Carlos Girauta, y socialdemócratas como Javier Nart”, añade Chinchetru.

“Yo creo que más que partidos liberales tenemos que pensar en políticos liberales o medidas liberales, con transversalidad. Más en la difusión de ideas que en la acción política. Y fomentar un debate que en España sigue siendo pobre en comparación con el mundo anglosajón. Pero sí, es una pena que no haya grandes partidos liberales en España y que se utilice tan mal el término”, dice el ingeniero y empresario catalán Juan Torras.

Muchos, directamente, dan la batalla por perdida, al menos en el plano político. “Quizá la principal razón por la que los liberales nunca vamos a gobernar es porque no creemos que haya que arreglarle la vida a los demás. Porque sabemos que no es posible conseguir la información necesaria para dirigir la sociedad desde arriba. Porque creemos que lo que hay que hacer no es gobernar, sino dejar a la gente en paz”, dice el también periodista Daniel Luna.

Fuente: ElConfidencial.com

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