¿Atentado terrorista? El siniestro de EgyptAir que puede quebrar el turismo en la región

22.05.2016 – 05:00 H. Al conocer la noticia de la desaparición de un avión de EgyptAir sobre el Mediterráneo, a muchos les ha venido a la mente la fecha ...

22.05.201605:00 H.

Al conocer la noticia de la desaparición de un avión de EgyptAir sobre el Mediterráneo, a muchos les ha venido a la mente la fecha del 31 de octubre de 2015. Aquel día, el vuelo 9268 de la compañía rusa Metrojet despegó del aeropuerto egipcio de Sharm El Sheij con destino San Petersburgo. La mayoría de los pasajeros eran turistas que habían pasado unos días de vacaciones en la popular región costera de la provincia del Sinaí. Sin embargo, poco después de su salida, el avión se desintegró en el cielo mientras sobrevolaba el desierto egipcio. En pocos días lo que muchos temían quedó confirmado: se trataba de un atentado que reivindicó el Estado Islámico, probablemente llevado a cabo como represalia por la intervención rusa en la guerra de Siria.

El incidente de este jueves es lo último que necesitaba un país cuya economía depende desesperadamente del turismo. El hecho de que solo viajasen 56 pasajeros (las otras 10 personas a bordo eran personal de vuelo) es ya de por sí un indicador de lo mal que le va al sector. Tras una bomba, un secuestro y una desaparición de vuelos de EgyptAir en menos de un año, no es solo la compañía aérea la que sufre.

¿Atentado terrorista? El siniestro de EgyptAir que puede quebrar el turismo en la región

El atentado del Sinaí tuvo como consecuencia la cancelación inmediata de numerosos vuelos europeos a Sharm El Sheij, causando un profundo daño a las finanzas locales. El patrón era conocido: así había sucedido en Túnez tras los atentados del Bardo, en marzo, y en Susa, a principios de verano. Y lo mismo está ocurriendo en Turquía, después de dos atentados suicidas en lugares turísticos en Estambul, además del enfrentamiento con Rusia, y del conflicto armado que afecta al país, cuyos efectos se dejan sentir cada vez más en las grandes ciudades.

“Todos estamos deseando olvidar 2015”, afirmaba a finales de enero el director de la Oficina General de Turismo de Túnez, Abdellatif Hamam. “Desde junio de 2015 hemos reforzado la seguridad en aeropuertos, circuitos turísticos y hoteles, es decir, en aquellos lugares donde hay turistas. Nuestra prioridad es que se sientan seguros”, aseguró en la feria internacional de turismo Fitur.

“En París en noviembre también hubo atentados, lo que demuestra, como dijo el primer ministro francés Manuel Valls, que no es un problema de Túnez sino de toda la comunidad internacional”, aseguró en el mismo foro Mohamed Ali Toumi, presidente de la Federación Tunecina de Agentes de Viajes. “El turismo no es solo un factor económico, sino también un ejemplo de apertura, una muestra de nuestra tolerancia y deseo de recibir a extranjeros. Queremos presentar al mundo lo que somos y ofrecemos: un país abierto donde la gente vive y se divierte, y una democracia única en esta región del mundo”, afirmó.

Un miembro de las fuerzas especiales tunecinas inspecciona la playa del 'resort' atacado en Túnez. (Reuters) Un miembro de las fuerzas especiales tunecinas inspecciona la playa del ‘resort’ atacado en Túnez. (Reuters)

Campaña del ISIS contra el turismo

Pero el miedo a la amenaza yihadista sigue pesando. Los dos atentados suicidas de Estambul fueron cometidos por el Estado Islámico, una organización responsable también del atentado en el Sinaí y de los ataques en el Bardo y Susa, en lo que parece una campaña organizada contra el turismo. “El ISIS está forzando una narrativa de ‘el califato contra el resto del mundo’, y en términos de inversión estratégica los beneficios que obtienen de los ataques contra turistas son grandes. Se crea el caos, se ganan titulares, se dañan las economías de los estados enemigos, y se ensancha la brecha entre personas a medida que Oriente Medio se va dividiendo inexorablemente entre zonas rojas y verdes”, opina James Denselow, investigador asociado del Foreign Policy Centre en el Reino Unido y especialista en Oriente Medio y el Norte de África, en un artículo en Al Jazeera.

“Atacando puestos turísticos o a turistas que pasan por allí el Estado Islámico lanza un mensaje muy potente de terror, de intentar crear cierta sensación de temor casi omnipresente”, explica Gabriel Garroum, experto en el ISIS. “En mi opinión no es un cambio de estrategia, sino una diversificación: orientar la mira hacia Europa para intentar quitarse esa sensación de que están perdiendo, para intentar reclutar gente. Llevábamos unos meses que daba la sensación de que el ISIS había perdido fuelle, había reculado en Siria e Irak, y siempre hacen lo mismo, a medida que pierden territorio ponen el punto de mira en otro lugar”, indica.

“Hay un intento de polarizar socialmente a la población, como se ve en la tónica general en algunos de los últimos videos, en los que se dirigen a los pueblos de Marruecos y Túnez. Les dicen: ‘Tenéis que perpetrar atentados contra turistas, si lo hemos hecho nosotros cómo no lo vais a hacer vosotros’”, comenta Garroum. “Túnez ha exportado un montón de yihadistas, por lo que el caldo de cultivo para generar esa posible llama es plausible, no le están hablando a un país yermo en ese sentido”, afirma.

“Atacando a turistas, el Estado Islámico lanza un mensaje muy potente de terror, de intentar crear cierta sensación de temor casi omnipresente”

Pero el ministro de Turismo egipcio, Hisham Zaazou, niega que exista una ofensiva terrorista contra los turistas en su país. Para él, incidentes como el atentado con bomba en el templo de Karnak, en Luxor, o el tiroteo frente al hotel Barceló en El Cairo, iban dirigidos contra las fuerzas de seguridad, no contra los extranjeros a las que estas custodiaban. “El propósito de estos grupos es la venganza contra símbolos del Gobierno. Se han producido relativamente pocos incidentes, comparado con los años 90. No son significativos, y solo el 1% se han producido fuera del norte de la provincia del Sinaí, que está aislada del resto del país”, asegura a El Confidencial. “Incluso España ha tenido algo similar. Ningún país es inmune a estos incidentes”, comenta.

“Si miras la situación de seguridad desde la revolución, se han dado grandes avances positivos”, afirma Zaazou. “Egipto está mucho mejor”, sentencia. Para él, se trata en gran medida de un asunto de percepción, alimentada por “unos medios irresponsables, por lo que asegura que su Ministerio, además de presionar para que se sigan mejorando las medidas de seguridad, centrará sus energías en una campaña para “enviar el mensaje correcto”.

Una empleada de EgyptAir en el aeropuerto Charles de Gaulle de París, tras la desaparición del vuelo MS804. (Reuters)Una empleada de EgyptAir en el aeropuerto Charles de Gaulle de París, tras la desaparición del vuelo MS804. (Reuters)

Desplome de visitantes

Ahora mismo, sin embargo, estos esfuerzos no están dando frutos. En Egipto, el número de visitantes se ha reducido a casi la mitad que el año anterior durante el primer trimestre de 2016, y los ingresos turísticos han caído en un 66%. La previsión para el verano es de un desplome del 90% en el número de turistas procedentes de países como Italia. Las reservas desde Alemania se han reducido en un 40% para Egipto, Turquía y Túnez. Y lo más triste es que esto se produce en un momento en el que, tras varios años negros, el turismo comenzaba a recobrarse: en 2015, las visitas al Magreb y Oriente Medio se incrementaron en un 3%, hasta alcanzar los 54 millones de personas.

De los tres países mencionados, Túnez es el que mejor parece estar lidiando con la situación, entre otras cosas porque allí el descenso de turistas ya se produjo durante el pasado otoño, y desde entonces el sector experimenta una tímida recuperación. El caso contrario es el de Turquía, donde por primera vez desde hace muchos años la curva de visitantes será abiertamente decreciente: en marzo, el Ministerio de Turismo anunció un descenso del 13%, el mayor desde octubre de 2006. Aunque no se trata de una caída muy pronunciada, resulta catastrófica para una esfera que no ha dejado de expandirse durante la última década, y que este año dejará a millones de personas sin empleo.

A Turquía le ha afectado, sobre todo, la guerra económica con Rusia, cuyo Gobierno prohibió por decreto a las agencias de viaje rusas operar en este país. En las zonas de costa mediterráneas, altamente dependientes de los turistas rusos, el resultado ha sido devastador. “En Antalya no hay casi ningún turista ruso, hay algún ucraniano y otros eslavos. Los hosteleros están desesperados”, afirma Marc Morte, un guía de viajes que cubre todos los países de la Ruta de la Seda. “Muchos ‘resorts’ están vacíos”, dice a El Confidencial.

Las reservas turísticas a Túnez, Egipto y Turquía han caído un 40% desde países como Alemania

En Túnez, el turismo supone el 7% del PIB, que en algunas regiones asciende hasta el 50%. Más de 400.000 personas trabajan en este sector. “El atentado del Bardo evidentemente tuvo un impacto muy grande, pero todo el mundo entendió que ahí se atacaba el símbolo del pueblo, la asamblea. Era un mensaje de ‘no queremos democracia’. Aunque murieron turistas, no eran el objetivo del ataque“, explica Mohamed Ali Toumi. “Pasadas dos semanas, gracias a una ola de solidaridad internacional, el nivel de las reservas volvió a la normalidad. Hasta el 25 de junio la temporada se anunciaba muy positiva”, comenta. 

Al día siguiente se produjo el brutal ataque contra un ‘resort’ turístico del grupo Riu en Túnez, que provocó incluso la salida de esta cadena del país. “A partir de ahí, la cosa cambió, porque esta vez el objetivo eran turistas. A los tunecinos nos impactó enormemente que puedan atacar a la gente que nos visita”, comenta Toumi. “Se produjeron muchas anulaciones, del 40, 50, hasta del 70% en algunos mercados”, relata. 

Algunos países han tratado de compensar la pérdida de turistas occidentales abriéndose a otros mercados: el argelino, en el caso de Túnez, o el doméstico en Egipto y Turquía. Pero estas economías necesitarán visitantes de la vecina Europa para superar esta crisis. 

“Túnez es un destino que sigue siendo recomendable. Somos países amenazados, pero no es motivo para dejar de luchar por nuestros ideales y nuestro modo de vida. No podemos cambiar por esta amenaza“, opina Abdellatif Hamam, que cree que el intercambio entre pueblos es la mejor receta contra el extremismo: “La cultura puede contribuir a vencer al terrorismo”.

Fuente: ElConfidencial.com