Caracas vs Madrid: la sangre no llega al río

Nicolás Maduro celebró el pasado 14 de abril dos años desde que llegó a la Presidencia de Venezuela por elecciones generales. Apenas había tomado asiento ...

Nicolás Maduro celebró el pasado 14 de abril dos años desde que llegó a la Presidencia de Venezuela por elecciones generales. Apenas había tomado asiento en Miraflores y ya tuvo el primer encontronazo con España. El Ministro de Asuntos Exteriores de España, José Manuel García-Margallo, pidió un recuento de votos en los comicios venezolanos.

El resultado fue muy ajustado. Maduro quedó por encima de su contendiente, Henrique Capriles Radonski, por 223.599 votos, una diferencia de 1,49%. “Respeten para que los respeten”, dijo el mandatorio venezolano ante lo que consideró un inuslto a la dignidad y soberanía de Venezuela.

En 2014 se calentó de nuevo el ambiente cuando el presidente de España, Mariano Rajoy, se reunió con Lilian Tintori, la esposa del líder político de oposición Leopoldo López, preso desde marzo de ese año. Maduro pidió la revisión de la relaciones con España y arengó: “Con mi patria no te metas, Rajoy. Venezuela se respeta, ¿oyó?”.

En ninguno de los dos casos, la sangre llegó al río. Lo mismo que parecía indicar en esta nueva tensión entre Caracas y Madrid. La semana pasada, tras el debate en el Congreso de los Diputados de una proposición no de ley para apoyar a los presos políticos en Venezuela, Maduro atacó verbalmente a Rajoy. Empezó ahí el toma y daca propio del mundo diplomático.

España llama al embajador de Venezuela en Madrid, le da un toque de atención. Venezuela hace lo propio con el embajador de España en Caracas. El siguiente paso es el actual. Tras atacar de nuevo a Rajoy y declarar persona non grata al expresidente Felipe González, Exteriores ha llamado a consultas al embajador español Antonio Pérez Hernández.

Seguidores de Antonio Ledezma se manifiestan al cumplirse dos meses de su detención (Efe).Seguidores de Antonio Ledezma se manifiestan al cumplirse dos meses de su detención (Efe).

A partir de ahí, la escalada puede llegar al extremo de expulsar a los diplomáticos o cerrar embajadas. Pero eso nunca ha ocurrido. También podría ocurrir que el Gobierno de Venezuela diera un golpe mediático contra España al estilo del que se ha hecho en las últimas semanas contra Estados Unidos y el decreto del presidente Barack Obama.  

En Venezuela hay más de 300.000 ciudadanos con pasaporte español, según cifras del Consulado de España. Eso sin tener en cuenta a los familiares de esos ciudadanos. Más aquellos que, sin tener documento nacional o alguien cercano con él, tienen lazos (comerciales, algún pariente que vive allí), con la madre patria.

El gobierno de Venezuela no es ajeno a esta realidad y mucho se ha cuidado de mantener separado al pueblo español de sus gobernantes en las últimas arengas. En el comunicado del 15 de abril emitido por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Venezuela, se ratifica el “profundo respeto y lazos de amistad con el pueblo español, quienes desde nuestra Patria siempre serán apreciados y asumidos como ciudadanos hermanos”.

Esa última parte, la de “ciudadanos hermanos”, es importante, señala a El Confidencial una fuente de la embajada de España. Nunca antes se había usado ese término y parece clave para entender que la sangre no llegará al río. O que, al menos, no habrá represalias con los ciudadanos españoles en el país del Caribe.

En Venezuela operan multitud de empresas españolas. BBVA Provincial es uno de los mayores bancos del país y Movistar es una de las principales compañías de telefonía móvil. Mapfre, Sanitas o Iberia son otras de las compañías que tienen oficina en Caracas y que, hasta el momento, funcionan con la normalidad que les permite el control de divisas.

Una terraza de Caracas (Reuters).Una terraza de Caracas (Reuters).

Samuel Donoso es fotógrafo, español de nacimiento, y vive en Caracas desde hace un par de años. Opina que el panorama actual en las relaciones España-Venezuela es “un juego diplomático más” que no pasará de las palabras a los hechos. “Demasiados intereses hay entre los dos países. Las relaciones comerciales son demasiado importantes como para verse afectadas, a ambos les interesa. Repsol firma anualmente contratos multimillonarios con PDVSA, sin contar que Venezuela es un gran comprador de equipamiento militar de España”, argumenta.

Para este jienense, las tensiones corresponden más a coyunturas internas que a una disputa real. En el caso de Venezuela, el chavismo y Nicolás Maduro tienen malos números de cara a las próximas elecciones parlamentarias, aún con fecha por definir. “Es una estrategia política vieja la de apuntar a enemigos lejanos para desviar la cuestión interna”. Sirve también esta vía para España, “es una burbuja de oxígeno para olvidar el paro y la corrupción, por ejemplo”.

Pero también se afinca en los últimos movimientos en torno a los presos políticos: “como español, las posturas unilaterales del Gobierno de apoyo a los presos opositores me parecen que no son ni justas ni aportan nada al diálogo”.

Samuel luce tranquilo, amparado en la creencia de que esto no irá más allá. En cambio, Isabel Veloso, se siente intranquila. Es directora creativa, vive en Caracas y, aunque nació en Venezuela, tiene pasaporte español. Sus padres son de Galicia y ella ha pasado largas temporadas en España desde muy pequeña.

“Desde hace mucho estoy viendo que cojo mi pasaporte y me voy a mi otra tierra. Cuando empiezas a sentirte acorralada, lo que haces es protegerte con la mente. Hay escenarios catastróficos, como que nadie pueda salir del país. Me da terror. Pero pienso en levantar mi bandera española e irme… Y lo he conversado con otros. No soy la única”.

Veloso ve “sumamente absurdo” que Venezuela ataque a España. “Es atacar a sus orígenes cuando, además, este país lo echaron para adelante los inmigrantes”. Y durante la entrevista con El Confidencial repite una y otra vez: “me siento muy nerviosa, vulnerable, con mucha expectativa y miedo”.

Fernando Pérez se movió a diversos países de Europa y a Estados Unidos hasta que, hace cuatro años, se afincó en Maracaibo, donde trabaja como profesor de Matemáticas.

“Cuando veo a Nicolás Maduro hablar, se nota que tiene poca formación y poco criterio. Se ve que toma decisiones sin pensar mucho”, señala. Este sevillano considera normales las declaraciones del presidente venezolano. “No me agrada mucho el poco respeto a los políticos españoles y a los españoles en general pero no le hecho cuentas”. Asegura que no se ha sentido discriminado por ser español, aunque hay temas de política que prefiere no tratar. “No me preocupa nada esta situación en particular. Para el que vive aquí es más preocupante, por ejemplo, el nivel de inseguridad”, sentencia.

Fuente: ElConfidencial.com