Australia: así ven los inmigrantes españoles una economía al borde de abismo

El fin del boom de la minería y una burbuja inmobiliaria a punto de estallar amenazan el bienestar de la próspera clase media australiana. Los inmigrantes ...

El fin del boom de la minería y una burbuja inmobiliaria a punto de estallar amenazan el bienestar de la próspera clase media australiana. Los inmigrantes españoles en el país contemplan con preocupación un escenario que, a sus ojos, recuerda a la España de antes de la crisis.

Armando Ortega llegó a Australia hace cuatro meses y no tardó en encontrar un empleo en el sector de la construcción. “Es la primera vez que trabajo en esto. Aquí hay trabajo y las condiciones salariales, sin ser una maravilla, dan para vivir”, explica. Como otros recién llegados, Ortega todavía lucha por hacerse entender en inglés y confiesa que la construcción es un buen lugar para empezar porque “hay mucho inmigrante, mucha gente de Latinoamérica, Portugal y Brasil, así que hablar en español o en portugués me ayuda a meter el morro en el sector”.

Sin embargo, Ortega confía poder cambiar pronto de sector: “Espero no estar en la construcción mucho tiempo porque aquí va a pasar como en España. Esto está demasiado inflado y va a estallar pronto”, vaticina. Su percepción a pie de obra apenas difiere de las predicciones de los principales economistas australianos. Tras más de tres décadas de crecimiento ininterrumpido, Australia camina sobre la cuerda floja.

El país consiguió esquivar la crisis financiera de 2008 gracias a la fuerte demanda de mineral australiano en China. Australia fue el único país de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que no experimentó dos trimestres seguidos de crecimiento negativo y que, por lo tanto, evitó la recesión técnica. Poco expuestos a las hipotecas basura o a las inversiones de alto riesgo, ningún banco australiano tuvo que ser rescatado.

El motor minero desaparece

Siete años después, la situación es muy distinta. China ha comenzado la gran transición hacia una economía de consumo y la demanda de mineral ha caído en picado. Al mismo tiempo, el precio del carbón, principal exportación australiana, se ha precipitado en los mercados internacionales. Desde noviembre de 2014, las compañías mineras han despedido a miles de personas y al menos un 10% de las minas están en “una situación muy precaria”, según el presidente del Queensland Resources Council, Michael Roche. La minería ha dejado de ser el motor de la economía y Australia todavía no ha encontrado un sustituto.

Para estimular las exportaciones y el crecimiento en otros sectores, el banco central australiano (RBA) bajó los tipos de interés en febrero de 2015. Pero esta medida rebajó el precio de los préstamos bancarios y disparó el mercado inmobiliario. “Nuestra habilidad para reaccionar a la ralentización de la economía es bastante limitada”, avisa Matthew Peter, el economista jefe de QIC, el segundo gestor de inversiones más grande de Australia.

Me llamó la atención el nivel de vida. Veía a la gente gastar dinero, salir a cenar, comprar coches de lujo

“Si sufrimos un choque externo, si la economía china se estrella, por ejemplo, entonces el banco central no podrá bajar de nuevo los tipos de interés porque el mercado inmobiliario está demasiado hinchado”, explica a El Confidencial.

El precio de las viviendas en las cinco principales ciudades australianas ha aumentado un 30% en los últimos tres años. Los precios subieron un 9,1% durante 2014, pero en Sídney lo hicieron un 15%, según RP Data. Australia es ya el tercer país más caro del mundo para comprar vivienda, sólo por detrás de Bélgica y Canadá, según el Fondo Monetario Internacional (FMI).

“Me llamó la atención el nivel de vida”

El nivel de endeudamiento de las familias australianas es tan alarmante que en mayo el FMI envió un equipo económico al país para estudiar el fenómeno. Según la OCDE, Australia es el quinto país del mundo con mayor endeudamiento familiar, un 197% sobre sus ingresos disponibles, comparado con un 138% de las familias españolas.

El bilbaíno Xabi Ugarte ha sido testigo de los cambios más recientes en la economía australiana. “Yo llegué en septiembre de 2010 para aprender inglés. Venía de la España de la crisis y me encontré con un país donde todos los precios estaban hinchados”, explica. Le llamó la atención “el nivel de vida de los australianos: veía a la gente gastar dinero, salir a cenar, comprar coches de lujo. Era un poco de película”. Sin embargo, “con el tiempo te das cuenta de que mucha gente está endeudada y tiran de tarjeta de crédito”.

Una imagen del distrito financiero de la ciudad de Sídney (Reuters).Una imagen del distrito financiero de la ciudad de Sídney (Reuters).

Desde el inicio de la crisis en España, Australia ha sido un refugio para miles de inmigrantes españoles que  han llegado atraídos por la tasa de desempleo del 6% y el crecimiento anual del 3% del producto interior bruto (PIB). En el país, el salario mínimo es de unos 1.900 euros al mes, el salario medio ronda los 4.200 y el poder adquisitivo es un 37% más alto que el de los españoles. Pero todo podría desmoronarse si la reducción del crecimiento de China acaba en derrumbe o si Australia no encuentra un nuevo motor para impulsar el crecimiento.

Peter alerta que la situación es peligrosa porque “si por cualquier razón cae la confianza de los consumidores, comienza una espiral hacia abajo en la que las familias dejan de gastar, las empresas dejan de invertir, aumenta el paro y caen los ingresos del Estado, que a su vez no podría pagar las prestaciones ni estimular la economía”.

La salvación, en los inversores chinos

Pese a las señales de alarma que rodean el mercado inmobiliario australiano, los expertos descartan que la burbuja estalle como lo hizo en España. El analista de Credit Suisse Hasan Tevfik explica que la presencia de inversores chinos en el país impedirá que la demanda caiga en picado. “Los inversores chinos compraron propiedad por valor de más de 9.000 millones de dólares australianos (6.190 millones de euros) sólo el año pasado, un 60% más que en 2013”, aclara.

La demanda de inversores chinos representó un 23% sobre el total de la demanda en Sídney y un 20% en Melbourne. “Creemos que podrían llegar a invertir hasta 60.000 millones de dólares australianos (41.295 millones de euros)”, dice Tevfik, que añade que los inversores chinos se sienten atraídos por un mercado hasta ahora muy provechoso y muy bien regulado.

“El riesgo de esta situación es que los precios sigan subiendo y el consumidor medio australiano no pueda acceder a la vivienda”, declara Tevfik. Esta situación “resultaría en un empobrecimiento de la población”. En 2014, los salarios aumentaron un 2,5%. Los precios de la vivienda crecieron cinco veces más rápido en Sídney y tres veces más rápido en Melbourne.

Fuente: ElConfidencial.com

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