Así vivirán los sirios que Europa deporta a Turquía

21.03.2016 – 05:00 H. La pequeña Zeinab, una refugiada siria de seis años, ronda una callejuela del barrio Fatih de Estambul. En la oscuridad de la noche, ...

21.03.201605:00 H.

La pequeña Zeinab, una refugiada siria de seis años, ronda una callejuela del barrio Fatih de Estambul. En la oscuridad de la noche, pasea descalza en torno a `su esquina de venta’. La niña vende botellines de agua a cambio de alguna moneda. Cuando termina la jornada acude a su casa, un local de unos seis metros cuadrados. Dentro, el humo de la estufa de carbón hace toser a sus cinco hermanos. “Nunca hemos podido conseguir un trabajo decente”, se queja el padre, Jamal, que reside desde hace cuatro años en Turquía. Dice que necesitan a los niños para pagar el alquiler, “nos hemos visto obligados a vivir en la indigencia”.

Como la familia de Zeinab, se estima que más de la mitad de los refugiados sirios en Turquía viven en una situación de pobreza. El 50% de ellos es analfabeto y solo el 2% tiene una profesión, declaró Erdogan hace unos días. Ellos son los que no pueden costearse el viaje hasta Europa. El idioma, la exclusión social así como las carencias de su status son algunas de las trabas que sufren los más de 3 millones de refugiados sirios que residen ahí. En el nuevo acuerdo entre Bruselas y Ankara, este país se presenta como el país refugio para los sirios. Un `cajón desastre´que aplica limitación geográfica la Convención de Ginebra y que solo ofrece protección a los ciudadanos europeos. El nuevo plan “uno por uno” “está al límite de la ley internacional”, dijo la presidenta lituana.

Pero, ¿es Turquía un país seguro para devolver a los refugiados? ¿En qué condiciones viven los sirios? ¿Qué protección real ofrece el plan estatal de acogida? Si es eficaz, ¿por qué los refugiados sirios huyen de Turquía?

“Los invitados de Turquía”

La relación de los refugiados sirios y Turquía ha madurado al ritmo de una ‘love story’. De la efusión al desencanto, en un acto de paternalismo, Ankara aplicó al comienzo una generosa política de `puertas abiertas´. El primer status fue de “protección temporal” y garantizaba únicamente la no devolución y el período ilimitado de residencia. Nunca recibieron el nivel de refugiados, que habría exigido más asistencia estatal, como vivienda y otros derechos sociales, sino que se les consideró legistlativamente “invitados”. La guerra se prolongaba y miles de sirios cruzaban mensualmente la frontera. Así, en abril de 2014 el Gobierno turco creó el nuevo “estado de refugiado” y ya se había facilitado el acceso a sanidad y educación. Para aquel entonces, casi un millón y medio de refugiados sirios estaban dentro del país.

A día de hoy, 2.715.789 refugiados sirios están registrados en Turquía, según la última actualización de marzo de UNHCR (Agencia de refugiados de Naciones Unidas). En cambio, solo 272.013 de ellos, según AFAD, (Agencia turca para la gestión de desastres y emergencias) residen en las llamadas “Ciudades Tienda”, los magnánimos campos de refugiados construídos en diez provincias del sureste del país. Esto significa que solo un 10% de los refugiados sirios está protegido según los estándares internacionales para personas que huyen de una guerra, con asistencia de vivienda, comida, sanidad y educación. El resto, los denominados `refugiados urbanos´ tienen que sobrevivir sin acceso al trabajo, sin apoyo social y sin el conocimiento del idioma.

La red alternativa de servicios

Quiero salvar a los niños sirios de la oscuridad”, exclama Shaza Barakat, una excelencia en la comunidad siria de Estambul. En el año 2012, junto a otras mujeres activistas, fundó la escuela Shamona, un colegio de educación gratuíta para casi 1.000 refugiados. De sirios para sirios, las materias se imparten en árabe y siguen el currículum de Damasco. Las cifras de UNHCR apuntan a que hay al menos 750.000 casos de absentismo escolar entre esta comunidad. “Yo quiero salvar 1.500 de ese gran número”, afirma. “Si los niños pierden la esperanza en el futuro, terminarán en la calle o en las drogas. O volverán a Siria a combatir…”, concluye Shaza, que pedió a su hijo de 16 años después de que se uniera a una milicia en Siria porque no encontró oportunidades en Turquía.

Estudiantes sirios en el colegio Shamona, fundado por refugiados residentes en Turquía (Foto: P. Cebrián).Estudiantes sirios en el colegio Shamona, fundado por refugiados residentes en Turquía (Foto: P. Cebrián).

El edificio Shamona se divide en cinco plantas, donde se imparten los distintos grados de primaria y secundaria. “Empezamos sin nada, con nuestro propio dinero. (…) Hasta el día de hoy, Turquía no nos ha dado ni un solo céntimo”, sentencia Shaza. El alquiler del edificio y los salarios de los profesores “se financian con donaciones de organizaciones caritativas de Estados Unidos, Arabia Saudí y Kuwait”, explica. Sin embargo, desde hace un año, el Ministerio turco de Educación quiere controlar los “Centros Temporales de Educación”, según han sido definidos. La administración publica que hay 266 en todo el país.

Shaza Barakat y otros profesores cuentan que el Ministerio quiere imponer el currículum turco en la escuela. Desde el mes de febrero, una representante de Educación ha establecido su oficina en la primera planta del colegio Shamona. Ahora, son los turcos quienes homologan las notas de los estudiantes para que los alumnos, en un futuro, puedan ir a la Universidad del país. “Tenemos miedo”, explica la fundadora del colegio, “porque vamos a perder a nuestros niños. (…) (Si se impone el modelo turco), cuando termine la guerra, estos pequeños no querrán volver a Siria”.

A pesar de que Turquía permitió el acceso a las escuelas públicas del país, la barrera del idioma, la exclusión cultural así como las dificultades económicas han hecho inviable esta medida. “Solo el 20% de los niños refugiados que viven fuera de los campamentos en Turquía fueron al colegio el pasado año (2014)”, publicó Human Rights Watch. Como consecuencia, cientos de niños sirios mendigan en las calles, han caído en las redes de mafias o son víctimas de la explotación. Pero estas escuelas alternativas, creadas por la iniciativa de los refugiados sirios, está salvando de la indigencia a miles de niños.

El problema del idioma

“Los sirios no va a los hospitales porque no pueden explicarle sus dolencias a los médicos turcos”, apunta el doctor Mehti Davut, presidente de la Asociación Siria Al Nour, una organización benéfica centrada en asuntos sanitarios. En el barrio Fatih de Estambul, han abierto una policlínica con más de quince especialidades: pediatría, deontología, otorrinolaringología, neurología, psicología.… La cola de pacientes sale del recibidor y llega hasta la calle. “Quienes no tienen recursos, como los huérfanos, no pagan nada. Para el resto hay una tarifa mínima de unos 5 dólares”, explica el doctor. Cada día, dice, reciben “entre 250 y 300 visitas”.

La asociación Amal enseña turco a refugiados sirios para que trabajen de traductores en los hospitales (Foto: P. Cebrián).La asociación Amal enseña turco a refugiados sirios para que trabajen de traductores en los hospitales (Foto: P. Cebrián).

Aunque un decreto gubernamental en enero de 2013 autorizó el acceso de los refugiados sirios a la sanidad pública, la cobertura médica no está resultando efectiva. “Desde que estoy en Estambul, solo he ido una vez al hospital”, afirma Jamal, que vive en la ciudad desde hace un año y medio. Incluso, hay quien denuncia que algunos doctores no quieren atender a los refugiados. De esta manera, también aquí, las necesidades son cubiertas por organizaciones caritativas árabes, que se financian a modo de fundación. La Asociación Amal para el Cáncer, por ejemplo, enseña turco a quince jóvenes sirios. “Cuando hablen el idioma, cada uno será reubicado en un hospital de Estambul. Así, si llegan pacientes sirios podrán traducir y recibir atención sanitaria”, explica Shady, el representante de Amal en Estambul.

Cuidado de huérfanos, reparto de comida o recolectas para el pago del alquiler son otros de los servicios básicos que está nutriendo la iniciativa siria en Turquía. La red también cuenta con puntos de entretenimiento, como la librería Pages, un rincón del barrio Fatih donde se dan cita los músicos, artistas e intelectuales sirios que ahora residen en Estambul. Uno de ellos, mientras toca el laúd explica que siempre pensó en coger un bote hacia Europa, “pero ahora no podemos salir de aquí. Ni colarnos en Europa ni tampoco volver a Siria”, dice el músico Nazir. “Así que tendremos que ser nosotros quienes montemos una estructura paralela para sobrevivir con dignidad”.

Fuente: ElConfidencial.com