Alcácer, gafas de sol y mucho balón: el primer día de Lopetegui como seleccionador

30.08.2016 – 05:00 H. Nunca es fácil estrenarse, pero hay situaciones muy diversas que hacen más o menos complicado realizar algún acto por primera vez. ...

30.08.201605:00 H.

Nunca es fácil estrenarse, pero hay situaciones muy diversas que hacen más o menos complicado realizar algún acto por primera vez. Ser seleccionador español es difícil, a veces una profesión de riesgo, sobre todo si se es muy aprehensivo a las críticas ajenas. Pero Julen Lopetegui por ahora no ha entrado con mal pie, lo cual ya es mucho. Desde el primer día, no el de la presentación, que al final no deja de ser un paripé formal, sino desde la primera lista, el vasco ha creado unanimidad de criterios: se ha notado y mucho su mano en la convocatoria. Son sus jugadores, no los de Del Bosque y prácticamente nada los de Aragonés. Ese fue el primer paso, ahora tocaba el segundo: enfrentarse cara a cara a todos esos que ha llamado.

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Lopetegui ha entrenado muchas veces en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas, pero nunca con tanta presión. Entrenar a la Absoluta es el mayor reto de su carrera y difícilmente tenga alguna vez uno superior. Tampoco hay muchos mejores regalos de cumpleaños que éste, pues este 28 de agosto cumplió 50 años. Su crisis del medio siglo es sobrellevar y organizar a una serie de chicos que son de los mejores del mundo. No es tarea sencilla, no lo fue para Aragonés y ni tan siquiera para Del Bosque. El inicio, por ahora, no puede ser, complicados cuando los resultados no acompañen, el cual llegará tarde o temprano. Nadie se libra.

Pero Julen tiene la coraza fuerte. Sabe dónde se mete. Y lo asume.

Saltó a la hierba junto a todos los jugadores. No fueron saliendo poco a poco, como pasaba con Del Bosque, sino que alcanzaron el césped del campo principal de la Ciudad del Fútbol todos en grupo. Lopetegui lo hizo a paso lento, siempre junto a sus aliados, los que estarán con él en esta aventura que recién comienza. Pablo Sanz, su segundo, con aspecto aún de deportista, y Óscar Caro, su preparador físico, en sustitución de Javier Miñano. Lopetegui lucía unas gafas de sol al más puro estilo Luis Enrique. No era de extrañar que así fuera, pues el sol que caía sobre Las Rozas era de justicia. No se separó de ellas en ningún instante y a través de la opacidad y el disimulo reunió a todos los futbolistas en un corro y les dio su primer discurso a pie de césped. Deseó sentar las bases de lo que será su mandato.

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En su estreno, le tocó asumir que su protagonismo en el día debía estar compartido. Sí, dirigía su primer entrenamiento con la Absoluta, pero entre los jugadores que había elegido estaba Paco Alcácer, que esa misma mañana había estado en Barcelona para pasar reconocimiento médico con el Fútbol Club Barcelona como paso previo al anuncio de un fichaje que todo el mundo conoce y que nadie se atreve a confirmar (como lo de Mustafi y el Arsenal, básicamente). “Es ese, el que está a la izquierda de De Gea”, decían los fotógrafos en la zona de prensa, buscando la instantánea del nuevo jugador culé en su regreso a la Selección. Alguna foto a Julen cayó, claro, pero no todas. Alcácer tenía más focos mirándole incluso que su propio entrenador debutante.

Lopetegui y Ochotorena, durante el entrenamiento (Javier López/EFE).Lopetegui y Ochotorena, durante el entrenamiento (Javier López/EFE).

Los ritmos de entrenamiento con Lopetegui son muy diversos a los que aplicaba Miñano. Menos físico y más balón, esa es la receta. Prácticamente durante toda la hora y pico que se estuvieron ejercitando, los internacionales tuvieron el balón entre sus pies. Rondos y más rondos para calentar a través del esférico, el único protagonista real de este deporte. Ya contó Martí Perarnau en Herr Pep que si algo sorprendió a los jugadores del Bayern en su primer entrenamiento es que no hubo un trabajo agonístico determinado, sino que todo giró en torno a la pelota. Salvando las distancias y sin intención de comparar los estilos de preparación, Lopetegui sigue esa idea. Todo con el balón. Incluso, mientras los futbolistas se ejercitaban, él y su cuerpo técnico trataban de jugar al ‘que no caiga’, sin demasiado éxito, hay que reconocerlo.

Y el principal punto en el que se desliga este entrenamiento de los que creaba Del Bosque es en la participación constante de los porteros en los ejercicios colectivos. Mientras que en todos los años del salmantino, nada más terminar el calentamiento inicial, los arqueros se marchaban a su lugar natural a entrenar junto a Ochotorena, con Lopetegui, guardameta en su etapa como profesional, todos son lo mismo. En los rondos iniciales había un portero en cada uno, mientras que después se unieron en un rondo grupal del que no se podía salir del círculo central. De Gea, Reina y Adrián también necesitan entrenar el trabajo técnico con los pies. “Debe ser así”, dicen desde dentro del vestuario.

Mientras los internacionales que habían disputado partido con sus clubes este domingo realizaban un entrenamiento muy suave de recuperación, los demás seguían jugando con la pelota. Julen, tras sus gafas, vigilaba. Pocos gestos, alguna indicación esporádica y sobre todo atención. No tuvo muchas palabras para ningún jugador en concreto. No al menos hasta el momento.

Acabada la sesión y el juego de disparar al larguero (en el que ganó Pablo Sanz), los jugadores estiraban. Julen, que no había participado directamente en ningún ejercicio, también lo hacía, pero apartado, detrás de todos, para no llamar la atención. Acabó tumbado en el césped, con los brazos en cruz. Había terminado su primer día como seleccionador

Fuente: ElConfidencial – Deportes