¿Cabe un gobierno de extrema derecha dentro de la Unión Europea?

“Fidesz continúa con su metódica demolición de los cimientos democráticos de Hungría”. La cita pertenece a uno de los últimos informes de Reporteros ...
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“Fidesz continúa con su metódica demolición de los cimientos democráticos de Hungría”. La cita pertenece a uno de los últimos informes de Reporteros sin Fronteras sobre los medios de comunicación en el país. Aunque podría haber cruzado por la mente de Jean Claude Juncker tras escuchar que el Gobierno húngaro quiere recuperar la pena capital.

Budapest pisa arenas movedizas si apuesta por aplicar la muerte como máximo castigo a los criminales. Juncker, como presidente de la Comisión, ha alertado al primer ministro Viktor Orban de que, si sigue por ese camino, “habría pelea”. Hungría se expone a sufrir un abanico de sanciones, la peor de todas perder sus derechos de voto como socio de la UE: la completa exclusión de los debates europeos por aplicar una medida prohibida expresamente en la Carta de Derechos Fundamentales.

La idea de recuperar la pena capital puede ser un farol para ocultar sus políticas migratorias, igual que hace un tahúr en una partida de naipes. El último movimiento de un político refinado, joven pero curtido en la transición post-soviética, para desviar la atención de su agenda, claramente enfrentada a los principios europeos.

Viktor Orban en Estrasburgo (Reuters).Viktor Orban en Estrasburgo (Reuters).

¿Quién es Viktor Orban?

Con apenas 35 años, el antiguo alumno de Oxford con beca de la Fundación Soros fue el primer ministro democrático más joven del país. Sólo le supera András Hegedus, el mandatario derrocado por la revolución anticomunista húngara de 1956. Ese movimiento fue recordado por Orban durante su discurso en el verano de 1989 cuando, al exigir la celebración de elecciones libres y la retirada de las tropas soviéticas de Hungría, saltó a la política nacional como una figura en alza, escenario que no ha abandonado desde entonces.

Orban es un equilibrista político capaz de participar en la fundación de una organización estudiantil radical, Fidesz, acrónimo de Alianza de Jóvenes Demócratas en magiar, y tres años después asumir su liderazgo para renunciar a los principios liberales que la regían. En septiembre de 1992, Orban era el vicepresidente de la Internacional Liberal. En 1998, aglutinaba en coalición al Foro Democrático Húngaro y al Partido Cívico de los Trabajadores Agrarios y, en el viaje, giraba hacia el conservadurismo mientras salían o expulsaba a varios fundadores.

Su criatura política es una máquina electoral con supermayorías parlamentarias en las dos últimas elecciones que domina los comicios regionales y gobierna en la práctica totalidad de ciudades, incluida la capital del país, Budapest. El antiguo jugador de fútbol del Felcsút es un auténtico killer del área política.

Marcha ultraderechista en Budapest (Reuters).Marcha ultraderechista en Budapest (Reuters).

UE y Hungría, una relación tormentosa

“Yo no veo un escenario en el que un país comunitario pueda aplicar la pena capital, no cabe en los Tratados, aunque desconozco las verdaderas intenciones del Gobierno húngaro”, relata Sonia Piedrafita, investigadora del Center for European Policy Studies (CEPS), que analiza para El Confidencial los recientes desafíos políticos entre Budapest y Bruselas.

“Si fuera necesario, la Comisión Europea actuaría como ya hizo con Hungría en un caso anterior y menos notorio”, recuerda la investigadora de CEPS en referencia a la amenaza de acciones legales en 2013. Entonces, Orban y su partido quisieron modificar la Carta Magna limitando el papel de Tribunal Constitucional, subiendo las tasas judiciales o con la prohibición de propaganda electoral en los medios de comunicación privados.

Las medidas “contradecían los estándares europeos” y conllevarían “el riesgo de un impacto negativo en los pilares de la separación de poderes o la protección de los derechos humanos”, según la UE. Orban dio marcha atrás y acató las exigencias comunitarias. “Enmiendas meramente cosméticas” para Lydia Gall, de Human Rights Watch, “que muestran la poca seriedad para afrontar en la Constitución los problemas sobre derechos humanos e imperio de la ley”.

La reciente legislación sobre los medios de comunicación es otro motivo de conflicto entre Bruselas y Budapest

La reciente legislación sobre los medios de comunicación es otro motivo de conflicto entre Bruselas y Budapest. Aumenta los impuestos a la publicidad en los medios privados, en función del volumen y con un límite máximo del 40% a las ganancias que superen los 65 millones de euros.

Reporteros sin Fronteras denuncia la intención de atacar a los medios críticos. “Parece diseñada para perjudicar especialmente a RTL Klub, una televisión de entretenimiento que pertenece al grupo alemán RTL”, dice la organización sobre esta ley publicitaria. El exabrupto de János Lázár, jefe del grupo parlamentario de Fidesz, asegurando que RTL amenazaba al país y que la televisión debería replegarse a Alemania confirmaría esta tesis.

Por si fuera poco, el canal privado de televisión TV2, afín al partido gubernamental, goza de una exención especial en el impuesto para compensar parte del agujero de sus cuentas. La Comisión Europea aún no ha resuelto la denuncia presentada por la oposición sobre una presunta ayuda anticompetencia.

Grupos nacionalistas en Hungría (Reuters).Grupos nacionalistas en Hungría (Reuters).

El aislamiento del Gobierno Orban

Aunque no recibió ninguna sanción por su ‘asalto’ a la Constitución, Hungría quedó estigmatizada tras el proceso. Antes de Navidad, en los debates para formar la Comisión Juncker, el húngaro Tibor Navracsics perdió las competencias de Ciudadanía para la cartera de Educación y Cultura. Su nombre chirriaba porque había sido el Ministro de Justicia de Orban al frente de la la reforma constitucional.

Para Piedrafita, el ejecutivo de Orban “es el Gobierno con posiciones más a la derecha de la UE, no solamente en términos económicos, donde podríamos encontrar otros, sino también a la hora de las libertades individuales y derechos sociales”. El desafío a un pilar de la UE, el respeto a la vida y la prohibición de aplicar la pena capital, rompería la supremacía moral que Europa exhibe ante democracias como EEUU o dictaduras como China.

Orban escoge, quizás, el peor momento para lanzar ese órdago, con Francia luchando para evitar la ejecución de su ciudadano Serge Atlaoui, condenado por tráfico de drogas en Indonesia. Este conflicto puede jugar en contra de Hungría antes de la hipotética retirada de sus derechos de voto si reinstaura la pena capital. Piedrafita explica que “si un Gobierno va tan lejos como para adoptar medidas en claro incumplimiento de los tratados hay herramientas para que los países retiren su apoyo a las legislaciones o medidas que necesita”.

Es la conocida como cooperación difusa entre socios europeos, un acuerdo implícito para que un Estado miembro ceda en una legislación determinada, aunque no le satisfaga particularmente, con la esperanza de que otra futura que sí le beneficia goce del respaldo de sus socios. Toma de decisiones común basada en el respeto mutuo que Hungría parece no contemplar.

Manifestantes en contra de Orban (Reuters).Manifestantes en contra de Orban (Reuters).

¿Un país de ultraderecha en la UE?

El partido Fidesz controla la mitad más uno de los diputados húngaros en el Europarlamento, 12 en total, integrados en el PP europeo. Fuera de ese grupo parlamentario están los tres representantes del nacionalista Jobbik, el Movimiento por una Hungría Mejor. Sin embargo, los legisladores de Fidesz y Jobbik forman el núcleo duro conservador húngaro de la Cámara europea.

Sobre Jobbik pesan acusaciones de filofascista y racista no sólo por la admiración de su líder hacia la obra de Miklos Horty, el militar que gobernó durante toda la Segunda Guerra Mundial. El partido cuenta con una organización paramilitar llamada Guardia Húngara, disuelta por los tribunales en 2009 pero refundada poco después como fundación con el nombre ‘Nueva Guardia Húngara’.

Con pantalón, chaleco y gorra negros además de camisa blanca, sus miembros pretenden ser la primera línea de la defensa nacional, difundir las tradiciones nacionales y luchar contra la delincuencia, una organización similar a las S.A., los primeros grupos de choque del partido nazi. Sus marchas en pueblos y campamentos de etnia romaní llegaron hasta la Corte Europea de Derechos Humanos de Estrasburgo, que recogió las llamadas a la “defensa de la etnia húngara” contra la “criminalidad gitana” para confirmar la ilegalidad de la organización paramilitar.

Pese a estos varapalos judiciales, el mensaje de Jobbik no ha perdido votos ni respaldo popular en las últimas elecciones celebradas en Hungría, las europeas, y sus mensajes antisemitas, prorrusos y contra la inmigración están presentes en la Eurocámara.

Protesta a favor de la inmigración en Budapest (Reuters).Protesta a favor de la inmigración en Budapest (Reuters).

El “horrible y xenofóbico” cuestionario

12 preguntas “capciosas y manipuladoras”, en palabras de una eurodiputada, que llegarán a los domicilios húngaros para ques todos los ciudadanos mayores de 18 años se pronuncien sobre la inmigración. “Hay bastantes opiniones sobre la cuestión de la inmigración. Hay gente que cree que el bienestar de los inmigrantes pone en peligro el trabajo y la subsistencia de los húngaros. ¿Concuerda usted con estas opiniones?”, preguntará la encuesta.

Por si fuera poco, el cuestionario va acompañado de una carta de Orban que reza “la migración económica cruza nuestras fronteras ilegalmente y, mientras se presentan como buscadores de asilo, de hecho llegan para disfrutar de nuestro sistema de bienestar y las oportunidades laborales que ofrecen nuestros países”. El primer ministro húngaro crea el enésimo punto de tensión con la UE al preguntar: “¿Usted apoyaría al Gobierno húngaro al introducir reglas migratorias más estrictas en vez de la política permisiva de Bruselas?”.

Orban está llevando la polémica al terreno de juego europeo en medio del debate comunitario sobre cómo afrontar la inmigración ilegal

Orban está llevando la polémica al terreno de juego europeo en medio del debate comunitario sobre cómo afrontar la inmigración ilegal. Alineado con las tesis más radicales de Jobbik, ha calificado de “locura” la idea de la Comisión de instaurar cuotas para dar asilo a inmigrantes en los países europeos. “No es momento para la solidaridad sino para reforzar la ley. La inmigración ilegal es una ofensa”, declaró recientemente en una radio.

En el Europarlamento, liberales, socialdemócratas, izquierda radical… están presionando a la Comisión Europea para que actúe ya contra Budapest. Incluso el PP europeo, grupo que acoge al Fidesz de Orban, ha tenido que pedir explicaciones sobre la intención de reinstaurar la pena capital, una medida “no negociable”, como ha reconocido públicamente.

Hace seis meses, Frans Timmermans, vicepresidente de la Comisión y mano derecha del presidente Juncker, aseguró que “la mejor forma de lidiar con Hungría era profundizar el diálogo”. Las críticas abiertas a la nueva política migratoria de Bruselas son el enésimo desafío por parte de un miembro no precisamente modélico. Quizás la advertencia de Juncker a Orban de que “habría pelea” si prosigue con su agenda política podría no ser un farol.

Fuente: ElConfidencial.com