Cara a cara Obama-Castro: 60 minutos para cambiar el futuro de América

Los libros de historia recogerán que fue algo menos de una hora lo que duró el encuentro entre Barack Obama y Raúl Castro ayer, al margen de la VII Cumbre ...
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Los libros de historia recogerán que fue algo menos de una hora lo que duró el encuentro entre Barack Obama y Raúl Castro ayer, al margen de la VII Cumbre de las Américas celebrada este fin de semana en Panamá. Sesenta minutos para redefinir el futuro de la isla caribeña y, por extensión, de las freudianas relaciones entre la primera potencia mundial y su “patio trasero” latinoamericano.

Flanqueados por asistentes y traductores, los dos presidentes se sentaron, cara a cara, en sillas de madera como las que hay en las recepciones de todos los hoteles caros, alrededor de una mesa de centro adornada con tres rosas blancas, en una sala enmoquetada de azul, espaciosa y bien ventilada. Se armaron de papel y bolígrafo para hacer anotaciones y repasar la agenda del deshielo, la que sus asistentes y colaboradores llevan largos meses estudiando y negociando.

Al término de la reunión, Obama dijo no haber tomado aún una decisión sobre la posibilidad de sacar a Cuba de la lista de países que patrocinan el terrorismo, aunque se mostró satisfecho con la oportunidad de haber hablado “honestamente” con Castro. No obstante, el presidente estadounidense -que negó que su objetivo sea “un cambio de régimen en la isla”- quiso dejar las cosas meridianamente claras: “Cuba no es una amenaza para Estados Unidos”. Por su parte, según fuentes cubanas, Raúl Castro habría pedido a Obama el fin del embargo.

Vea aquí las mejores imágenes de la histórica Cumbre de Panamá.Vea aquí las mejores imágenes de la histórica Cumbre de Panamá.

Según explicó después uno de los asistentes de la Casa Blanca, el encuentro se desarrolló “sin tensiones” y en un clima en el que todos eran conscientes de “estar protagonizando” algo muy importante. Antes de echar al reducido grupo de periodistas invitado (la historia se escribe siempre a puerta cerrada), los jefes de estado ofrecieron unos comentarios introductorios.

Empezó el estadounidense, recordando que “este es obviamente un encuentro histórico” y haciendo un breve repaso de lo ocurrido desde finales del año pasado, cuando arrancó el deshielo, cogiendo por sorpresa a los analistas más veteranos. “A lo largo de los años se ha generado mucha desconfianza, pero en el curso de los últimos meses ha habido contactos entre el gobierno cubano y el estadounidense”, resumió.

“Después de 50 años de una política inmóvil por parte de los EEUU”, continuó Obama, “creí que había llegado el momento de probar algo nuevo, algo que era importante tratar de una manera más directa con el gobierno”, expresó, animando a su interlocutor a “moverse en un camino que nos lleve hacia el futuro”.

Después recordó que “existen profundas y significativas diferencias entre los dos gobiernos”, citando explícitamente la democracia y los derechos humanos. “Sin embargo”, argumentó, “creo que ambos coincidimos en que podemos no estar de acuerdo pero al mismo tiempo respetarnos y ser civilizados, para poder pasar página y generar una nueva relación”.

Obama y Castro, en un momento distendido del encuentro, bromean ante los periodistas. (Reuters)Obama y Castro, en un momento distendido del encuentro, bromean ante los periodistas. (Reuters)

Interactuar de forma normalizada y regular

Obama habló de las metas a corto plazo que su Administración ha subrayado en los últimos meses: normalizar las relaciones diplomáticas, abrir embajadas e “interactuar de manera normalizada y regular”. “Puedo decir con toda sinceridad”, concluyó, “que la esencia de mi política es hacer todo lo que pueda para asegurarme de que la gente de Cuba es capaz de prosperar y vivir en libertad”.

Tomo la palabra inmediatamente después Raúl Castro, que esta vez fue breve, quizá para compensar por su discurso previo (de casi una hora) en el pleno de la Cumbre, probablemente el más largo de cuantos se han realizado en este foro, que limita a ocho minutos las intervenciones de los jefes de estado.

“Estamos dispuestos a discutir cada detalle y creo que podemos poner todo sobre la mesa y que podemos hacerlo con respeto por las ideas mutuas”, dijo. “Pero cuando digo que estoy de acuerdo con todo lo que ha dicho el presidente Obama, también quiero decir que estoy de acuerdo en no estar de acuerdo en todo”, matizó, advirtiendo de que será necesario “tener mucha paciencia”.

Tras los minutos pasados a puerta cerrada, la Casa Blanca filtró algún detalle más. Se aseguró, por ejemplo, que los mandatarios hablaron de los escollos prácticos que hay que superar antes de reabrir las embajadas en La Habana y Washington D.C.

Obama habría pedido también más libertad de movimientos para sus diplomáticos en la isla y habría asegurdo que la decisión de sacar a Cuba de la lista de países terroristas se tomará “en los próximos días”. El tema, del que se ha hablado en rondas diplomáticas hasta la saciedad en los últimos meses, no habría ocupado sin embargo demasiada atención a lo largo del encuentro.

Acabada la reunión, Obama ratificó que, por el momento, no había tomado ninguna decisión sobre la eliminación de la isla caribeña de la lista de países que apoyan al terrorismo.

Por su parte, el canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, aseguró al término del encuentro -que calificó de positivo- que el Gobierno cubano no ha puesto “ninguna condición” a Estados Unidos para el restablecimiento de las relaciones bilaterales y la apertura de embajadas, precisando que la próxima reunión de alto nivel “será pronto, tan pronto como sea posible”. “El presidente cubano expresó que es necesario eliminar las políticas de EEUU que afectan directamente al pueblo cubano”, matizó Rodríguez en rueda de prensa. 

Puesta en escena previa

Los dos presidentes ya habían escenificado horas antes, ante todos los jefes de estado americanos, el fin de la vieja enemistad. En la primera sesión plenaria de la VII Cumbre de las Américas, Obama dejó dicho que su país “no será prisionero del pasado” con Cuba, que es hora de “mirar hacia el futuro” y que este “momento histórico” marca un “punto de inflexión para toda la región”. Y aunque reconoció que existen “diferencias”, se mostró convencido de que el diálogo traerá sus frutos.

Obama, en la rueda de prensa posterior al encuentro con Castro. (Reuters)Obama, en la rueda de prensa posterior al encuentro con Castro. (Reuters)

Y ante el mismo auditorio, Castro también abrazó la retórica del deshielo aunque personificándola en la presidencia de Obama y sin contradecir la coartada ideológica sobre la que se ha justificado el régimen en las últimas décadas: el antiimperialismo. El proceso de normalización diplomática, insiste La Habana, no es tanto una reconciliación como una victoria ante un gigante agresor (EEUU) que ha abierto finalmente los ojos.

“Diez presidentes antes que Obama tienen una deuda con Cuba, todos menos Obama”, dijo Castro, subrayando que el actual presidente “no tiene responsabilidad de lo que pasó antes entre EEUU y Cuba” y que el embargo económico que pesa sobre la isla “está codificado en las leyes”, en referencia a que Obama necesita el apoyo del Congreso para deshacer la madeja de regulaciones que conforma lo que Cuba llama “el bloqueo”.

Incluso se permitió hacer una observación de barra de bar: “Según mi opinión, el presidente Obama es honesto. Admiro su origen humilde y pienso que su forma de ser obedece a ese origen humilde”, afirmó, antes de repetir que La Habana “ha expresado su gratitud por su valiente decisión de involucrarse con el Congreso en un debate” sobre el bloqueo.

En ese mismo tono, Raúl Castro aprovechó para apoyar a “la hermana República Boliviariana de Venezuela”, al “gobierno legítimo de Nicolás Maduro” y “al pueblo bolivariano y chavista que lucha por seguir su propio camino”. Acto seguido, pidió que Obama “levante las sanciones” y deroge “la órden ejecutiva” firmada el mes pasado.

Fuente: ElConfidencial.com