Buenos Aires, la nueva capital de la espiritualidad 'cool'

16.06.2016 – 05:00 H. Parece paradójico, al menos en principio. La ciudad de los atascos y las quejas, la urbe insomne e inquieta, la “ciudad de la furia” ...

16.06.201605:00 H.

Parece paradójico, al menos en principio. La ciudad de los atascos y las quejas, la urbe insomne e inquieta, la “ciudad de la furia” a la que se refería la mítica canción de Soda Stereo, es también el centro de un estallido de nuevas formas de espiritualidad. En Buenos Aires prolifera en los últimos tiempos el yoga en sus inagotables modalidades, círculos de mujeres, iniciaciones de reiki, registros akáshicos, tantra, ayurveda, meditación budista…   

La ensordecedora rutina del microcentro porteño esconde el epicentro de la oleada de nueva espiritualidad que congrega a los argentinos pero, también, a extranjeros que llegan interesados por esa oferta. O que llegan por otros motivos y se enganchan con estas cuestiones. Es el caso de la bailarina y comunicadora colombiana Lorena Echeverri: “Yo vine a Buenos Aires a hacer una maestría de antropología social y también cursé la de reiki. Buenos Aires se abre como un abanico de oportunidades para que las personas que quieran experimentar su espiritualidad puedan hacerlo”, relata Lorena, que lleva una década arraigada en la capital porteña. La catalana Rebeca Mora también encontró en Argentina el lugar perfecto para ahondar en el camino del yoga: hoy, Gurupritam Kaur -su nombre espiritual- imparte clases de Kundalini Yoga y estudia para ser profesora de Vinyasa Flow Yoga.

“La expansión de las herramientas de sanación es veloz. Las cosas lindas también se contagian”, dice la directora de un centro especializado en estas técnicas

“Afortunadamente, la expansión de las herramientas para la sanación y la expansión de la conciencia es sumamente veloz y eso habla de que las cosas lindas también se contagian”, apunta Verónica Aquistapace, porteña, directora de Ser Consciente, un centro donde se combinan técnicas como la Ascensión Ishaya y el Ho’oponopono. “En primera instancia se consideró una moda, pero hoy se constata que, lejos de ser algo pasajero, las personas se están encontrando con su ser verdadero cada vez con más fuerza. Todos estamos andando un camino espiritual, si bien algunos lo hacen conscientemente y otros no se han dado cuenta aún. Está buenísimo que cada vez más gente prenda la luz en ese camino, y creo que Buenos Aires pueden ser un foco expansivo de esta tendencia”, señala Verónica.

Prueba de esa expansión es la trayectoria de la también porteña Sharon Glantz, que era ‘personal trainer’ hasta que, con el yoga, descubrió que a través del cuerpo podía vislumbrar algo más profundo: “Me conecté con la respiración, empecé a entender cómo al destrabar el cuerpo podemos conectar con la energía más sutil”, relata Sharon. Luego comenzó a explorar distintas herramientas: la meditación, el reiki, los registros akhásicos. “Siempre me gustó enseñar todo lo que sé, así que cada vez que incorporo una de estas herramientas, la trato de aplicar a las personas que acuden a mis talleres”. En sus terapias, Sharon combina esas técnicas diversas, desde el reiki y el yoga hasta lo aprendido durante los años que se dedicó a la actuación, y las aplica en función de las necesidades de la persona que tiene en frente: “Lo interesante de la diversidad de terapias que está habiendo es que cada persona puede ir buscando y encontrando lo que más le sirva, porque cada persona es distinta: hay quien tiene más facilidad para acceder desde el cuerpo, con el yoga o la danza; otros consiguen entrar directamente desde la mente, con una visualización o meditando”.

El líder espiritual Sri Sri Ravi Shankar durante una jornada de meditación al aire libre en Buenos Aires, en septiembre de 2012 (Reuters)El líder espiritual Sri Sri Ravi Shankar durante una jornada de meditación al aire libre en Buenos Aires, en septiembre de 2012 (Reuters)

¿Qué precio ponerle al espíritu?

Sharon estudia psicología, si bien la emplea “como marco teórico: leer a Freud o a Lacan me sirve como cimiento, pero al elegir una herramienta para sanar, no elijo la psicología tradicional sino una psicología sistémica que trabaja con la energía sutil”. Como Verónica, Sharon cree que, si bien una terapia psicológica al uso puede ser muy útil para determinadas personas o en ciertas fases de la vida, técnicas como la meditación o el Ho’oponopono pueden ser una vía mucho más rápida para la sanación. Eso sí: “En el fondo, todos hablamos de lo mismo: de sanar, de que el ser humano pueda vivir mas tranquilo”. Muchas técnicas sirviendo al mismo fin: sanación y autoconocimiento.

Pero, ¿no existe el riesgo de que algunas personas se metan en el mundo de la espiritualidad buscando simplemente el lucro? Si por un lado algunas de las tantísimas ofertas que se encuentran en Buenos Aires relacionadas con la espiritualidad son sospechosas de estar pensadas más para ganar dinero que para ayudar a sanar, también es cierto que son muchos los profesores de yoga, maestros de reiki y terapeutas holísticos que brindan parte de sus servicios gratuitamente o a cambio de una contribución voluntaria o de algún tipo de intercambio.

Algunas de las ofertas que se encuentran en Buenos Aires relacionadas con la espiritualidad están más pensadas para ganar dinero que para sanar. “Hay mucho ‘chanta’ [pícaro]”, admite una profesional

“Es verdad que hay mucho ‘chanta’ [pícaro, en la jerga porteña] dando vuelta, que aprovecha el manejo de la energía a su alrededor; pero hay de todo como en todos los mundos; también en la medicina hay quien ejerce su oficio con honestidad y entrega y otros que se llenan los bolsillos sin dar un buen servicio”, señala Sharon, y añade: “Lo que yo siempre recomiendo, se trate de un psicólogo o de un terapeuta holístico, es que acudas a alguien que te recomendó alguien conocido, que sepas de dónde viene y cuál es su orientación, porque lo que vamos a trabajar es muy íntimo y muy estructural, como la psiquis, la energía”.

Al fin y al cabo, por más que en las sociedades capitalistas en las que vivimos todo, incluso la espiritualidad, corra el riesgo de ser mercantilizado, nada más lejos del consumismo que la sabiduría ancestral que subyace a esta diversidad de técnicas. Así lo muestra la experiencia de Rebeca, que cuando se topó con el yoga, hace ahora ocho años, trabajaba como enfermera de cuidados intensivos en el Hospital Universitario de Bellvitge, en Hospitalet de Llobregat. “Estaba en un momento de crisis personal: llevaba un ritmo muy acelerado, no dejaba de estudiar posgrados, viajar, estaba en una rueda de hacer, hacer, consumir, producir, todo mi tiempo lo invertía, estaba en este sistema que no me dejaba ni un segundo para mí; me sentía muy desconectada, y eso terminó transformándose en una crisis de ansiedad que fue un toque de atención. Ahí descubrí el yoga, y me transformó por completo. Me dio herramientas para lidiar con situaciones de estrés, y me permitió encontrar un sentido a mi vida, más allá de esta sociedad capitalista en la que todo es comprar y consumir. El yoga permite ir hacia adentro, conectar con la respiración, con el momento presente: el aquí y ahora”.

Caminantes durante un día lluvioso en la Avenida 9 de Julio de Buenos Aires, 2014 (Reuters)Caminantes durante un día lluvioso en la Avenida 9 de Julio de Buenos Aires, 2014 (Reuters)

¿Por qué Buenos Aires?

Pero, ¿por qué en Buenos Aires se está gestando esta ebullición de propuestas relacionadas con la espiritualidad? “Aquí es fácil esa proliferación, porque no tiene tan fuerte la impronta de magia negra, de lo que se consideran trabajos, y tampoco es tan fuerte el catolicismo como en otros países latinoamericanos; eso hace más fácil que se expandan estas otras vías para profundizar en la espiritualidad”, opina Verónica. No le extraña tampoco que estas técnicas de meditación y sanación proliferen en una ciudad que, con su círculo metropolitano, suma doce millones de habitantes: “En la gran ciudad, la gente necesita más que en ningún otro lugar un contacto con la tierra, y con la conciencia, con su ser, que no propicia el ambiente, si uno vive en la montaña o en el mar quizá no sale a la búsqueda de herramienta, pero el estrés y la opresión que se sufre en las ciudades ejerce la presión necesaria para que las personas se arrimen a estas herramientas y sea cual sea la vía por al que ingresan a su espiritualidad, emprendan un camino de descubrimiento”. Como apunta también Rebeca, “en las ciudades grandes, la gente necesita herramientas como el yoga para poder ir hacia dentro y no sentirse como robots, como una parte más de la maquinaria del sistema”.

Tal vez, por otra parte, en una ciudad que se vanagloria con justicia de su vasta oferta cultural, “las actividades espirituales hayan calado como una oferta más para satisfacer esta sociedad de consumo cultural”, sugiere Lorena. Pero ella se inclina por motivos más profundos y remite a la teoría de Matías de Stefano, un niño Índigo que hoy tiene 29 años. “Estamos viviendo un cambio energético: la Kundalini del planeta, que estaba ubicada en el Himalaya, se está moviendo hacia la cordillera de los Andes; dentro de esa nueva distribución energética planetaria, cada país y cada región tiene una misión, y en Argentina se está gestando nueva luz para el planeta. El mundo se mueve hacia una nueva concepción de las cosas”. Y en ese nuevo orden cósmico, dice Lorena, el rol de la mujer es crucial.

La Buenos Aires metropolitana suma doce millones de habitantes. Allí, aseguran, “la gente necesita más que en ningún otro lugar el contacto con la conciencia”

“Hablo de la restitución de un espíritu femenino para hombres y mujeres, que pueda devolver la validez de la inteligencia creativa que escapa a la razón lógica” en favor de la fluidez y la intuición, explica Lorena. Por eso ella decidió centrar su trabajo en las mujeres: “Siento que al sanarnos y empoderarnos, el camino se abre más fácilmente para todos los seres”. Desde 2009, Lorena convoca círculos de mujeres arropados por la luna llena o nueva, desde los que viene trabajando los arquetipos en torno al ciclo de la menstruación con la ayuda de un libro de cabecera: Luna Roja, de Miranda Gray. Pero Lorena es también bailarina de folclore afrocolombiano, y decidió combinar ambos saberes: surgió de ahí el taller Afroútero, que “plantea el ciclo menstrual con sus fases bailadas en torno a cuatro ritmos afrocolombianos: bullerengue, cumbia, mapalé y currulao”. A través de la danza, las mujeres que acuden al taller trabajan la intuición, la confianza, la creatividad; y con ello movilizan emociones. Una vez más: sanación y autoconocimiento, y de ahí, necesariamente, conciencia del propio poder.

Las herramientas están ahí, proliferan, se combinan y mestizan. En el medio hay, sí, mucho ‘chanta’, pero también muchas personas que, como Lorena, Rebeca, Verónica y Sharon, tratan desde el corazón de poner su granito de arena para construir una sociedad mejor o, como ellas dirían, más consciente

Fuente: ElConfidencial.com