Auge y caída de Varufakis

Yanis Varufakis no está acabado, aunque desde luego sí muy tocado, seguramente sin remedio. El mismo Gobierno que le encumbró a las cabeceras de todos los ...

Yanis Varufakis no está acabado, aunque desde luego sí muy tocado, seguramente sin remedio. El mismo Gobierno que le encumbró a las cabeceras de todos los periódicos acaba de darle una estocada por exigencias del guion. Syriza decidió ayer cambiar a su equipo negociador con la troika y apartar a su estrella. Aunque formalmente el titular de Finanzas será el responsable de supervisar al nuevo grupo de negociadores, el primer ministro Alexis Tsipras nombró al número dos de Exteriores, Euclid Tsakalotos, coordinador del equipo.        

El último Eurogrupo no fue nada bien, y muchas crónicas reflejaban la soledad de Varufakis en las reuniones y, posteriormente, en las declaraciones optimistas del más célebre de los ministros griegos. Frente a su entusiasmo, el resto de titulares de Finanzas se mostraban sombríos: el acuerdo con Grecia está lejos. El ministro heleno, en el tono profesoral que le caracteriza, aseguraba que las posturas estaban cerca en algunos aspectos y más lejos en otros; es decir, repetía lo que lleva semanas diciendo. Su papel, desde ahora más secundario en las negociaciones con los acreedores, le arrebata su carácter de golpe de efecto de un Gobierno que heredó el lastre de tener que alcanzar un acuerdo con las arcas vacías.

Este es un breve repaso del auge y caída del hombre que llegó a encarnar la esperanza de la Europa del Sur.

Europa tuerce el gesto ante su llegada

Desde el primer día que pisó la oficina del Ministerio de Finanzas, Varufakis dejó a las claras que él no iba a ser un ministro más. Economista brillante y activista por la reestructuración de la deuda helena, además de por la reforma de la Unión Europea, este exprofesor de la Universidad de Texas tenía formación de sobra y carisma más que suficiente para dirigir la estancada negociación con la troika.

Las ofensivas contra su persona, como las fotos de ‘Paris Match’, han puesto en evidencia que el héroe de la izquierda no es un purasangre

La victoria en las elecciones de Syriza –moral y por votos– daba vía libre al nuevo primer ministro Alexis Tsipras para elegir al que sería su negociador ante los duros 18 socios de la Eurozona, encabezados por el holandés Jeroen Dijsselbloem. Respaldado por una ciudadanía harta de la austeridad, Tsipras eligió para la tarea a una persona más cercana al Pasok que a Syriza, que no era ni siquiera militante del partido, aunque, precisamente por ello, sí inmune a las críticas de sectarismo.

Varufakis llegó a las primeras reuniones de ministros en su moto, enfundado en una chaqueta de cuero y marcando un estilo arrasador. Los griegos se las prometían muy felices.

El primer encuentro serio se produjo el 30 de enero, apenas unos días después de las elecciones. Yanis Varufakis se reúne con Dijsselbloem para empezar a tratar los detalles que había dejado desatados el anterior Ejecutivo conservador. El griego lanza una diatriba contra la troika y contra el rescate: Grecia no quiere volver a ver a los negociadores del FMI, Comisión Europea y Banco Central Europeo en Atenas. El primero de muchos desplantes deja un gesto de estupor del holandés, un apretón de manos torcido y la frase “acabas de matar a la troika”.

Imagen del primer encuentro entre Varufakis y Dijsselbloem en Atenas (Reuters).Imagen del primer encuentro entre Varufakis y Dijsselbloem en Atenas (Reuters).

El griego empieza entonces una gira pletórica por Europa en la que recibe las bendiciones de franceses e italianos, que parecen dispuestos a unirse en su cruzada contra la deuda injusta. Francia e Italia luchan por ser contrapesos a una Alemania todopoderosa.

Varufakis desembarca al final de este viaje en la guarida de su némesis, el agreste Wolfgang Schäuble, el recto protestante que dirige las finanzas más saneadas del continente. En su propia casa, el heleno le recuerda las reparaciones que Alemania debe a Grecia por la ocupación nazi en la Segunda Guerra Mundial. Y no será la última vez que Atenas apele a esta deuda.

Grecia se queda sola en el Sur

En febrero, el Eurogrupo acuerda que Grecia obtendrá un aplazamiento para presentar medidas de reforma concretas que la llevarán a obtener el último tramo del rescate. No obstante, para Varufakis es la constatación de que la política es otra liga, de que los apretones de manos y las sonrisas en las visitas oficiales pueden después no transformarse en apoyos. Él, que había contado con muchas simpatías personales –en el mundo intelectual y político internacional–, se encontraba con que su alianza de países endeudados no funcionaba. Y es más, que los que más beligerantes se mostraban eran precisamente España, Portugal e Irlanda, implacables con Atenas.  

Se dijo entonces que España y Portugal intentaron bloquear el acuerdo del Eurogrupo al no encontrarlo satisfactorio… por laxo. Mariano Rajoy enarbolaba los 26.000 millones de euros que España prestó a Grecia, y Portugal se presentaba como el buen alumno que sale del túnel tras haber aplicado las reformas. El encanto de Varufakis fuera de los círculos de decisión se diluía dentro de la retórica de las ruedas de prensa hasta quedarse en nada ante los debates a puerta cerrada.

Varufakis junto al ministro alemán Schäuble durante una rueda de prensa en Berlín (Reuters).Varufakis junto al ministro alemán Schäuble durante una rueda de prensa en Berlín (Reuters).

De la prensa económica al Paris Match

Como ya explicamos en El Confidencial, Varufakis se ha convertido en el fusible del Gobierno y se ha ido consumiendo como una vela conforme su exposición mediática le hacía susceptible de entrar en contradicciones con su Ejecutivo o a revelar detalles de las negociaciones que era mejor mantener en secreto.  

Sin embargo, esa imagen de rompeesquemas se mantuvo, al igual que la de enfant terrible, hasta la sesión de fotos de Paris Match, seguramente el error que sus adversarios esperaban: “Ojalá no hubiera hecho esa sesión de fotos… No me gusta la estética de esas fotografías”, dijo el ministro. Esas imágenes tuvieron un efecto devastador al mostrar a un Varufakis burgués disonante con el estilo de vida de la izquierda radical que mantienen otros miembros de Syriza.

El titular de Finanzas fue consciente. Preparado para defenderse de las ofensivas intelectuales, las personales –sobre todo si se trata de hablar de su estatus social– parece que sí le molestan, porque ponen en evidencia que el héroe de la izquierda no es un purasangre.

No es solamente que el ministro griego no haya podido con la sobreexposición mediática. Sus defensores en plena ofensiva del ala más dura del partido escasean, y a eso hay que sumarle que apenas ha obtenido resultados en sus conversaciones con los acreedores. Y cada vez está más cerca la hora en la que Atenas se quede sin dinero. Tsipras ha tenido que reaccionar. Varufakis no ha sido relevado de su ministerio –de hecho tiene el apoyo explícito del primer ministro frente a “la campaña mediática en su contra”–, pero sí de su puesto de estrella: Y eso, para Varufakis, es peor que ser destituido.

Fuente: ElConfidencial.com