Cinco maneras absurdas (y evitables) de morir en Río de Janeiro

Que Brasil es un país violento es un hecho. Cada día 116 personas mueren en todo el país por heridas provocadas por arma de fuego, según se desprende del ...

Que Brasil es un país violento es un hecho. Cada día 116 personas mueren en todo el país por heridas provocadas por arma de fuego, según se desprende del informe ‘Mapa da violência 2015: mortes matadas por armas de fogo’. En Río de Janeiro, una de las ciudades con los mayores índices de violencia del país, el número de muertes ha bajado un 50,3% tras la implantación de la Policía Pacificadora en unas 200 favelas. Sin embargo, la cifra de crímenes violentos no para de subir. Solo el pasado mes de mayo se han registrado 5.462 robos a transeúntes y 2.454 robos de vehículos, según datos del Instituto de Seguridad Pública de Río de Janeiro (ISP). A eso hay que añadir los 1.832 homicidios en los primeros cinco meses de 2015, que si bien representan una reducción del 22% con respecto al mismo periodo del año anterior, no dejan de ser un dato apabullante. Considerando el centenar de víctimas de balas perdidas en lo que va de año; los 1.100 móviles robados cada mes en asaltos violentos, y una media de cinco apuñalamientos por día en intentos de robo, podemos concluir que Río de Janeiro es una ciudad objetivamente peligrosa.

En este escenario sombrío, en el que hordas de menores realizan robos masivos en las playas y en los autobuses, y los policías ejecutan a los sospechosos sin muchos miramientos, hay casos que superan todo tipo de lógica para un observador europeo. Estas son las formas más absurdas de perder la vida en la ‘Cidade Maravilhosa’, purgatorio de belleza y de caos. Es un dietario de los horrores que a diario sacuden la tranquilidad de la ciudad olímpica.

1. El GPS asesino

Regina Murmura junto a su marido, Francisco. (Foto: Facebook)

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Regina Murmura junto a su marido, Francisco. (Foto: Facebook)

Sucedió el pasado fin de semana (3 de octubre). Regina Murmura, una empresaria de 70 años, estaba volviendo a casa con su marido Francisco, de 69 años, tras una velada en la ciudad de Niteroi, en el litoral de Río de Janeiro. En el coche la pareja decide usar el GPS para encontrar el camino con más facilidad. El navegador, que por defecto sugiere la ruta más corta, les conduce hasta la favela Caramujo, donde son recibidos a tiros. Francisco acelera e intenta huir de los agresores, con tal mala pata que acaba entrando en un callejón sin salida. Los bandidos siguen disparando, aunque hayan percibido que se trata de una pareja de mayores que viaja en un coche de alta gama. Después del tiroteo, Francisco conduce hasta el hospital en una tentativa desesperada de salvar la vida de su esposa. Sin embargo, Regina no resiste las heridas y fallece.

El jefe del narcotráfico del Morro do Caramujo, Tineném, es considerado uno de los bandidos más violentos de Río. Tanto, que hay una recompensa de un millón de reales (233.500 euros) para quien ofrezca información sobre él. Y lo peor es que el del matrimonio Murmura no es un caso aislado: el pasado 9 de agosto, el coche de la actriz Fabiana Karla recibió varios disparos al entrar por error en esta misma favela, de nuevo por indicación del GPS. Esta vez, por fortuna, no hubo que lamentar víctimas.

Cabe destacar que el uso del GPS es una práctica de riesgo en todo Río de Janeiro. Hay varios antecedentes de este tipo. El pasado mes de mayo, el alpinista Ulisses da Costa murió tras ser baleado en la favela Vila Sapê, en el extrarradio de Río. Esta comunidad es tan peligrosa que la Policía solo entró al día siguiente, a plena luz del día, para realizar la pericia en el coche.

2. Arrastrado hasta la muerte

Suma y sigue. El 27 de septiembre, Bruno Rodrigues Pereira decidió visitar a su hermano en la favela Don Bosco, en Nova Iguaçu, una ciudad de la periferia de Río tristemente conocida por sus altos índices de criminalidad. Hasta aquí todo normal. Sin embargo, Bruno ocultaba un peligroso secreto: trabajaba en la Unidad de la Policía Pacificadora del Morro da Formiga, en el barrio de Tijuca. Bruno llegó a Nova Iguaçu directamente del trabajo. Su hermano le pidió que no entrase en la favela porque había muchos narcotraficante en la zona. Pero estaba lloviendo a cántaros y Bruno buscaba cobijo.

Lo que encontró fue una pesadilla que acabó con su vida de forma brutal. Los narcos rodearon su coche y descubrieron el uniforme policial en el asiento trasero. Cegados por el odio, le ataron y le dispararon en la espalda como si de una ejecución sumaria se tratara. No satisfechos aún, le torturaron, amarraron su cuerpo todavía con vida y lo arrastraron por las calles de la favela, hasta rematarlo. La Policía sospecha que fue arrastrado por caballos, aunque no se descarta que haya sido con un coche.

Bruno, de 30 años, es el policía número 53 que muere a manos de los narcos en 2015. Otros 113 agentes fueron heridos en tiroteos o emboscadas. Los bandidos tuvieron el detalle de entregar el arma, el uniforme y los documentos del agente torturado a su hermano, que le esperaba a pie de calle. El cuerpo de la víctima fue encontrado una horas después dentro de la favela, tras una noche de terror. En la avenida de acceso a esta favela los narcotraficantes campan a sus anchas: desfilan en moto y armados de fusiles, haciendo ostentación de su poder ante la población indefensa.

El año pasado, un caso parecido removió la conciencia colectiva del país. Esta vez los papeles estaban invertidos. Claudia Silva Ferreira fue arrastrada durante 350 metros por un coche de la Policía Militar en el suburbio de Río. Claudia, una ciudadana común que estaba en el lugar errado en el momento equivocado, había sido alcanzada por un disparo accidental en una favela, el Morro da Congonha. Los agentes intentaron maquillar la escena del crimen llevándose el cuerpo lejos, pero el maletero del coche se abrió durante el trayecto y el cuerpo sin vida de Claudia quedó colgado por la ropa. Un hombre grabó la escena con su móvil y envió el vídeo a un periódico. Por un momento, se llegó a sospechar que las heridas en el asfalto pudiesen haber sido la causa de su muerte. La autopsia reveló posteriormente que Claudia falleció por el impacto de las balas. No obstante, la imagen del cuerpo de Claudia arrastrado por un coche de la Policía se convirtió en el símbolo de las malas prácticas de un cuerpo de seguridad constantemente acusado de abusos. El número de asesinatos a manos de la Policía de Río de Janeiro ha crecido un 22,15% en el primer semestre de 2015, alcanzando la alarmante cifra de 172 víctimas.

Un policía dispara su escopeta durante las protestas en Brasil por la celebracion del Mundial. (AP)Un policía dispara su escopeta durante las protestas en Brasil por la celebracion del Mundial. (AP)

3. Jugando con el móvil

Esta noticia podría haber salido de Irak o de Afganistán, pero sucedió en la macro-favela del Alemão, de nuevo en la zona norte de Río. Los hechos ocurrieron el pasado mes de abril durante una operación de las tropas de élite de la Policía Militar. Un niño de 10 años fue ejecutado brutalmente mientras jugaba con el móvil delante de su casa. Un policía, que confundió el móvil con un arma, reventó a tiros el cráneo del pequeño y acabó con su sueño de ser bombero. Eduardo era hijo de Terezinha Maria de Jesus, una mujer de 40 años que había salido del paupérrimo Piauí, en el nordeste de Brasil, en busca de un futuro mejor. Limpiaba casas y vivía, como muchos emigrantes nordestinos, en una favela teóricamente pacificada, donde los precios de los alquileres son más asequibles. “Nunca olvidaré el rostro del agente que acabó con mi vida”, dijo Terezinha después de este incidente que le arrebató para siempre a su hijo.

Ese caso fue muy mediático y consiguió llamar la atención sobre un problema tan antiguo como enquistado: la brutalidad de un cuerpo policial militarizado y, según muchos activistas y analistas,carente de preparación. Río de Janeiro ostenta el macabro récord de tener el 60% de los menores asesinados a manos de la Policía en todo el país: 50 muertes en 12 años, cuatro solo en 2015.

4. ‘Saidinha’ del banco

Es un crimen muy común en la ‘Cidade Maravilhosa’. Una persona entra en un banco y retira una cantidad considerable de dinero en efectivo. Un trabajador de la entidad, compinchado con los bandidos, avisa a sus cómplices por el móvil, ofreciendo una descripción detallada de la víctima. Los bandidos le siguen y le asaltan a punta de pistola. El problema es que, en más de una ocasión, se les va la mano y acaban matando a su blanco sin pestañear.

El caso más terrorífico aconteció en julio de este año a las 12 del mediodía en la taquilla del metro, en la parada Uruguaiana, es decir, en una zona comercial muy central y concurrida. La grave culpa de Alexandre Oliveira, de 46 años, fue llevar a cuestas un bolso lleno de reales. Tres personas le siguieron hasta el metro. Llegados a la taquilla, uno de ellos sacó la pistola, le disparó fríamente y cogió el bolso. Acto seguido, los tres asaltantes salieron tranquilamente de la estación del metro ante la mirada horrorizada de centenares de pasajeros. Otra persona, que estaba comprando un billete del metro, resultó herida en la pierna.

Sobra decir que las muertes por este tipo de crimen son tristemente comunes. El año pasado la dueña de un conocido restaurante de Gávea, un barrio noble de la ciudad, fue asesinada a tiros por dos ladrones en moto que la siguieron tras salir del banco. Fue liquidada tras haber retirado 13.000 reales (3.800 euros). La muerte de Maria Cristina Bittencourt Mascarenhas, de 66 años, sacudió a muchos habitantes de este barrio, que apreciaban a la empresaria.

5. Por someterse a un aborto ilegal

La última muerte sucedió en julio. Tatiana Camilato, de 31 años, se desangró hasta fallecer en una clínica clandestina en Jacarezinho, un barrio de la periferia de Río. Salió de casa con 650 reales (150 euros) en el bolso y una compresa antihemorrágica. Su cuerpo presentaba heridas, síntoma de que luchó antes de fallecer.

Pero el caso más escandaloso es el de Jandira Magdalena dos Santos Cruz. Tenía 27 años y estaba embarazada de cuatro meses. Según su hermana Ângela, Jandira llegó a pagar 4.500 reales (1.050 euros) para realizar el aborto clandestino. Salió rumbo a la clínica y nunca más regresó a casa. Pocos días después, un cuerpo carbonizado fue encontrado en un coche en la zona oeste de Río. La prueba de ADN confirmó que el cuerpo pertenecía a Jandira.

La política antiabortista del Brasil es una de las más conservadoras de América Latina. Interrumpir un embarazo en Brasil solo está permitido en caso de violación, grave malformación del feto o riesgo para la salud de la madre. A pesar de esto, cada año en Brasil se realizan ilegalmente cerca de 850.000 interrupciones voluntarias de embarazo. Pero los datos del Ministerio de Sanidad indican que solo fueron practicados 1.523 casos de abortos legales en 2013. “El aborto es ampliamente practicado en Brasil, lo que significa que no somos un país antiabortista y sí un país hipócrita, en el que la tradición religiosa prevalece sobre lo que debería ser un Estado laico”, indica Maíra Kubík, doctora en Ciencias Sociales y profesora de Género y Diversidad en la Universidad de Salvador de Bahía.

Como no podía ser de otra forma, las víctimas mortales suelen ser mujeres de bajo poder adquisitivo. Las ricas abortan de forma segura (y cara) en los barrios residenciales, donde no corren riesgos de complicaciones o infecciones.

Fuente: ElConfidencial.com