Agitación interna en los dos grandes partidos británicos tras el referéndum

25.06.2016 – 05:00 H. Ante la mirada de circunstancias de su esposa, el primer ministro David Cameron ya lanzaba un mensaje entrelíneas a Boris Johnson en ...

25.06.201605:00 H.

Ante la mirada de circunstancias de su esposa, el primer ministro David Cameron ya lanzaba un mensaje entrelíneas a Boris Johnson en el mismísimo mensaje de renuncia: “En este referéndum no se discutía el futuro de ningún político”. Sin embargo, en la descarnada campaña del Bréxit sí que se ha hablado mucho del futuro de Boris Johnson, ex alcalde de Londres, y figura pujante del Partido Conservador en este último lustro. Boris, a secas, como todo el mundo le conoce en el Reino Unido, es el político que más reforzado sale de la decisión que ha tomado el pueblo británico. Las encuestas, termómetro de todo lo que puede ser pronosticado en el Reino Unido, ya le dan como el claro favorito para sustituir a David Cameron en el cargo.

[Lea aquí en directo toda la información sobre el Brexit]

Periodista de profesión, Boris fue compañero en Eton del mismísimo Cameron, Dave, como a él le gusta llamarlo. En Bruselas, ironías de la vida, escribió sus mejores crónicas para The Daily Telegraph. Más tarde, en 2001, mientras dirigía el semanario The Spectator, entraría por primera vez en el Parlamento. Su meteórico ascenso se frenaría en seco en 2004 debido a un affaire. Sin embargo, Boris, showman tenaz y hombre de gran habilidad política, conseguiría rehacer su carrera al convertirse en alcalde de Londres. El éxito de las Olimpiadas impulsaría mucho más su imagen pública y le pondría en la carrera a Downing Street, pese a que él mismo llegaría a declarar que “tenía las mismas opciones de llegar a ser primer ministro que de reencarnarse en una oliva”.

La noche del referéndum, 85 diputados conservadores enviaron una carta al primer ministro invitándole a seguir en el cargo, fuese cual fuese el resultado de la consulta. Boris también firmó. Muchos analistas consideraron el movimiento de Johnson como una mera coartada, sabedor que el Brexit acabaría detonando la oficina principal de Downing Street. A la mañana siguiente, en su primer mensaje a la nación, después de conocer el resultado final, Johnson santificaba a Cameron con la misma frialdad que si estuviera firmando su acta de defunción.

Será en otoño cuando los conservadores pongan un nuevo inquilino en Downing Street, pero antes tendrán que hacer frente a una crisis interna de enorme magnitud. Durante la campaña del Bréxit, el ex primer ministro, John Major, ya avisaba a la rama más agresiva de los euroescépticos conservadores que su campaña “escuálida” acabaría dividiendo gravemente al partido. Y en esas estamos.

Boris Johnson y David Cameron en un acto de campaña en 2014 (Reuters)Boris Johnson y David Cameron en un acto de campaña en 2014 (Reuters)

En estas intrigas palaciegas dentro del partido en el poder, seguramente el nombre con más capacidad de generar consenso en las filas conservadoras es el de la actual secretaria de Estado, Theresa May, quien hecho una campaña mesurada a favor del Remain y ha querido mantenerse como puente entre ambas orillas de los tories.

El terremoto político es tan importante en el Reino Unido que, al contrario de lo que suele ocurrir, la crisis interna del partido en el gobierno no está siendo capitalizada ni de largo por la oposición. El líder laborista, Jeremy Corbyn, también está en la picota. Dos históricas diputadas, Margaret Hodge y Ann Coffey, han promovido una moción contra su líder. Si la dirección del partido decide admitirla a trámite, será este mismo martes cuando se debata el futuro político de Corbyn.

Guerra civil laborista

Y es que el Partido Laborista también es un galimatías. Corbyn, quien lleva en el cargo desde el 12 de septiembre del pasado año, aseguraba a Channel 4 que pensaba continuar y que se sentía la persona indicada para marcar la posición de los laboristas en este momento de profunda incertidumbre.

Sin embargo, parece difícil que el líder laborista pueda contener la inercia abrasiva que ha empezado a germinar en su partido. Las dos diputadas que han impulsado la moción creen firmemente que Corbyn no ha sido capaz de trasladar a los votantes laboristas un mensaje claro sobre la posición del partido en el referéndum. En este sentido, Hodge hacía un llamamiento a las filas de su partido: “Hagamos una reflexión honesta y pensemos si Corbyn es el líder adecuado que este partido necesita en este momento”. Y el mensaje está calando: ya son 55 diputados los que se han adherido a la moción.

Jeremy Corbyn observa el discurso de dimisión de David Cameron en una pantalla (Reuters)Jeremy Corbyn observa el discurso de dimisión de David Cameron en una pantalla (Reuters)

Los medios británicos hablan abiertamente de guerra civil en el seno del partido Laborista. Muchos de sus diputados más vehementes consideran desnortado el rumbo que está tomando la organización en un momento clave, donde urge que el partido se presente como una alternativa sólida en este momento de zozobra política.

Muchos laboristas en la primera línea consideran que “Corbyn está quemado” y que no hay otra opción que su salida. Igualmente, Tony Blair también ha atacado la falta de didactismo del partido en un momento político crucial. Y es que el malestar en los laboristas es tal que incluso ha salpicado al anterior líder del partido, Ed Miliband. Chris Bryant, también miembro laborista del parlamento, ha declarado que “le daría un puñetazo” al anterior líder, cuya mala gestión pavimentó el camino para que Corbyn se hiciera con el poder.

El único apoyo nítido que parece tener Corbyn es el del portavoz de Economía, John McDonnell, quien ha escrito en el ‘Guardian’ que “en un momento de tanta incertidumbre económica y con el Partido Conservador dividido por la mitad, los votantes laboristas no nos perdonarían que comenzáramos una guerra interna solo un año después de nombrar a Corbyn como líder”.

Y es que lo único que está claro es quel Bréxit ha sido un tsunami económico, político y social en el Reino Unido, que ha abierto una crisis institucional sin precedentes. Se podría decir que el mapa político británico es ahora algo así como un campo de batalla donde luchan todos contra todos y donde encajar las piezas del puzle institucional parece más complicado que resolver un cubo de Rubik.

Fuente: ElConfidencial.com