A solas con el hombre que fue Falciani antes que Falciani

En 2005, la entidad suiza Julius Baer reconocía el robo de información bancaria en las Islas Caimán entre 1997 y 2003. Rudolf Elmer, su número dos en el ...

En 2005, la entidad suiza Julius Baer reconocía el robo de información bancaria en las Islas Caimán entre 1997 y 2003. Rudolf Elmer, su número dos en el paraíso caribeño, sustrajo los datos para mostrar a la opinión pública cómo los grandes bancos de inversión diseñan la evasión fiscal. El exbanquero filtró la información a WikiLeaks porque las autoridades suizas obviaban su denuncia. Diez años después, en Bruselas, Elmer relata a El Confidencial sus diez años de lucha judicial y la persecución sufrida.

PREGUNTA: Durante 9 años usted gestionó las operaciones del banco suizo Julius Baer en las Islas Caimán, lo que le permitió conocer los secretos de la entidad y la evasión fiscal que diseñaba y favorecía.

RESPUESTA: En las Islas Caimán yo era el número dos, aunque actuaba como el número uno porque mi superior era un local que trabajaba como managing director, contratado por sus contactos con los políticos locales.

Dirigía un banco que estaba dentro de la estructura del grupo financiero, una trust company, sociedad especializada en inversiones de capital, dentro del departamento de fondos. Al principio yo no era muy consciente, pero me di cuenta cuando un alto ejecutivo me dijo “ahora estás al otro lado de la barrera, ya no eres un auditor”. Yo había sido previamente auditor en consultoras y bancos como Credit Suisse.

Cuando empecé a ser consciente de que a nivel bancario estábamos evadiendo al fisco suizo también tenía otro puesto, era el compliance officer –cargo similar al de director legal–, un puesto en el que mucha información no está hecha para que tú la leas. Internamente yo escribía los manuales para que los empleados me informasen sobre prácticas abusivas, y eso nunca pasó. En ningún caso.

P. Por lo tanto tenía que ser consciente de esos informes, si es que existieron…

R. Yo estaba saturado por el trabajo, comprobando todos los acuerdos y los empleados tenían que darme gran cantidad de información. Así que trabajaba en torno a 12 o 15 horas al día y, por desgracia, no prestaba mucha atención a la parte de los fondos de inversión o de capital. Pero empecé a analizar lo que ocurría en esa división, a revisar memorias internas que explicaban, por ejemplo, cómo no acercarse a un cliente en Estados Unidos, en Alemania o en España.

No quieren un contacto directo de los clientes con jurisdicciones secretas como las Caimán. Hasta había una norma interna que decía “no ofrezcan ninguna información a un contestador telefónico, podría ser confiscado por la policía y establecerse una conexión directa entre el cliente y las Caimán”.

P. ¿Cómo se contacta con los clientes desde bancos o sociedades de este tipo?

Básicamente, los clientes tratan de evitar cualquier contacto con una jurisdicción opaca excepto cuando viajan a Suiza. O cuando, por ejemplo, los bancos viajan a España o a Reino Unido, entonces sí se establece un contacto en algún sitio, no en un banco, claro está.

Rudolf Elmer respondiendo las preguntas de los periodistas (Reuters).Rudolf Elmer respondiendo las preguntas de los periodistas (Reuters).

P. Si yo fuese un cliente, un multimillonario español, y quisiera eludir el pago de impuestos, ¿viajaría a Suiza y contactaría personalmente con representantes de Julius Baer o iría a las Islas Caimán?

R. No, nunca se viaja a las Islas Caimán porque supone un riesgo. Podrías ir a Suiza o un asesor para clientes te visitaría en España o en Bélgica. O también podría concertarse una cita en un lugar intermedio como Frankfurt. Es muy difícil detectar cómo un abogado en Panamá te representa o una compañía en un país posee otra que representa sus intereses. Es muy sencillo ocultar el beneficiario final incluso hoy. Nada ha cambiado.

El negocio en los paraísos fiscales, en jurisdicciones opacas, gira en torno al dinero, somos una máquina de hacer dinero… Fijémonos en las Islas Caimán: su población no paga impuestos por ningún ingreso ni por sus fortunas, ninguno.

P. En la década que estuvo al frente de las operaciones de Julius Baer en las Islas Caimán, ¿cuánto dinero pudo ayudar a evadir al banco?

R. Voy a mencionar sólo al banco y a Suiza. Cuando escribí a las autoridades, hablaba de 100 millones de francos suizos que Julius Baer habría evadido, no me refiero a las trust companies que operaban. Sólo el banco habría evadido esa cantidad. Y no incluyo a otras entidades financieras, que usan sus propias estructuras internacionales de evasión fiscal. Esa cifra sería solo en Julius Baer pero pensemos que en aquellos días en las Islas Caimán había hasta 600 bancos.

P. ¿Estamos hablando claramente de un modelo de negocio?

R. Sí, es lo que hay que entender. Básicamente, la organización del país funciona así. No sólo evasión fiscal, también hay negocios opacos, otras fuentes de ingresos como el blanqueo de dinero, regulaciones laxas, menores controles en la gestión empresarial, que no es tan estricta como en Suiza o en España.

Luego están los vínculos políticos. Por ejemplo, en 2011, el primer ministro, McKeeva Bush, fue a prisión por fraude. Cuando yo estaba allí, en 2002, él era un banquero. Estaba en el Consejo de una entidad luego cerrada por los estadounidenses por blanqueo de dinero. La justicia de las Islas Caimán investigó el caso y dictaminó que nadie le había explicado realmente sus responsabilidades y funciones. Y no fue a la cárcel.

P. En 2005, usted fue a la prensa con información sobre la evasión fiscal en las Islas Caimán.

R. Primero fui a las autoridades tributarias y luego se hizo público. En 2007, intenté resolver el asunto en Suiza porque había un caso con un abogado que trataba de alcanzar un acuerdo con una trust company, era una persona muy famosa, y sólo había un periódico que estaba escribiendo sobre ello. El resto de medios lo estaba obviando, porque el Julius Baer es un banco importante, forma parte de la banca de inversión del país. Tiene tanto poder que no había forma de que la justicia o los medios estuvieran en posición de emplear ese tipo de información sin sufrir luego problemas. Lo intenté en 2006 y 2007 pero necesitaba hacerlo público y por eso fui a WikiLeaks; de otra forma me habrían silenciado.

Reunión en del banco suizo Julius Baer (Reuters).Reunión en del banco suizo Julius Baer (Reuters).

P. Y realmente sí buscaron silenciarlo o casi destruirlo. ¿Se le acusó de intentar poner una bomba en un edificio del banco Julius Baer?

R. Es cierto, y de más amenazas. Tengo que reconocer que amenacé al banco con ir ante la prensa, cierto, pero debemos comprender que el banco vino contra mí, contra mi mujer, contra mi familia. Hubo 11 detectives privados que nos vigilaban, practicaban una forma de acoso. Mi hija ya no quería ir más al parvulario porque hasta se acercaron a ella y le llegaron a ofrecer una chocolatina. Ella tenía miedo de estos hombres. También hubo un incidente en la calle en el que tuvo que intervenir la policía, pero no pudieron hacer nada porque era un espacio público y el detective no tenía ningún arma.

P. ¿Tiene pruebas de que estos detectives privados fuesen contratados por Julius Baer?

R. Sí, está probado. Puse una denuncia y el tribunal demostró que hasta 11 detectives durante dos años estuvieron presionando a mi familia. No todos los días, por ejemplo durante dos semanas, luego paraban tres meses y volvían otra vez dos semanas.

Querían generar un terror psicológico, que yo cometiera un crimen, que empleara la violencia, para declararme mentalmente incapacitado. Durante uno de los juicios se intentó. Me hicieron dos evaluaciones médicas, una de ellas de más de 120 páginas sobre mi estado mental. Intentaban silenciarme en Suiza, que no fuera a WikiLeaks. Yo sabía que, si cometía algún delito, el caso estaba arruinado.

P. Esto fue antes de acudir a WikiLeaks y a Julian Assange. Pero ¿el banco Julius Baer se puso en contacto con usted?

R. En 2004 el principal abogado de la entidad me invitó a tener un contacto para decirme que habían gastado ya un millón de francos suizos en investigarme. ¡Realmente habían invertido mucho dinero en mí! ¡Y todo para ponerme bajo presión! No sólo a mí, también a mi familia, aunque por fortuna tengo una buena familia, una gran mujer que comprende mi caso. Se llegó a un punto en el que tuve que necesitar apoyo psicológico y estuve en el hospital durante unas pocas semanas.

P. Además de esta presión a la que le sometieron, ¿también estuvo en la cárcel por los juicios que sufrió?

R. La primera vez fueron 30 días en 2005 y la segunda en enero de 2011 durante un juicio porque había llevado unos CDs a Julian Assange. Así que en noviembre de ese año me volvieron a llevar a prisión. Estuve 170 días y acusaron a mi mujer de cooperación para vulnerar el secreto bancario. Me tuvieron aislado de mi mujer, ella no me podía visitar, mi hija sólo me podía ver una hora a la semana. Emplearon todo este tipo de presiones psicológicas.

Y en 2014, en otro nuevo juicio, el fiscal intentó meterme de nuevo en prisión pero después de cinco años del primer juicio ya no era posible. Lo que sí han conseguido es que en Suiza no pueda trabajar nunca más en un banco.

Hervé Falciani en una foto de archivo (Efe).Hervé Falciani en una foto de archivo (Efe).

P. ¿Tiene algún juicio pendiente ahora mismo?

R. Otros dos más, de nuevo por vulnerar el secreto bancario de Suiza. Pero estamos hablando de datos de una trust company en las Islas Caimán, no del propio banco Julius Baer. Y sólo pueden investigar a una persona si es un empleado de un banco suizo. ¡Yo no lo era! Mi contrato era con Julius Baer en Cayman Islands. Así que están intentando forzar la ley o ignorarla en mi caso. Ya me han declarado culpable pero hemos recurrido la sentencia con ese argumento.

P. ¿En las Islas Caimán el sistema también gira en torno a esa industria?

R. Es una decisión política. El Gobierno de las Islas Caimán se asegura de preservar su reputación como jurisdicción secreta. Si nos fijamos, no hay una pérdida de las relaciones entre las empresas y las islas. Y sin embargo, vemos que los bancos suizos sí están en problemas con los Estados Unidos, que los presionan de manera justificada. Y eso que hablamos de que en Suiza hay como 300 solo del país y la mitad son de banca privada.

P. ¿Ahora la Comisión Europea va a firmar un acuerdo con Suiza para poner fin a este secreto bancario?

R. Se podrá llegar a ese acuerdo para un intercambio de forma automática, pero la diferencia está en cómo se pide esa información. Si una persona española abre una cuenta en Suiza con su nombre, ese tipo de datos serán intercambiados, estoy seguro de ello. Pero si no sabemos quién el beneficiario final de esa cuenta, si usas estructuras empresariales con otras asociadas, incluso para un banco suizo será difícil conocer al propietario final.

El negocio sigue. No creo que se pueda cambiar el mundo de esta forma. Hay que meter en la cárcel a la gente que realiza estas prácticas, no sólo tienen que pagar sus impuestos o multas.

P. Hay un momento en todo este proceso que usted se va a Isla Mauricio, ¿por qué?

R. Ya había estado en la cárcel durante treinta días. Así que se sentía que, mientras no se cerrara el caso y por los altos costes de la justicia, tenía que seguir mi lucha de alguna manera. Sabía que estábamos ante un asunto muy serio y que no podía permanecer en Suiza de ninguna manera. Si peleas contra uno de los big boys, ellos tienen más influencia… Tuve suerte de encontrar ese trabajo en las Islas Mauricio, un nuevo ambiente para mi familia. Era necesario un cambio, aunque tampoco podría asegurar si mi mujer e hija estaban realmente a salvo.

Las jurisdicciones secretas son un abuso, hieren a la sociedad porque los países necesitan el dinero

P. ¿Cuál era su trabajo en las Islas Mauricio?

R. Conseguí un trabajo como jefe de operaciones de una trust company. Estaba trabajando para el Standard Bank of South Africa.

P. Pero entonces, ¿volvió a trabajar en el mismo tipo de operaciones?

R. Sí, es lo que dice la gente. En aquella época, yo sabía que Julius Baer apoyaba estas prácticas abusivas. Pero eso no significa que otros bancos hagan lo mismo. Es algo que asumimos. Pero lo que aprendí en Mauricio es que era el mismo tipo de negocio. Y ahora puedo confirmar lo que dice la gente, lo he visto, lo he hecho.

Las jurisdicciones secretas son un abuso, hieren a la sociedad porque los países necesitan el dinero. Cuando las personas o las empresas evaden impuestos, ese dinero perdido tiene que ser recuperado de otras empresas e industrias con impuestos más altos.

P. Así que en Mauricio había las mismas prácticas que en las Islas Caimán…

R. Más o menos las mismas. Por ejemplo, en torno al 40 o 50% de las inversiones financieras que van hacia la India son canalizadas a través de Mauricio por motivos fiscales para evitar a la Hacienda india. Lo sé porque fui el administrador de la división de inversión de una compañía de Jersey –las Islas de Jersey son un paraíso fiscal en el Canal de la Mancha dependiente de la Corona Británica–.

P. ¿Por qué no ha denunciado esas mismas prácticas en las Islas Mauricio?

R. Creo que ya no es necesario. Lo podía haber hecho, pero mi propósito era que se supiera antes. WikiLeaks ya ha publicado cerca de 37 casos distintos, así que ahora lo que siento es que debo estar en contacto con personas y organizaciones que investigan estos temas. Mi trabajo ya no es denunciar, mi trabajo es poner en contacto a personas en las que confío que hacen su trabajo de forma apropiada.

P. ¿Cómo es su nueva vida? De ser un banquero a un, digámoslo así, formador de periodistas que investigan temas financieros.

R. Es diferente, pero lo que hago no es sólo para mí mismo, es para las próximas generaciones, como la de mi hija, para la sociedad en general. A veces es bastante difícil, pero al mismo tiempo siento que hago lo correcto, estoy convencido. Es importante que quienes conocen estos abusos los denuncien. No voy a decir que soy un modelo, pero es muy importante que estas prácticas salgan a la luz, que haya transparencia. Porque los países están apretados a nivel fiscal y el dinero está ahí, está oculto.

Fuente: ElConfidencial.com