Apagones en Venezuela: una vieja historia

En un reputado restaurante de pescados en la avenida principal de la ciudad, los clientes apenas pueden ver sus platos. Comen en la penumbra y atosigados por el calor pegajoso y húmedo del medio día. Pero ninguno parece asombrado, más bien resignado. La respuesta, casi idéntica, se dio horas antes en un hotel. El señor que disfrutaba sus ‘huevos perico’, carne mechada y arepas fritas, o la señora del yogur con fruta apenas se inmutaron cuando en mitad de la probada a su desayuno, la luz del lugar se fue. No es Caracas, ni es el primer día de racionamiento eléctrico anunciado por el presidente Nicolás Maduro. Es Valencia (estado de Carabobo), a sólo dos horas de la capital, y con ese anuncio solo vieron hacerse oficial lo que sufren desde hace semanas. 

El pasado 20 de abril, Nicolás Maduro anunció el Plan Especial de Administración de Cargas, un nuevo plan de racionamiento eléctrico para todo el país hecho para enfrentar la crisis energética que atraviesa Venezuela. El plan se suma a otras medidas para ahorrar electricidad, como el declarar la Semana Santa completa no laborable, los viernes no laborables o la reducción de jornada hasta la 1 p.m. para el sector público. Ayer, el vicepresidente Aristóbulo Istúriz anunció que se la añadiría miércoles y jueves no laborables para los funcionarios, así como viernes sin clase para la educación en los niveles de inicial, básica y media.

[Vea aquí la fotogalería: Velas para cocinar, saqueos en tiendas e incendios durante los cortes de luz en Venezuela]

Al día siguiente, el ministro para la Energía Eléctrica, Luis Motta Domínguez, anunció que el plan consistiría en cortes diarios del servicio eléctrico durante cuatro horas repartidas en bloques por sectores. El arranque se daría, según sus declaraciones, este lunes 25 de abril y tendrá una duración de 40 días “o hasta que el embalse (del Guri, principal fuente de energía eléctrica) regularice sus niveles”. A los apagones “regulados”, el ministro dijo que se podían añadir otras “interrupciones fortuitas”, a raíz de “la caída de una rama en un cable, o por interrupciones con malas intenciones, producto del sabotaje”, ésta última, una idea que se ha repetido en varias ocasiones desde el Gobierno, sobre todo cuando los apagones han afectado a zonas populares. 

“En Valencia esto no es nuevo. Llevamos con apagones programados de dos horas diarias desde hace varias semanas. Eran metódicos en el horario, pero no se habían anunciado de modo formal. Ahora, en vez de dos, tenemos cuatro horas sin luz”, cuenta Roberto González, recepcionista de otro hotel valenciano. Sobre el mostrador en el que atiende, un cartel reza: “Debido al racionamiento eléctrico, de 9 am a 6 pm usaremos la planta eléctrica del recinto”. Pero eso no quita que, de tanto en tanto, también la planta falle, y se paren ascensores, aires, hilo musical, sistemas de pago, ordenadores.

Varias personas cruzan una calle durante un apagón en Caracas en diciembre de 2013 (Reuters)Varias personas cruzan una calle durante un apagón en Caracas en diciembre de 2013 (Reuters)

Semáforos apagados y neveras con bolsas de hielo

Las calles no parecen acostumbrarse al caos. Según la hora, según la zona, toca que la policía local regule el tránsito. Pero como Venezuela no es sino un país de contradicciones, en la misma esquina donde se ven los edificios en la oscurana y los semáforos apagados, hay una farola encendida a plena luz del día. También hay caos en las aceras, donde decenas de personas se arremolinan para cazar el próximo carrito por puesto (autobús urbano). Vienen llenos, de puertas abiertas y piernas colgando por éstas. Cada vez son menos los que circulan ante la falta de repuestos. 

En uno de los muchos restaurantes españoles que hay en la capital carabobeña, los clientes disfrutan de luz y aire acondicionado. Durante toda la jornada. Un mesonero explica que el dueño, de origen gallego, puso una planta eléctrica hace tiempo, cuando empezaron unas obras en una vía principal. “Nos avisaron de que se iba a cortar mucho la luz, así que se decidió por la planta. Creo que es la mejor inversión que se ha hecho”.

“Hago la compra al día. Tengo un bebé de un año, y me he tenido que programar mucho más para hacerle de comer”, dice Johanna, una vecina de Valencia

En el hogar, aunque de un modo más controlado, hay caos. “Ya no sé ni las veces que he tenido que comprar bolsas de hielo para que la comida no se me pudra en la nevera”, confiesa Mónica, de una zona popular de Valencia. Le secunda Yomaira, vecina que también ha recurrido a lo mismo y que narra las desventuras de un tercer vecino: “Se le han quemado los tres televisores que tenía en su casa por los apagones. Los protectores (reguladores de tensión) se le han roto”. Y Mónica le responde que ella no tiene protectores, “están impagables”. 

Johanna, de un perfil económico algo más acomodado, dice que ella hace la compra “al día” para que nada se le estropee con los cortes. Para ella, su mayor problema son sus hijos. “Tengo un bebé de un año. Me he tenido que programar mucho más para hacerle de comer, pero aún así, hay veces que el corte de electricidad se extiende más. Vivo en un desespero de horarios, luz y compras de comida”. 

Un hombre trata de poner en marcha un generador en un centro comercial en San Cristóbal, en el estado de Tachira, el 25 de abril de 2016 (Reuters) Un hombre trata de poner en marcha un generador en un centro comercial en San Cristóbal, en el estado de Tachira, el 25 de abril de 2016 (Reuters)

Problemas de mantenimiento

En Maracaibo, capital del estado noroccidental del Zulia, limítrofe con Colombia, los cortes se dan desde febrero, “pero a inicios de abril empezaron a ser diarios”, cuenta Gustavo Ocando, periodista en la zona. Al menos durante tres semanas previas al anuncio presidencial hubo apagones todos los días entre una o dos horas por circuito. En 2015 también hubo apagones programados por Corpoelec, “aplicados con frecuencia, aunque jamás notificados ni reconocidos”. 

Con el inicio del apagón programado, en esta ciudad, la segunda más grande de Venezuela, explotaron varios transformadores. Según el diario marabino Versión Final, son alrededor de 300 los equipos con fallas y alrededor de 200 mil afectados. Varios sectores quedaron sin luz por más de 24 horas en el momento de redacción de esta nota. Los apagones han generado protestas y saqueos en distintas zonas de la ciudad.

En Maracaibo hay 200.000 afectados y unos 300 equipos eléctricos tienen fallas, según la prensa local

Tampoco fue novedad en San Cristóbal, en el también limítrofe estado Táchira. El periodista Daniel Cáceres cuenta que desde marzo hay racionamiento de electricidad regulado y diario. “En el sector La Concordia, por ejemplo, se iba todos los días sobre las 11 de la mañana y durante dos horas. Si el corte empezaba más tarde, duraba igual dos horas”. Tampoco se avisó de estos cortes sino hasta el anuncio de Maduro, donde se pasó de dos a cuatro horas de cortes programados diarios. 

“En marzo comenzaron los cortes intempestivos en Bolívar, todos los días, de una a dos horas sin horario fijo”, relata Clavel Rangel, periodista basada en Guayana, en el estado del sureste, limítrofe con Brasil. En abril ya empezaron a notar cortes más planificados y que se extendían por dos o tres horas. “No le decían racionamiento y nunca comunicaron los horarios, pero a ojo más o menos uno sabía el horario de su sector”. Ahora saben de modo formal que son 4 horas diarias, pero, aún así, no se cumple. A la hora de la redacción de esta nota, Rangel llevaba 8 horas sin luz en su domicilio. “Y en las zonas campesinas del estado es aún más complicado, no hay siquiera horarios”, cuenta. 

Vecinos de Maracaibo esperan que regrese la luz durante un intenso apagón en junio de 2011 (Reuters)Vecinos de Maracaibo esperan que regrese la luz durante un intenso apagón en junio de 2011 (Reuters)

Caracas, la gran excepción

La Gran Caracas, la zona que comprende a la capital y a las ciudades dormitorio más cercanas, estaba incluida en el plan. Corpoelec, la compañía nacional de electricidad, distribuyó los horarios por zonas. Pero al día siguiente del anuncio, el ministro Motta Domínguez echó marcha atrás. La explicación fue que la capital es la sede de los principales poderes públicos del país. También están exentos los estados Vargas –que se podría considerar estado-dormitorio–, y Nueva Esparta, archipiélago turístico, de los que más está sufriendo la escasez de agua.

A pesar de la crisis energética que vive el país desde hace años, que se ha acrecentado en los últimos meses, Caracas no ha sufrido racionamiento eléctrico en todo este tiempo. Sólo un ministro, Ángel Rodríguez, se atrevió a aplicarlo. Los cortes programados duraron lo mismo que Rodríguez en el cargo: un día. “Después de 24 horas hemos detectado impactos no deseados”, dijo el entonces presidente Hugo Chávez. 

Caracas, sede de los principales poderes públicos del país, se ha visto menos afectada que el interior, pero los problemas empiezan a llegar a la capital

En el resto del país se ve con recelo este tratamiento diferencial a Caracas, donde ni siquiera se toman medidas preventivas o punitivas hacia el exceso de consumo. Tanto es así, que cuando aún se creía que la capital sufriría racionamiento, en la red social Twitter se podían leer comentarios del estilo “por fin los caraqueños van a saber lo que vivimos en el interior”, por poner los más educados. El Chigüire Bipolar, una página humorística al estilo de El Mundo Today, lanzó una “campaña” hace unos años con el slogan “Mantener la electricidad en Caracas es tarea de todos y todas… En el interior”.

En agua, luz y distribución de alimentos, los problemas siempre llegan tarde a la capital con respecto al resto de los venezolanos. Tanto el gobierno de Hugo Chávez como el de Nicolás Maduro se han cuidado mucho de mantener a la ciudad como una tacita de plata. Aunque, en los últimos meses, parece más de alpaca, y sostenida en un peligroso equilibrio a costa de los restantes 23 estados.

Fuente: ElConfidencial.com