Amor eslavo a la carta: por qué triunfan las agencias matrimoniales de Ucrania

08.08.2016 – 16:09 H. Amor, compañía, sexo tal vez. Centenares de ciudadanos buscan a diario un vínculo sentimental con otra persona a través de redes ...

08.08.201616:09 H.

Amor, compañía, sexo tal vez. Centenares de ciudadanos buscan a diario un vínculo sentimental con otra persona a través de redes sociales, barras de bar o, quién sabe, talleres de macramé. Todo es válido cuando el corazón, ese cazador solitario, busca refugio en costillas ajenas. En Ucrania persiste una forma aún más decimonónica: la del encuentro de pareja a la carta. Decenas de agencias matrimoniales ofrecen sus servicios en varias ciudades a través de oficinas físicas y virtuales para que hombres occidentales seleccionen a su compañera ideal.

¿Cómo funciona? A la postre no es más que un Tinder analógico. Las compañías inscriben a las mujeres y establecen unos parámetros de búsqueda en función de la edad, los rasgos físicos o la formación académica para aquel que paga su cuota de afiliado. Después, y ahí viene el cambio, la agencia media entre ambas partes proporcionando traductor, consejos de compatibilidad o hasta viajes organizados con cena, día de playa y hotel. Todo depende del servicio contratado (y del dinero dispuesto a gastar, claro).

Aglutinadas principalmente en Kiev, capital de este país exsoviético de unos tres millones de habitantes, las empresas que prestan este tipo de arreglos entre hombres y mujeres se reparten en inadvertidos edificios del centro. Desde allí atienden a las mujeres y reciben peticiones de hombres occidentales, que, por distintas razones, vislumbran en este rincón del globo a la que será su alma gemela. “Son gente normal”, advierte Oksana, responsable de Daisy Bride. Los principales motivos, alega, son la falta de oportunidades por amistades con pareja, un matrimonio roto en el pasado, ganas de un intercambio cultural, la necesidad de ser cuidados o la idea de “cuento de hadas” del flechazo con solo una mirada.

“Casi todos los que vienen me dicen: ‘No soy el tipo de cliente’, porque se imaginan al resto como desesperados“, adelanta Oksana, “y yo pienso: ‘Sí, eres igual que todos”. “Para empezar hay dos modalidades: por correspondencia o en persona”, explica esta mujer menuda que -junto a un ordenador y varias carpetas como única decoración de su sobrio despacho- inició el negocio a principios de siglo. Las mujeres acuden con su pasaporte y fotos de su “vida real”, para comprobar que no haya engaños en la edad o el aspecto. Se les entrevista y se cuelgan sus datos en la página web. Ellos contactan a través de estos anuncios y comienza la labor de ‘celestinaje’. “Organizamos paquetes enteros con billetes de avión, tours, alquiler de apartamentos y conductores”, enumera.

Lo normal es que el varón interesado elija a unas cuantas mujeres. La agencia les proporciona la dirección postal o el correo y se inicia el intercambio de mensajes. Cuando la historia empieza a cuajar, se plantea la posibilidad de volar hasta Kiev o la localidad de la chica. “Al principio, en el año 2000, era más romántico”, suspira Oksana, que piensa en aquellos tiempos sin internet donde todo se hacía por carta. Ahora, además de la nostalgia de la tinta, este tipo de empresas se ha convertido en un nicho de fraudes. “En la red, algunas son ficticias, con perfiles falsos que sólo sirven para atrapar socios y hacer dinero. Otras no tienen ningún filtro y las mujeres aprovechan el interés para pedir dinero“.

La directora del centro Marriage by Natali en Kiev (A. G. Palomo)La directora del centro Marriage by Natali en Kiev (A. G. Palomo)

“No hay hombres en Ucrania

En cualquier caso, el amor a la carta no es una rareza. O, al menos, es lo que esta profesional se empeña en aclarar. “Muchos de los clientes podrían tener mujer en sus países. Trabajan de forma estable, tienen confianza en sí mismos y son bien parecidos. Simplemente, les atrae este método. Quizás porque creen en algo diferente”, alega mientras aparece Alina Kavalchuck, una mujer de 40 años inscrita desde hace tres en Daisy Bride.

Es de Jmelnitsky, un pueblo al oeste de Ucrania. Lleva una década en la capital junto a su hija, de 20 años, y ya ha tenido tres pretendientes serios. “Busco a una persona normal, que no beba y se cuide”, argumenta. Conoció a un italiano (muy romántico en la distancia, pero muy “pragmático” en el cara a cara), un noruego cuya dipsomanía le recordaba a sus paisanos y un israelita con el que casi funciona. “No me importa mudarme. El empleo aquí no sirve para nada. Mis padres llevan toda la vida trabajando y tienen una pensión de unos 40 euros”, lamenta.

Hay varios factores que empujan a las mujeres ucranianas a recurrir a este tipo de servicios. El principal es la falta de oportunidades y las ganas de acercarse al mundo occidental después de casi un siglo de yugo soviético. Con 45,4 millones de habitantes, Ucrania ocupa el puesto 70 en el ranking de salarios mínimos, con 116 euros al mes en 12 pagas, según datosmacro.com (en España, por ejemplo, es de 754. Si subimos a Luxemburgo u Holanda se multiplica hasta los 1.923 y los 1.525 euros, respectivamente). Además, como intercede Oksana, existe un problema fundamental: “No hay hombres”.

La realidad no es tan dramática, pero ella tiene parte de razón: en la franja de los 15 a los 64 años, los varones suman 15,4 millones y las mujeres 16,8. La media de edad del país es de 35,1 años para ellos y de 42,5 para ellas. Una población femenina más envejecida, acostumbrada al matrimonio y los hijos a temprana edad, que encima llama la atención por su belleza. “La situación ha cambiado un poco porque la mentalidad de las mujeres es mucho más abierta“, arguye Oksana. “Tenemos más opciones y casi todas lo que quieren es una vida mejor. Aquí no tienen trabajo ni casa”.

Aun así, las piezas no siempre encajan. Como mostraba el documental estadounidense ‘Love me’, dirigido por Jonathon Narducci en 2014, los enlaces no siguen un patrón establecido. Unas veces funcionan, otras no y en determinadas circunstancias provocan más frustración que la soltería obligada. “El acierto es de un 20%”, calcula Oksana, que a pesar de llevar año en el oficio, nunca abandona la incertidumbre de los nuevos amantes. “Cada caso es un interrogante. Lees libros, analizas historias personales, asesoras por nacionalidades… pero luego conciertas un café y no hay conexión, porque la vida no se ajusta a ningún renglón“, recita.

Una mujer pasa junto a una barricada en Kiev durante las protestas antigubernamentales de diciembre de 2013 (Reuters)Una mujer pasa junto a una barricada en Kiev durante las protestas antigubernamentales de diciembre de 2013 (Reuters)

No hay fórmulas en el amor

Funcione o no, ¿qué sentido tiene contratar estos servicios a miles de kilómetros, con personas de distinto acervo cultural, cuando existen numerosas aplicaciones inventadas para satisfacer necesidades de todo tipo? Habla Natali, lingüista y psicóloga de 38 años que en 2004 se montó su propio consultorio: “Internet es un gran recurso, pero la gente necesita más fiabilidad. Y cuanto más ocupados estamos, más selectivos somos”, dice quien aventura un próspero futuro al negocio “haciéndolo con calidad” y distinguiéndose del resto de ofertas.

“Somos brujas. A veces hacemos magia y nos ayudan los ángeles”, sonríe Natali frente al vestíbulo de su empresa, Marriagebynatali.com. Allí exhibe un ramaje con fotografías de parejas felices en su día de bodas. Todas, señala, marca de la casa. “Empecé como traductora en 1997. Me llamó la atención el sector y me metí hace 12 años. Ahora tengo 600 chicas“, suelta mientras prepara un café y pasa las páginas de un macizo álbum familiar plagado de instantáneas. Muchas de ellas, asevera, enviadas tiempo después de la alianza, en agradecimiento. “No todo funciona, pero tenemos que meternos en la mirada del hombre y la de mujer. Por eso, en las entrevistas les guiamos hacia las más acertadas”, cuenta. “Si se llevan más de cinco años, no les cojo. También hay quien quiere jóvenes de veinte con más de cuarenta años. Últimamente hay muchos árabes e indios: son guapos, pero poco confiables”, enumera. Sus gestionen incluyen una entrevista preliminar por Skype que cuesta 88 euros y una orientación sobre posibles objetivos que al año suponen unos 3.000 euros.

¿Resultados? “Todos quieren encontrar el amor, pero escoger una mujer y encontrarlo es muy difícil. Por eso presento a más y al final puede salir algo“. Pocas prosperan, admite. Y algunos finales positivos van acompañados de un relato distinto al original, “para guardar la confidencialidad”. Ellas, apunta, buscan algo mejor sin imaginarse como ‘floreros’. “Suelen venir licenciadas, mayores de treinta años, dispuestas a encontrar un trabajo. No lo ven como una vida fácil sino que van a tener que luchar. Y saben que aquí, literalmente, no pueden encontrarlo”.

De nuevo, Natali cita los engaños de este tipo de negocios y los imposibles algoritmos de los sentimientos humanos. “Si alguien te dice que conoce la fórmula del amor, te está mintiendo. Todo consiste en la constancia y la suerte. En que haya química, atracción personal, ganas. El problema de la sociedad actual es que se confunden las relaciones personales con las laborales -con condiciones, contratos, horarios…- y esto se basa en la confianza, el perdón, la sorpresa, la seducción…”, sostiene. Un camino largo cuya primera piedra cimientan las agencias matrimoniales. En sus manos, proveer a los cazadores solitarios de amor, compañía o sexo, tal vez.

Fuente: ElConfidencial.com