Berlineses en pie de guerra contra la avaricia inmobiliaria

04.01.2016 – 05:00 H. Son las 12 del mediodía de un caluroso domingo en Berlín. Algunos miembros del Colectivo F54 ultiman detalles y preparan el almuerzo ...

04.01.201605:00 H.

Son las 12 del mediodía de un caluroso domingo en Berlín. Algunos miembros del Colectivo F54 ultiman detalles y preparan el almuerzo para una reunión con vecinos del barrio. Han convocado un encuentro en su local, situado en el bajo del número 54, en la calle Friedel, al norte de Neukölln. Quieren establecer contacto con los vecinos y ver cómo se pueden defender de las prácticas empleadas por las propietarias inmobilarias, empeñadas en aumentar el precio de las viviendas del barrio.

La mayoría de los miembros del colectivo ronda los 30 años y trabaja. Todos están emancipados, estudian, tienen carreras universitarias o formación profesional. Les une un especial interés por el activismo político y las ganas de cambiar este mundo, empezando por sus ámbitos más cercanos. Su aspecto es de lo más variado, igual que el del resto de miembros del colectivo, que se caracteriza por su diversidad. Podemos encontrar desde una estética punk -cortes de pelo a lo mohicano, ropa negra con mensajes políticos, parches y tachuelas- hasta jóvenes con un aspecto más convencional… peinados menos excéntricos y vestidos con camisetas, polos, vaqueros o pantalones de pinzas. Algunos de los asistentes viven también en el mismo inmueble, cuya fachada está cubierta por un andamio desde principios de febrero, cuando empezó la rehabilitación, interrumpida desde mayo por los procesos judiciales contra los inquilinos, por no aceptar la reforma y las condiciones impuestas por la inmobiliaria propietaria del edificio.

Este espacio autogestionado alberga a un colectivo compuesto por varias organizaciones sociales y políticas. Además de servir ‘Vöku’ (Volksküche, una comida popular) a cambio de la voluntad, varias noches por semana se organizan talleres de serigrafía, jornadas para niños o charlas informativas y proyección de películas sobre acciones políticas, migración, racismo, sexismo o represión estatal, entre otros muchos temas.

Este local alternativo está situado al norte de Neukölln, un barrio popular de Berlín con casi un 23% de extranjeros procedentes de 147 países, según datos de la Oficina de Estadística de Berlín-Brandenburgo. El paro es uno de los estigmas del barrio, con cifras ascendentes en los últimos años. El diario ‘Berliner Zeitung’ situaba a Neukölln, con datos de diciembre de 2011, como el distrito con mayor paro de Berlín, con un 16,6%. Según datos más recientes, publicados por el diario ‘Abendblatt Berlin’, en 2013 Neukölln era el barrio con la mayor cuota de pobreza, un 24%, y la tasa de paro subió al 18%. El andamio trepando por la fachada del edificio y algunas pancartas colgando del mismo evidencian la cada vez mayor presencia en el barrio del controvertido fenómeno conocido como ‘gentrification’ en inglés: aburguesamiento.

Este término se atribuye a la socióloga Ruth Glass, que lo emplea por primera vez en 1964 para describir la transformación de las estructuras sociales y del mercado inmobiliario en el londinense distrito de Islington. Según Glass, “este proceso suele comenzar en un barrio degradado y se extiende rápidamente hasta que todos o casi todos los habitantes de clase trabajadora son expulsados”. Ilse Helbrecht, profesora de la Universidad Humbold y directora del Centro para la Investigación Metropolitana Georg Simmel en Berlín, define la gentrificación como “un proceso represivo, en el que las clases sociales más adineradas expulsan de su lugar de origen a la población más vulnerable económicamente, provocando la revalorización de las zonas residenciales”. Se produce un cambio social del entorno urbano que no es natural, ya que no solo afecta a sus habitantes, comercios o infraestructuras, sino que transforma el carácter del barrio por completo.

Un artista enjaulado como protesta contra la expulsión del Centro de Arte Tacheles, creado en un edificio okupado, en mayo de 2011. (Reuters)Un artista enjaulado como protesta contra la expulsión del Centro de Arte Tacheles, creado en un edificio okupado, en mayo de 2011. (Reuters)

‘Modernización’ innecesaria

El ‘Reuterkiez’, como se conoce a esta zona de Kreuz-Kölln (término local para referirse a la parte de Neukölln colindante con Kreuzberg), es una de esas zonas que en los últimos años se han transformado a un precio que muchos habitantes consideran excesivo. Hace tan solo seis o siete años, Neukölln era un barrio obrero, tranquilo y alejado del concurrido Mitte (centro), aunque a la vez cerca del siempre frecuentado y variado ambiente del mítico Kreuzberg. Incluso había entre los propios berlineses quien lo llegaba a definir como una zona “algo insegura”, consecuencia de clichés y análisis racistas que intentan criminalizar la inmigración. Actualmente es un ejemplo de la expulsión de las clases más humildes por medio de exorbitantes aumentos de alquiler, desahucios y otras prácticas de ‘mobbing’ inmobiliario.

Uno de los motivos es que esta zona de Neukölln, separado por el Landwehrkanal del sur de Kreuzberg, se ha convertido en uno de los recientes caramelos del mercado inmobiliario berlinés. Hoy se vende como un barrio con muchas posibilidades y lleno de vida (que es una metáfora para referirse a bares, cafés de diseño, tiendas de segunda mano, restaurantes y pubs). Muchos lo describen como alternativo y multicultural, adjetivos muy desgastados y vaciados de significado en el mosaico social del actual Berlín. Esta ciudad siempre ha sido un ir y venir de personas, una mezcla en movimiento constante, que con el paso de los años se ha convertido en más y más heterogénea.

Como en otros muchos edificios del barrio, en la calle Friedel 54 se está llevando a cabo una supuesta ‘modernización’ del edificio desde febrero de 2015. Los vecinos se han organizado contra lo que consideran una reforma injusta por un lado, ya que ellos asumirían la mayor parte de los costes, y por otro innecesaria, ya que por las características del edificio (con tabiques exteriores de 49 cm de grosor), el aislante térmico apenas lograría mejorar la eficiencia energética. Ahorrar calefacción es el argumento usado por la inmobiliaria para llevar a cabo la modernización, aprovechando las subvenciones estatales que existen para este tipo de reformas. El problema es que nadie controla si estas son o no necesarias.

Esta reforma pretende instalar un sistema de aislamiento térmico en fachada y balcones y construir una caseta de madera para cubrir los contenedores de basura del patio interior. Todo ello supondrá para los inquilinos, según los planes anunciados por la inmobiliaria austriaca Citec Immo Invest, un aumento del alquiler de entre un 40 y un 70%. Solo la estructura para los seis cubos de basura costaría 12.500 euros, y el total de la reforma ascendería a 250.000 euros. Los vecinos han sido demandados por no aceptar los planes de Citec, que se comunica con ellos solo por medio del abogado.

El sábado 14 de marzo de 2015 la comunidad de la Friedel 54 organizó una manifestación por el barrio. A pesar del frío y la lluvia, unas 500 personas acudieron para apoyar la lucha de los inquilinos de esta y de otras muchas casas, que sufren procesos similares por toda la ciudad, desde Wedding, al norte de Berlín, hasta Schöneberg en el sur. La marcha recorrió el norte de Neukölln, pasando por varias casas que están siendo ‘modernizadas’, algunas propiedad de Citec. Como si de flores se tratase, con la primavera aparecieron por todo el barrio andamios por todas partes. Durante la manifestación se escucharon frases del tipo “otra casa igual que nosotros” o “ese andamio no estaba la semana pasada“.

Fragmento del muro de Berlín, delante de las grúas de una construcción de edificios de lujo, en marzo de 2013. (Reuters)Fragmento del muro de Berlín, delante de las grúas de una construcción de edificios de lujo, en marzo de 2013. (Reuters)

Resistencia vecinal

Lo interesante de la Friedel 54 es la resistencia y organización de sus habitantes frente a las imposiciones y presiones de la propietaria. Crearon un blog para denunciar públicamente su caso y ahora esperan los resultados del perito que han pedido varios jueces, para determinar la necesidad y eficacia de la reforma. Mientras, siguen luchando por hacer visible un problema que afecta a muchos habitantes de Berlín, intentando crear asambleas vecinales para convencer a sus vecinos de que juntos son más fuertes.

Los habitantes de la Friedel 54, que en los últimos seis años ha cambiado tres veces de propietario, tienen distintos contratos de alquiler, por lo que se pagan diversas rentas, entre dos y ocho euros por metro cuadrado. Algunos inquilinos viven desde hace 20 o 30 años aquí y tienen contratos de renta antigua, muy por debajo del precio que impone el mercado inmobiliario, actualmente en torno a 11 euros el metro cuadrado. Esto deja cierto margen de beneficio para empresas como Citec, que es conocida por comprar barato, llevar a cabo una reforma (necesaria o no) y volver a vender el inmueble poco después por mucho más dinero, lo que aumenta rápidamente los precios de alquiler.

Contra estas prácticas, el Senado de Berlín ha aprobado una ley que pretende regular al aumento de los precios del alquiler. Hasta ahora los inquilinos no tenían alternativa y debían aceptar los incrementos impuestos por las inmobiliarias. La ley establece que, en nuevos contratos de arrendamiento, el aumento no debe superar el 10% del precio de alquiler correspondiente a cada distrito. Por ejemplo, para un alquiler de seis euros por metro cuadrado, el propietario pude subirlo como máximo hasta 6,60 euros. Con la nueva ley, el aumento del alquiler tampoco puede superar el 30% de los ingresos del inquilino. Los precios de alquiler son establecidos, principalmente, por los grupos inmobiliarios de inversión, que pretenden ‘redondear’ al alza el precio en todos los barrios del centro de Berlín, a pesar de las grandes diferencias existentes entre unos y otros.

La amenaza de una burbuja inmobiliaria sobrevuela no solo Berlín, sino toda Alemania. Según datos de un estudio realizado por el principal portal inmobiliario alemán, Immobilienscout24, el diario ‘Der Spiegel’ publicaba recientemente un artículo advirtiendo del riesgo que supone que los precios de alquiler de vivienda estén por debajo de los precios de compra de viviendas en propiedad. Esto ocurre en 35 de las 82 mayores ciudades de Alemania.

En el estudio de Immobilienscout24, vermos que la diferencia entre el precio de alquiler y el de compra entre 2007 y 2015 es de hasta un 47,7% en la localidad de Trier, la primera de la lista, que ha experimentado un aumento del alquiler en los últimos nueve años del 25%, frente al 72,6% de aumento en el precio de compra de viviendas. En segundo lugar se encuentra Munich, donde la diferencia en ese mismo periodo entre los precios de compra y alquiler es del 47,4%. La capital bávara registra un aumento de más del 80% en el precio de compra de vivienda, mientras que el precio del alquiler aumentó un 33,3%.

Un antiguo edificio administrativo. Un antiguo edificio administrativo.

¿Amenaza de burbuja?

En Berlín, la diferencia es de un 22%, ocupando el puesto 28º en la lista de “ciudades amenazadas por una burbuja de precios”, tal y como afirmaba la versión ‘online’ del semanario ‘Focus’ en relación al mismo estudio inmobiliario. El precio del alquiler en la capital federal ha aumentado desde 2007 un 45,6%, y el precio de compra, que apenas supone un 14% de la población berlinesa, ha subido un 67,6%. Estos datos parecen inquietar, según diferentes medios alemanes, a expertos y analistas.

Aunque lo que podría preocupar, además del constante aumento porcentual del precio medio de compra frente al precio medio del alquiler, sería liberar la concesión de créditos bancarios. Tal y como aseguraba el diario económico ‘Handelsblatt’ hace ya casi un año, el grupo parlamentario Los Verdes, por medio de su portavoz de Hacienda, Gerhard Schick, “reprochaba al comité de estabilidad financiera, perteneciente al Ministerio de Hacienda, el peligro de infravalorar la burbuja inmobiliaria en Alemania” y aludía a la posición del BCE sobre el ascenso de los precios en los mercados inmobiliarios como ”un claro problema”.

Según el semanario ‘Focus’, el presidente del Banco Federal Alemán (Deutscher Bundesbank), Jens Weidmann, señalaba “los nuevos riesgos en el mercado inmobiliario alemán, sobre todo en las grandes ciudades”. Weidmann advertía de que, según “los cálculos del Banco Federal, los precios sobrepasan su valor entre un 10 y un 20%”. Aunque Weidmann llamaba a la calma insinuando que “en Alemania aún no hay señales de una burbuja inmobiliaria”, argumentando que el crecimiento del crédito (2,5%) es moderado y que el grado de endeudamiento de los alemanes apenas ha aumentado.

En la evolución de la capital alemana, el punto de inflexión se produjo a partir de mayo de 1989, cuando se abren las fronteras de la República Democrática de Alemania. Este proceso concluye con la reunificación de las dos Alemanias y se conoce como ‘die Wende’ (el cambio). Fue un momento histórico para Berlín, ya que terminó con la división de la ciudad y abrió las puertas de los barrios del este al resto del mundo. Desde entonces, cada distrito ha vivido evoluciones y procesos de cambio muy diferentes. Esa heterogeneidad forma parte del particular carácter berlinés, que atrapa a todo el que visita la ciudad. Las características propias de cada uno de los barrios y de las personas que en ellos habitan enriquecen la ciudad, conformando el gran prisma sociocultural que presenta el Berlín actual. Este ‘tesoro’, si no se protege, corre el peligro de desaparecer bajo los efectos del fenómeno llamado gentrificación.

Fuente: ElConfidencial.com

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